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El Soft Power y la política exterior dominicana

Uno de los conceptos más innovadores de la teoría de las relaciones internacionales es el denominado soft power (poder blando). Este concepto, acuñado por el politólogo y profesor emérito de Harvard, Joseph S. Nye Jr, se refiere a la capacidad de un actor para persuadir y atraer a uno u otros actores hacia un objetivo particular utilizando medios ideológicos o culturales para estos fines.

El surgimiento de este término a inicios de los 90 puede resultar algo paradójico, ya que en un contexto mundial que proclamaba el fin de la guerra fría, el hard power (poder duro-militar y económico) parecía mantenerse como la regla determinante en la arena internacional de entonces.

Sin embargo, un rápido repaso del fin de la guerra fría deja bien establecido el rol que tuvieron diferentes herramientas del poder blando en hacer colapsar algunos de los regímenes comunistas más represivos. Uno de los casos más notables fue la repercusión que tuvo la visita de Juan Pablo II a su natal Polonia en 1979, la cual desencadenó el movimiento de Solidaridad que eventualmente llevó a la caída del comunismo en dicho país.

Con la entrada del nuevo milenio, la noción de poder blando fue adquiriendo cada vez más adherentes. Esto se debe a que la misma prueba ser una herramienta eficaz en entender la política e influencia exterior de países tan disímiles como Francia y Haití.

El caso de Francia resulta ilustrativo, ya que gracias al arraigo en instituciones culturales como la Francofonía y la Unesco, la fabricación de productos de lujo, el turismo, y las facilidades ofrecidas para estudiantes extranjeros, este país ha podido mantener un estatus de prestigio internacional a pesar de que su poderío económico y militar continúa en declive.

Dicha reputación internacional provee a Francia una posición de ventaja para exponer y defender las prioridades de su política exterior, evitando posturas defensivas aún a la hora de justificar acciones cuestionables como las intervenciones militares en Malí y la República Centroafricana en el transcurso del 2013.

El ejemplo de Haití se muestra aún más paradigmático. A pesar de ser la nación más pobre del hemisferio, desde mediados de los 80, la élite intelectual y cultural haitiana, en conjunto con diversos sectores de la diáspora y la burguesía, se propuso y logró la creación de redes en medios políticos y socio-culturales de envergadura que abarcan la totalidad del mundo francófono y parte sustancial del mundo anglófono.

Esta situación ha provisto Haití de innumerables oportunidades para promover su arte y literatura, para propagar y suscitar interés sobre la historia y sociedad haitiana, y defender o hacer cabildeo por alguna causa que comprometa a la diáspora haitiana o algún asunto de especial interés para este país.

Esto ayuda a explicar el interés que mantienen por Haití personalidades como el premio Nobel Jean-Marie Le Clézio, la gran cantidad de centros de estudios haitianos en Norteamérica y Europa, y la relativa facilidad que ciertos sectores del quehacer nacional de Haití tienen para propagar su visión en torno a un tema particular como el contexto y desenvolvimiento actual de la migración haitiana en República Dominicana.

Estos dos ejemplos sirven para dejar establecido que no se necesita ser una superpotencia, ni tampoco disponer de cuantiosos recursos económicos para conducir una estrategia efectiva de poder blando.

En ese sentido, enfatizamos que la República Dominicana cuenta con todas las herramientas necesarias para edificar una enérgica estrategia de poder blando cuyos frutos facilitarían al país obtener mayor estima y respeto en la arena internacional.

Ser la primera nación de béisbol del mundo, la sede del primer asentamiento europeo en América, el poseer un patrimonio artístico y ecológico envidiable, son algunos de los elementos a integrar dentro de una política exterior que mantenga el poder blando como uno de sus ejes centrales.

Un lugar idóneo para comenzar sería propiciar un acercamiento con la diáspora dominicana en EE.UU. que integre en beneficio del país, la creciente influencia y visibilidad de artistas, deportistas, y servidores públicos de origen dominicano.

En fin, reiteramos que el poder blando ofrece innumerables oportunidades para reencauzar la imagen dominicana en el exterior, lo que aprovecharía el material disponible para estos fines, otorgándole mayor firmeza y proactividad a la política exterior del país a la hora de encarar las controversias que puedan surgir en el futuro.