En directo - "De Callejeros a Millonarios"

"Para luego pasar de callejeros a millonarios", frase despectiva salida espontáneamente de un niño de unos 8 años, hijo de diplomáticos acreditados en el país, al pasar frente a un grupo de niños de extracto humilde que practicaba béisbol en un play improvisado en San Pedro de Macorís, cuna de destacados de las grandes ligas.
El comentario lastima el ego de cualquier dominicano que se sienta orgulloso de serlo y de los criollos que triunfan en las grandes ligas o en cualquier disciplina dentro y fuera de las fronteras quisqueyanas y denota que ha sido escucha con frecuencia en el seno familiar.
Resulta doloroso saber el concepto que tienen algunos extranjeros sobre los dominicanos, sin reparar en el esfuerzo que hace la mayoría por llevar una vida digna y el sacrificio que han hecho esos peloteros, sobre todo, para lograr el anhelado éxito.
Lastima aún más, cuando palabras hirientes como esas, vienen de los mismos extranjeros que recibimos con los brazos abiertos, a los cuales abrimos nuestra casa, nuestro corazón y con la calidez que caracteriza al dominicano les hacemos sentirse como en casa.
Actitudes como éstas, deben avergonzar más a quien así piensa que a nosotros mismos y debe dar pie para que tanto las autoridades como los grupos sociales de República Dominicana se planteen una forma para elevar la autoestima de los dominicanos, que cada ciudadano de ésta media isla se sienta orgulloso de nuestra idiosincrasia, nuestra cultura, nuestra gente, de lo que somos como nación y atrás quede el complejo de Guacanagarix, que hace pensar a la mayoría de los dominicanos, que lo extranjero, sin importa de donde venga es mejor que lo nuestro; es necesario despertar en cada dominicano, el nacionalismo, el orgullo de compartir la nacionalidad con Juan Pablo Duarte, Juan Marichal, Oscar de la Renta, María Montés, Pedro Martínez, Pedro Henríquez Ureña, Juan Luis Guerra y otros destacados criollos.
Los dominicanos tenemos uno de los países más hermosos, alegre, divertido, de gente trabajadora, nada hay que envidiar de otros países, lo recomendable es conocer lo que somos, lo que tenemos, porque nadie ama lo que desconoce, necesitamos amar lo que somos, para que los demás nos valoren en su justa dimensión. Después de todo, el ser humano por humilde que sea, tiene derecho a superarse y luego de un gran esfuerzo bien merecido tiene pasar de limpiabotas, cortador de caña u otro oficio considerado por mucho como inferior a millonario, eso en vez de reducirlo como persona lo eleva ante sus iguales.
El comentario lastima el ego de cualquier dominicano que se sienta orgulloso de serlo y de los criollos que triunfan en las grandes ligas o en cualquier disciplina dentro y fuera de las fronteras quisqueyanas y denota que ha sido escucha con frecuencia en el seno familiar.
Resulta doloroso saber el concepto que tienen algunos extranjeros sobre los dominicanos, sin reparar en el esfuerzo que hace la mayoría por llevar una vida digna y el sacrificio que han hecho esos peloteros, sobre todo, para lograr el anhelado éxito.
Lastima aún más, cuando palabras hirientes como esas, vienen de los mismos extranjeros que recibimos con los brazos abiertos, a los cuales abrimos nuestra casa, nuestro corazón y con la calidez que caracteriza al dominicano les hacemos sentirse como en casa.
Actitudes como éstas, deben avergonzar más a quien así piensa que a nosotros mismos y debe dar pie para que tanto las autoridades como los grupos sociales de República Dominicana se planteen una forma para elevar la autoestima de los dominicanos, que cada ciudadano de ésta media isla se sienta orgulloso de nuestra idiosincrasia, nuestra cultura, nuestra gente, de lo que somos como nación y atrás quede el complejo de Guacanagarix, que hace pensar a la mayoría de los dominicanos, que lo extranjero, sin importa de donde venga es mejor que lo nuestro; es necesario despertar en cada dominicano, el nacionalismo, el orgullo de compartir la nacionalidad con Juan Pablo Duarte, Juan Marichal, Oscar de la Renta, María Montés, Pedro Martínez, Pedro Henríquez Ureña, Juan Luis Guerra y otros destacados criollos.
Los dominicanos tenemos uno de los países más hermosos, alegre, divertido, de gente trabajadora, nada hay que envidiar de otros países, lo recomendable es conocer lo que somos, lo que tenemos, porque nadie ama lo que desconoce, necesitamos amar lo que somos, para que los demás nos valoren en su justa dimensión. Después de todo, el ser humano por humilde que sea, tiene derecho a superarse y luego de un gran esfuerzo bien merecido tiene pasar de limpiabotas, cortador de caña u otro oficio considerado por mucho como inferior a millonario, eso en vez de reducirlo como persona lo eleva ante sus iguales.
Diario Libre
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