En directo - Escribir no es un producto, es un proceso
Durante mucho tiempo en los sistemas de instrucción formal y sistemática se enseñó a escribir de forma mecánica, tal y como si se tratara de una técnica: la de fijar en un papel los signos gráficos que representan de manera convencional los sonidos orales.
Esta concepción de la escritura tenía su razón de ser mientras escribir constituía un oficio, el de escriba, como efectivamente existió en la época medieval. Este individuo era un obrero, sólo se encargaba de la tarea material implicada en la escritura: debía preparar el soporte (papiro, arcilla, barro, mármol).
También acondicionaba la pluma, dándole la forma adecuada para perfilar los caracteres de las letras. Luego venía la tarea de tallar, imprimir, sellar, los caracteres o letras de acuerdo al soporte.
No obstante, este obrero nada tenía que ver con la tarea intelectual y cognitiva de producción de ideas, de conformación del tipo de texto, de búsqueda de medios lingüísticos y conocimientos del mundo en general y del tema en particular que permiten dar vida a cualquier tipo de texto escrito. Este trabajo era la responsabilidad del autor.
Con la evolución propia de la sociedad se fundieron estas tareas en una sola persona, cuando los soportes se fueron sofisticando y ya no se necesitaba un esfuerzo físico tan demandante como el que ejecutaba el obrero.
Tal fusión no hubiera representado un problema de desfase para la educación si los procedimientos de enseñanza de la escritura en las escuelas y colegios también hubieran incluido la tarea cognitiva del autor y no solo la física, material del escriba obrero.
La carga cognitiva implicada en la producción de un texto por parte del autor constituye un proceso complejo que atraviesa varios momentos o etapas: 1- pre-escritura (en este momento necesitamos pensar: con qué propósito se escribirá, para quién o quiénes, qué tipo de texto es más factible, qué sabe su interlocutor y qué no sabe del asunto que se tratará, cuál es la relación de distancia o cercanía con dicho interlocutor, etc.). 2-Escritura o redacción (Conformar el primer borrador, adecuar el registro que usará, redacción de otros borradores si se precisan, estructuración de las oraciones y los párrafos, etc.) 3- Revisión (se vuelve sobre el escrito para mejorar aspectos conceptuales y formales). 4- Edición final (última corrección y publicación).
Conviene aclarar que estas etapas no son lineales, sino recursivas, es decir, que se vuelve a ellas cuantas veces haga falta.
Como se puede colegir de los párrafos anteriores, la escritura constituye un proceso de comunicación que implica un esfuerzo cognitivo, tal vez superior al demandado por el proceso de lectura porque conlleva acciones no solo materiales, como el modelado de caracteres gráficos, sino de altos niveles cognitivos como son la construcción de sentidos y el mejor uso de los recursos lingüísticos para lograr los propósitos perseguidos.
Estas acciones de alto nivel también pueden ser objeto de enseñanza en las escuelas y colegios. ¿Cómo hacerlo? De ello nos ocuparemos en una próxima ocasión.
Esta concepción de la escritura tenía su razón de ser mientras escribir constituía un oficio, el de escriba, como efectivamente existió en la época medieval. Este individuo era un obrero, sólo se encargaba de la tarea material implicada en la escritura: debía preparar el soporte (papiro, arcilla, barro, mármol).
También acondicionaba la pluma, dándole la forma adecuada para perfilar los caracteres de las letras. Luego venía la tarea de tallar, imprimir, sellar, los caracteres o letras de acuerdo al soporte.
No obstante, este obrero nada tenía que ver con la tarea intelectual y cognitiva de producción de ideas, de conformación del tipo de texto, de búsqueda de medios lingüísticos y conocimientos del mundo en general y del tema en particular que permiten dar vida a cualquier tipo de texto escrito. Este trabajo era la responsabilidad del autor.
Con la evolución propia de la sociedad se fundieron estas tareas en una sola persona, cuando los soportes se fueron sofisticando y ya no se necesitaba un esfuerzo físico tan demandante como el que ejecutaba el obrero.
Tal fusión no hubiera representado un problema de desfase para la educación si los procedimientos de enseñanza de la escritura en las escuelas y colegios también hubieran incluido la tarea cognitiva del autor y no solo la física, material del escriba obrero.
La carga cognitiva implicada en la producción de un texto por parte del autor constituye un proceso complejo que atraviesa varios momentos o etapas: 1- pre-escritura (en este momento necesitamos pensar: con qué propósito se escribirá, para quién o quiénes, qué tipo de texto es más factible, qué sabe su interlocutor y qué no sabe del asunto que se tratará, cuál es la relación de distancia o cercanía con dicho interlocutor, etc.). 2-Escritura o redacción (Conformar el primer borrador, adecuar el registro que usará, redacción de otros borradores si se precisan, estructuración de las oraciones y los párrafos, etc.) 3- Revisión (se vuelve sobre el escrito para mejorar aspectos conceptuales y formales). 4- Edición final (última corrección y publicación).
Conviene aclarar que estas etapas no son lineales, sino recursivas, es decir, que se vuelve a ellas cuantas veces haga falta.
Como se puede colegir de los párrafos anteriores, la escritura constituye un proceso de comunicación que implica un esfuerzo cognitivo, tal vez superior al demandado por el proceso de lectura porque conlleva acciones no solo materiales, como el modelado de caracteres gráficos, sino de altos niveles cognitivos como son la construcción de sentidos y el mejor uso de los recursos lingüísticos para lograr los propósitos perseguidos.
Estas acciones de alto nivel también pueden ser objeto de enseñanza en las escuelas y colegios. ¿Cómo hacerlo? De ello nos ocuparemos en una próxima ocasión.
Diario Libre
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