En directo - El político profesional, un asco codiciado
Antes de ser un político profesional, la persona tenía un oficio del que apenas podía vivir. Después, era el sin oficio mejor remunerado.
Al sacarse la lotería de ser político oficial, se convirtió en el dueño de los oficios públicos y hasta privados, los cuales repartía a su antojo, llegando incluso a privar de oficio a la gente que lo único que había hecho en su vida era vivir de un oficio profesional.
Antes de graduarse de político profesional aquella persona era un ser común. Saludaba a los amigos. Iba al supermercado y frecuentaba el colmado, la barbería y las calles por donde transita todo el mundo.
Nunca se perdía la fiesta del barrio o el carnaval. Se aparecía sin anunciarse a la casa de los amigos. No faltaba a los cumpleaños, las bodas y los entierros de la gente que apreciaba.
Ahora es un ser inaccesible, inalcanzable. Para encontrarlo hay que armarse de un radar. Es un extraterrestre. Se hace rogar. Para verlo hay que valerse de torres encumbradas, pues no busca a nadie, a nadie que no sea de su clan político. Ha cambiado de barrio, de amistades y hasta de familia. Ahora la cosa es con violín, cuando antes era con guitarra.
Era una persona cabal, natural, frugal. Así la educaron sus padres. Personas de trabajo, humildes, sencillas.
En el noble hogar lo vieron crecer como un niño bueno del pueblo. Obediente, educado, estudioso. La gente lo alababa: será una persona seria, de bien. Un abogado, un ingeniero, un médico, un maestro. Nada de esos sueños sencillos. Hoy es la gran frustración de quienes lo vieron nacer y crecer. Un asco.
Sin embargo, el político de oficio se siente realizado. Es famoso, poderoso, popular. Es un ser aclamado y adulado. Un grupito primero, luego un grupete y posteriormente la masa, el pueblo, lo endiosaron.
Es todo bondad, todo dignidad y bienestar para la mayoría. Irradia los mejores dones, los ideales de altos vuelos, las promesas acariciadas. Es el ejemplo. El mejor logro de realización humana que todo padre quisiera para sus hijos.
Es una persona feliz, orgullosa y cara a la sociedad y la nación.
Todo el mundo aspira a ser como esa persona. Los médicos, los ingenieros, los economistas, los abogados no se diga, pues el político es por lo regular abogado, de la UASD, el INTEC, la PUCMM, UTESA, UNIBE y de cien otras academias.
Todo el mundo, incluyendo al chinero, sólo busca una cosa en este bendito país: ser el asco de político con tanto poder y recursos que un día echó por la borda su honrado y común oficio por la mas codiciada de las profesiones. matosmoquete@hotmail.com
Al sacarse la lotería de ser político oficial, se convirtió en el dueño de los oficios públicos y hasta privados, los cuales repartía a su antojo, llegando incluso a privar de oficio a la gente que lo único que había hecho en su vida era vivir de un oficio profesional.
Antes de graduarse de político profesional aquella persona era un ser común. Saludaba a los amigos. Iba al supermercado y frecuentaba el colmado, la barbería y las calles por donde transita todo el mundo.
Nunca se perdía la fiesta del barrio o el carnaval. Se aparecía sin anunciarse a la casa de los amigos. No faltaba a los cumpleaños, las bodas y los entierros de la gente que apreciaba.
Ahora es un ser inaccesible, inalcanzable. Para encontrarlo hay que armarse de un radar. Es un extraterrestre. Se hace rogar. Para verlo hay que valerse de torres encumbradas, pues no busca a nadie, a nadie que no sea de su clan político. Ha cambiado de barrio, de amistades y hasta de familia. Ahora la cosa es con violín, cuando antes era con guitarra.
Era una persona cabal, natural, frugal. Así la educaron sus padres. Personas de trabajo, humildes, sencillas.
En el noble hogar lo vieron crecer como un niño bueno del pueblo. Obediente, educado, estudioso. La gente lo alababa: será una persona seria, de bien. Un abogado, un ingeniero, un médico, un maestro. Nada de esos sueños sencillos. Hoy es la gran frustración de quienes lo vieron nacer y crecer. Un asco.
Sin embargo, el político de oficio se siente realizado. Es famoso, poderoso, popular. Es un ser aclamado y adulado. Un grupito primero, luego un grupete y posteriormente la masa, el pueblo, lo endiosaron.
Es todo bondad, todo dignidad y bienestar para la mayoría. Irradia los mejores dones, los ideales de altos vuelos, las promesas acariciadas. Es el ejemplo. El mejor logro de realización humana que todo padre quisiera para sus hijos.
Es una persona feliz, orgullosa y cara a la sociedad y la nación.
Todo el mundo aspira a ser como esa persona. Los médicos, los ingenieros, los economistas, los abogados no se diga, pues el político es por lo regular abogado, de la UASD, el INTEC, la PUCMM, UTESA, UNIBE y de cien otras academias.
Todo el mundo, incluyendo al chinero, sólo busca una cosa en este bendito país: ser el asco de político con tanto poder y recursos que un día echó por la borda su honrado y común oficio por la mas codiciada de las profesiones. matosmoquete@hotmail.com
Manuel Matos Moquete
Manuel Matos Moquete