La RD de película
El paraíso dominicano que ve el cine no es el mismo que vivimos a diario

Cuando viajo a Europa en otoño o invierno, el frío y los cielos grises suelen enfriar también el ánimo de esta caribeña. Es entonces cuando reconfirmo por qué la República Dominicana recibe tantos turistas del Viejo Continente, de Estados Unidos y de Canadá. Pensar que se montan en un avión durante largas horas para venir a tumbarse en un chaise longue le infla el orgullo patriótico a cualquiera.
Ahora la industria cinematográfica ha descubierto lo mismo que los turistas saben desde hace años, aunque con un incentivo adicional: exenciones fiscales y locaciones dominicanas capaces de aportar a sus producciones tanto paisajes paradisíacos como ese aire urbano latino que bulle de vida.
Pensando en eso, le di una oportunidad a la muy promocionada película de Jennifer López estrenada recientemente en Netflix: Office Romance, o Turbulencia en la oficina. Dejando a un lado la muy baja calificación que le otorgo a su guion, sí destaco —y hasta agradezco— las hermosas imágenes de nuestras playas que aparecen cuando los protagonistas viajan a la República Dominicana.
Salimos muy bien en la película. Ahí no aparecen los apagones, la corrupción, la deuda pública ni los tapones. Excelente.
También tenemos por estos días al famoso youtuber mexicano Luisito Comunica filmando Un gurú en el paraíso. En sus constantes idas y venidas para grabar la producción, mantiene a sus seguidores al tanto de las interioridades del rodaje y de aquellas cotidianidades dominicanas que llaman su atención.
Han sido múltiples las producciones que han convertido al país en un enorme set de filmación. Se llevan lo mejor de nosotros y, cuando retratan aspectos menos amables de nuestra sociedad, la cinematografía suele encontrarles un valor artístico que transforma la realidad en narrativa.
Ojalá que algún día este país en desarrollo les regale a sus habitantes más de ese idilio que vemos en la pantalla. Que no sea una escena cuidadosamente editada para una película, sino una realidad cotidiana.

Mariela Mejía