En directo - IRAK Y HAITÍ EN EL MAPA DE ESTADOS UNIDOS
Después del triunfo de los aliados en la Segunda Guerra Mundial, los estrategas políticos de Estados Unidos, encabezados por el entonces secretario de Estado George Marshall, sacaron debajo de la manga una Plan de Reconstrucción de Europa que, entre otras cosas, buscaba rehabilitar las economías y las ciudades devastadas por la confrontación bélica.
Ese proyecto se conoció posteriormente como el Plan Marshall que comenzó a aplicarse el 12 de julio de 1947, pero cuyo objetivo subyacente en el largo plazo se centraría en el campo energético, es decir desarrollar un plan de largo alcan-ce que permitiera a Estados Unidos pasar a controlar los territorios en Europa y Medio Oriente donde se concentra casi el 80 por ciento de la producción de petróleo mundial. Fue en el año 1951, con el auge de la Guerra de Corea, que este plan disminuyó sus aportes a Europa.
De aquella Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no sólo resultaría ileso debido a que en su territorio no se disparó un solo petardo, sino que resurgió con la propuesta de un Plan Marshall, en el que los norteamericanos relegaban a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) pues los términos de este proyecto eran inaceptables para Joseph Stalín. Poco después, la URSS propuso el Plan Molotov, conocido luego con las siglas de COMECON.
En pleno siglo XXl, Estados Unidos, además de utilizar los métodos de la guerra convencional para ir en busca de intereses estratégicos, utiliza mecanismos modernos para afianzar su presencia y facilitar vías de enriquecimiento de sus empresas, que llegan luego de la devastación a construir lo que el Ejército destruyó a su paso, como ocurrió en Irak y Afganistán.
La Guerra de Irak, que ante los ojos del mundo tuvo una falsa justificación, ha costado a los ciudadanos norteamericanos 990 mil millones de dólares, una suma inimaginable cuando al principio de la invasión, año 2003, se calculaba el costo pre y post guerra en 600 mil millones de dólares.
Para la reconstrucción de ese país, se creó un Fondo de Desarrollo de Irak (FDI), con recursos aprobados por el Congreso de los Estados Unidos, haciendo apropiaciones suplementarias, manejados por el Pentágono, por lo menos hasta 2007. El Nation Building, o Fondo de Reconstrucción, no ha tenido el mejor de los manejos en términos administrativos, tomando en cuenta una auditoría del Departamento de Defensa, publicada por varios medios, en la que se establece que "el 95 por ciento de los gastos no se ha podido justificar", denuncia aparecida en el diario El Universal el año pasado.
Para argumentar la presencia militar estadounidense en el territorio iraquí, el gobierno de Georges Bush alegó la presencia de armas de destrucción masiva en posesión del gobierno de Saddan Huseim, lo que fue negado posteriormente por la comisión técnica designada por la Organización de las Naciones Unidas. El diario norteamericano The New York Times tuvo acceso al informe "Lecciones Duras, Experiencias de la Reconstrucción", en el que jefes civiles operativos en el terreno de la guerra reconocían el fracaso de la operación, entre otras cosas, por la improvisación, las disputas burocráticas (no señala qué tipo de diferencias) y el desconocimiento de la sociedad iraquí por parte de los americanos, quienes, se dice en el informe, trataron de reconstruir sin la participación de los iraquíes.
Entre los "errores" de cálculos estimados en los informes secretos se señala el haber planteado que unos 60 mil soldados controlarían el territorio. A la fecha de ese informe, Estados Unidos había desplegado 140 mil soldados en Irak y 30 mil en Afganistán para mantener una cierta seguridad en todo el Golfo Pérsico.
En el tablero geopolítico, Estados Unidos cumple con la tratativa oculta del Plan Marshall de controlar, directamente o indirectamente, los territorios del Medio Oriente con alta capacidad para generar energía procedente del petróleo. En el 2008, sin embargo, el Plan de Reconstrucción de Irak se tambaleaba, con el agravante de que la producción de petróleo de los pozos iraquíes se había desplomado de 3 millones diarios, antes de la guerra, a 1 mil 700 millones de barriles al día, que produce en estos momentos.
Los estrategas norteamericanos, empero, saben que el suelo iraquí compensa parte de la deuda del gobierno nacional, estimada en 13.4 billones de dólares y los déficits fiscales cuyo estado anda por las nubles, lo que no garantizan territorios de otras partes del mundo con los cuales la humanidad tiene compromisos históricos.
