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En directo - EL "CUCO" Y "LO MíO" EN LA SOCIEDAD SIN ARGUMENTOS

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En directo - EL CUCO Y LO MíO EN LA SOCIEDAD SIN ARGUMENTOS

El "cuco" y "lo mío" han encadenado la palabra en la sociedad dominicana. De lo que estamos hablando  es de la intimidación y el favor como recursos que sustituyen la palabra y el razonamiento. Aquí reinan en los debates de los problemas, la violencia y el favor,  en lugar de   los argumentos.

Las palabras no se usan con valor conceptual, no son espacios de ideas. Aquí en esta sociedad sin argumentos las palabras se usan regularmente para  meter miedo ("cuco") e incitar a coger lo suyo ("lo mío") en lugar de defender los derechos, las verdades, las ideas en base a argumentos.

Los fantasmas del "cuco" y de "lo mío" recorren la sociedad dominicana. Los particulares solo tienen una palabra altisonante: mis derechos. De ahí que el cliché "soy un  padre de familia que me busco mi comía" sea un anti argumento tan temeroso en nuestra sociedad.

 Los empresarios, a su vez,  tienen una palabra poderosa con la que narigonean al gobierno y a la sociedad: yo soy quien crea la economía, la riqueza, y hay que permitirme todo. Los  trabajadores y los movimientos populares tienen también una palabra de un calibre igualmente amenazante: las masas. El poder de las masas, que se ejerce en paros, huelgas, etc.

En esa lógica, hoy es difícil abordar algunos temas. Haití acarrea los anatemas más tremebundos. Ante cualquier idea de colaboración con el vecino país,  surge la pesadilla de la fusión con Haití, palabra  de alta peligrosidad; o  por el contrario, quien se oponga a la masiva presencia de haitianos en el país, es un racista o un xenófobo que merece ser llevado al tribunal de La Haya.

El turismo es otro tema sacrosanto acerca del cual es difícil argumentar. Hay que guardar silencio  ante cualquier calamidad pública, epidemia, crisis social, catástrofe natural. De inmediato se  impone el chantaje elevado a la categoría de crimen de lesa patria: divulgar esos males  le hace daño al turismo. 

 La exposición argumentada es un escaso privilegio en nuestro medio. Mora en las cartujas de academias, salones y capillas como un ejercicio de elocuencia vacía. Pero cuando se trata de los espacios conflictivos, en la política, los negocios y las relaciones corrientes de las personas, los argumentos son sustituidos por expresiones de chantaje, cuando no de groserías, y de ofertas de compraventa.

Las descalificaciones son frecuentes ante la falta de argumentos. En el pasado la izquierda abusó de ese recurso. Quien no compartía sus puntos de vista era un "burgués", un "pequeño burgués", un "reaccionario", o un "vendido al imperialismo yanquis y a oligarquía criolla".

Hoy, las descalificaciones han aumentado en la vida política ¿Que no se dicen los políticos actuales en términos de denuestos y ofensas personales? ¡Cuánta carencia de propuestas y  de argumentos se observa en cada campaña electoral!

El "cuco" y "lo mío" han impuesto su lógica. El gobierno  usa ante los opositores un recurso manido: la conspiración, la desestabilización. Los opositores no son tales  sino proclaman la confrontación. Pero los acuerdos de aposento evitan que la sangre llegue al río, porque entra en juego el reparto, la búsqueda de "lo mío".

¡Cuidado!, que eso te puede perjudicar. La bolsa o la vida. Comprar o matar.  Con esos anti argumentos se maneja nuestra sociedad. En las sociedades libres, por el contrario,  imperan el dialogo y las deliberaciones  en base a argumentos para superar los desacuerdos y construir consensos.

matosmoquete@hotmail.com