En directo - EL QUE A HIERRO MATA…
Ocho años después que Cristóbal Colón llegó a La Española, un hombre de cuyos progenitores e infancia se sabe poco, se enroló en una expedición organizada por Rodrigo de Bastida. En el año 1500, deslumbrados ambos por el apetito de riqueza que había despertado en España el "descubrimiento" de las tierras americanas, ese desconocido se metió en la bodega del barco capitaneado por de Bastida con el fin de llegar a estas tierras comuneras.
Quien abordó la embarcación capitaneada por Rodrigo de Bastida como uno más, lo hizo con el ímpetu del aventurero: Fue el mismísimo Vasco Núñez de Balboa, quien años después de ese hecho, se convirtió en el descubridor del Mar del Sur, del océano Pacífico.
Como la exactitud de la aguja del reloj, la expedición zarpó cuando concluía el siglo XlV, sin que a este desconocido siquiera le pasara por la mente lo que le aguardaba el futuro. Vasco Núñez de Balboa, embarcado como un don nadie en aquella nueva aventura de los conquistadores españoles, una década después se convirtió en el azote de los indígenas del Caribe y Centroamérica, con lo que ganó ascenso social y económico, pero también enemistades que le iban a llevar al patíbulo.
Una vez llegado a La Española, se estableció en Santo Domingo por solo dos años. En esos 24 meses, Núñez de Balboa se graduó de gánster, para hacer honor al mote de Conquistador. Del lado Este de la isla, el novicio de aventurero, impulsado por las ambiciones desmedidas que despertaron los viajes del Almirante, recorrió las costas Caribe y Centroamericana, misión en la que obtuvo ciertas ganancias.
En La Española, donde se estableció como agricultor en tierras compradas por él, fracasó como tal. De aquí salió después de haber engañado a todo el que pudo. Para huir del asedio de los acreedores, en 1509, Núñez de Balboa dejó la isla, no porque tuviera planes concretos de qué hacer ni hacia dónde ir, sino -insisto- con el fin de burlar la persecución que contra él montaron quienes le depositaron confianza para el crédito.
Así, en esas circunstancias, iba a salir de La Española aquel hombre que pocos años después le llamaron "El Conquistador", que se convertiría en gobernador de Veraguas, alcalde de Santa María y que ganó el título de descubridor del Mar del Sur (Pacífico).
Aquel hombre que salió de La Española, solo acompañado de su perro Leoncito, en calidad de polizón, escondido dentro de un barril, se le despertó la ambición por el oro, avaricia que llevó a muchos de esos expedicionarios a arriesgar sus vidas en los océanos, a los fines de llevar riquezas a la corona y quedarse con parte del botín.
Esa embarcación, comandada por Martín Fernández de Enciso, salió de Santo Domingo en 1509 con la misión de socorrer a otro de los conquistadores aventureros que saqueó nuestras tierras: Alonso de Ojeda. Este gobernador español al que se le atribuye haberle dado el nombre a Venezuela y descubrir la Cuenca del Orinoco, había resultado herido en una pierna en batalla contra los indígenas belicosos ubicados en San Sebastián de Urabá en Nueva Andalucía (actual Antioquía, Colombia).
Pues bien, en esa travesía Santo Domingo -Antioquía, un día de ocio fue descubierto Núñez de Balboa dentro de un barril, sorpresa que se llevó Fernández de Enciso antes de llegar a donde se encontraba Alonso de Ojeda, este último gobernador de La Española y, por consiguiente, superior de Enciso.
La amenaza de Alonso de Ojeda de abandonar a Vasco Núñez de Balboa en la primera isla desierta que encontrase a su paso, no se produjo. Se convenció de que éste le era útil por los conocimientos de navegación en los mares que años antes había explorado. Otro elemento a favor de Núñez de Balboa para que no fuera dejado a su suerte en un islote cualquier, fue la aclamación que la tripulación hizo a Ojeda para que no cometiera semejante barbaridad.
Hay que suponer lo que significaba para cualquier ser humano de aquellos tiempos, el ser depositado en una isla, sin comunicación y con la sola esperanza de que en meses, pudiera cruzar por accidente una embarcación, llena de aventureros hambrientos, y asesinos muchos de ellos.
En la vida de Núñez de Balboa se cruzó otro personaje. Un conquistador que iba a ser tan, o quizá más, famoso que el propio descubridor del Pacífico: Francisco Pizarro. (En "Momentos Estelares de la Humanidad", Stefan Sweig aborda las posibles razones ocultas que llevaron a Pizarro a linchar a Núñez de Balboa).
Como Ojeda quedó herido en una pierna y sus obligaciones de gobernador de La Española lo llamaban, dejó San Sebastián de Urabá a cargo de Pizarro, no sin antes instruirle para que se mantuviera en posesión del territorio por cincuenta días con pocos hombres, pero con la advertencia de que si las cosas se le agriaban por la hostilidad de los indios de la zona, se regresara a La Española.
Entre Enciso, Núñez de Balboa y Pizarro afloraron contradicciones respeto a qué hacer. Lo cierto es que San Sebastián de Urabá estaba destruido y Pizarro inició los preparativos para el regreso a La Española, como se le instruyó. El estado de esa posesión y la hostilidad de los indios provocaron que Núñez de Balboa propusiera trasladar San Sebastián a la región del Darién, una zona selvática frontera entre Colombia y Panamá, lugar donde todavía no hay comunicación terrestre porque es donde se interrumpe la carretera Panamericana.
Según las argumentaciones de Núñez de Balboa, estas eran tierras más fértiles y pobladas por indígenas menos agresivos. En honor a la verdad, para tomar esos territorios, el conquistador de los mares del Sur hizo todo a su alcance para quitar de en medio a los caciques y jefes indígenas. A quienes no pudo convencer, los doblegó. Saquearon las casas de los indígenas donde encontraron oro. Ahí fundó Santa María la Antigua del Darién. Con ese "triunfo", Núñez de Balboa ganó prestigio, destituyó a Fernández de Enciso y luego se erigió gobernador de Veraguas (una provincia de Panamá).
Sometió a varias tribus e hizo amistad con pocas, tomando el oro y territorio de los indios, al tiempo que ganaba fama. Núñez de Balboa fue uno de los tantos conquistadores que ignoró el llamado Requerimiento, a pesar de que en una carta del 20 de enero de 1513, dirigida al Rey, trata de lavarse las manos sobre el mal trato a los indios. El Sermón de Montesinos, pronunciado dos años atrás, fue para él pura habladurías.
Para esos años, el ruido generado por los abusos contra los indígenas casi abortó en España la expedición de Pedro Arias de Avila, mejor conocido como Pedrarias Dávila, personaje con quien Núñez de Balboa iba a tener rivalidad, años después.
Las conquistas de islas y territorios continuaron al mando de Núñez de Baboa, pero pronto iba a ser apresado por Francisco Pizarro, que lo acusó de traicionar la corona, encarnada por Pedrarias. Pizarro lo llevó al patíbulo bajo la siguiente condena:
"Esta es la justicia que el Rey su teniente Pedro Arias de Avila manda hacer contra este hombre por traidor y usurpador de los territorios de la corona". Por eso digo, que a Núñez de Baboa le cabe el refrán de que "el que a hierro mata…"
Rafael Núñez
Rafael Núñez