×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
Redes Sociales
opinion

En directo - HOSTOS Y LA EDUCACIÓN HOY

Es tan propicia la invocación de Eugenio María de Hostos, que yo pensé que con motivo de su aniversario hace unos días, el país entero debió haber dedicado un minuto de reflexión en su memoria. La educación dominicana está tan postrada, que sólo la lejana y tenue luz del maestro nos ilumina.

Hostos llegó al país en el mes de mayo del año 1875, al amparo del espíritu liberal de Gregorio Luperón, e inició esa primera etapa puertoplateña que se suele olvidar, caracterizada por su lucha rabiosa a favor de la libertad de expresión. Es célebre su enfrentamiento con el gobierno del general Ignacio María González, quien había prohibido la circulación del periódico "Las dos Antillas", presionado por las autoridades consulares de España. Esa batalla constituye el primer escalón del inmenso prestigio de Hostos en nuestro país, y marca el inicio de su carrera magisterial.

La segunda etapa del hostosianismo arranca en marzo de 1879, con el inicio de la tarea de fundar las Escuelas Normales. El normalismo era una necesidad sentida del pensamiento pedagógico, pero con el ingrediente del positivismo filosófico se convertía en un material explosivo. ¿Qué era lo otro del hostosianismo, en las condiciones del desarrollo económico y social de la República Dominicana de 1880? Es común pensar que únicamente el nuevo método de enseñanza se oponía al predominio de la educación escolástica y a la religión, proclamando el laicismo; pero Hostos siempre aclaró que, en lo que respecta a su visión del problema, las escuelas normales fundadas por él concebían su misión más allá de los objetivos meramente pedagógicos, "porque era más necesario formar hombres que maestros".

En la pedagogía de Hostos hay un concepto de la libertad, que saltaba sobre el cerco del laicismo. Hemos discutido hasta la saciedad el carácter laico de su propuesta. Pero "formar hombres antes que maestros" indica que de lo que se trataba era que la educación debía formar hombres y mujeres libres, porque el carácter eminentemente moral y racional del normalismo no podía sino concebir la libertad como atributo natural del ser. Y la mejor demostración de ello es el hecho de que el pensamiento hostosiano se enfrentó a dos dictaduras. Ulises Heureaux gobernó durante la última etapa del hostosianismo , y terminó proclamando estar "harto del señor Hostos". Trujillo publicó una encuesta en el 1956 indagando sobre "La influencia de Hostos en la cultura dominicana", y se le computa como la gran derrota cultural del régimen. A ambas dictaduras sobrevivieron sus propuestas de regeneración social. El hostosianismo era incompatible con la ausencia de libertad.

Cuando Hostos murió, en 1903, Pedro Henríquez Ureña estaba en la ciudad de New York, y escribió una sentencia sobrecogedora: "Murió de ganas de no vivir"- sentenció-. Y era cierto. El maestro había vivido la atmósfera de degradación moral del país, y la conversión de su discipulado en sostén teórico del autoritarismo. Era demasiada soledad y demasiados combates, y la decepción se aposentaba en su corazón. Pero el proyecto ético no fracasa cuando no puede vencer al mal. Kant advertía que "el proyecto moral humano no consiste en llegar a ser felices, sino en hacernos dignos de la felicidad". Y el señor Hostos nos enseñó que la ambición y la pereza de espíritu son el verdadero fracaso de la ética. ¡Nunca como ahora ha valido la pena volver al señor Hostos! Ahora que tanta gente pierde la dignidad y el decoro.