Haití es un ejemplo patético, desde que el pasado 12 de enero un devastador terremoto dejó 250 mil personas muertas; 1 millón 300 mil sin hogares; el 80 por ciento de la infraestructura institucional en el suelo, incluyendo el Palacio de Gobierno, escuelas destruidas, hospitales y edificios de instituciones privadas colapsados.
Este fenómeno vino a complicar la ya emergencia del pueblo haitiano. Haití tiene en su contra que no posee yacimientos petroleros, minas de diamantes, de oro, de plata o depósitos de gas natural. De manera, que los haitianos y los vecinos cercanos tenemos que apelar a la paciencia de Job, para ver si en algún momento se cumple siquiera con una parte de los compromisos contraídos en la Cumbre por Haití: Solidaridad más allá de la Crisis, realizada en Punta Cana, República Dominicana.
Ese proyecto se conoció posteriormente como el Plan Marshall que comenzó a aplicarse el 12 de julio de 1947, pero cuyo objetivo subyacente en el largo plazo se centraría en el campo energético, es decir desarrollar un plan de largo alcan-ce que permitiera a Estados Unidos pasar a controlar los territorios en Europa y Medio Oriente donde se concentra casi el 80 por ciento de la producción de petróleo mundial. Fue en el año 1951, con el auge de la Guerra de Corea, que este plan disminuyó sus aportes a Europa.
De aquella Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos no sólo resultaría ileso debido a que en su territorio no se disparó un solo petardo, sino que resurgió con la propuesta de un Plan Marshall, en el que los norteamericanos relegaban a la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS) pues los términos de este proyecto eran inaceptables para Joseph Stalín. Poco después, la URSS propuso el Plan Molotov, conocido luego con las siglas de COMECON.
En pleno siglo XXl, Estados Unidos, además de utilizar los métodos de la guerra convencional para ir en busca de intereses estratégicos, utiliza mecanismos modernos para afianzar su presencia y facilitar vías de enriquecimiento de sus empresas, que llegan luego de la devastación a construir lo que el Ejército destruyó a su paso, como ocurrió en Irak y Afganistán.
La Guerra de Irak, que ante los ojos del mundo tuvo una falsa justificación, ha costado a los ciudadanos norteamericanos 990 mil millones de dólares, una suma inimaginable cuando al principio de la invasión, año 2003, se calculaba el costo pre y post guerra en 600 mil millones de dólares.
Para la reconstrucción de ese país, se creó un Fondo de Desarrollo de Irak (FDI), con recursos aprobados por el Congreso de los Estados Unidos, haciendo apropiaciones suplementarias, manejados por el Pentágono, por lo menos hasta 2007. El Nation Building, o Fondo de Reconstrucción, no ha tenido el mejor de los manejos en términos administrativos, tomando en cuenta una auditoría del Departamento de Defensa, publicada por varios medios, en la que se establece que "el 95 por ciento de los gastos no se ha podido justificar", denuncia aparecida en el diario El Universal el año pasado.
Para argumentar la presencia militar estadounidense en el territorio iraquí, el gobierno de Georges Bush alegó la presencia de armas de destrucción masiva en posesión del gobierno de Saddan Huseim, lo que fue negado posteriormente por la comisión técnica designada por la Organización de las Naciones Unidas. El diario norteamericano The New York Times tuvo acceso al informe "Lecciones Duras, Experiencias de la Reconstrucción", en el que jefes civiles operativos en el terreno de la guerra reconocían el fracaso de la operación, entre otras cosas, por la improvisación, las disputas burocráticas (no señala qué tipo de diferencias) y el desconocimiento de la sociedad iraquí por parte de los americanos, quienes, se dice en el informe, trataron de reconstruir sin la participación de los iraquíes.
Entre los "errores" de cálculos estimados en los informes secretos se señala el haber planteado que unos 60 mil soldados controlarían el territorio. A la fecha de ese informe, Estados Unidos había desplegado 140 mil soldados en Irak y 30 mil en Afganistán para mantener una cierta seguridad en todo el Golfo Pérsico.
En el tablero geopolítico, Estados Unidos cumple con la tratativa oculta del Plan Marshall de controlar, directamente o indirectamente, los territorios del Medio Oriente con alta capacidad para generar energía procedente del petróleo. En el 2008, sin embargo, el Plan de Reconstrucción de Irak se tambaleaba, con el agravante de que la producción de petróleo de los pozos iraquíes se había desplomado de 3 millones diarios, antes de la guerra, a 1 mil 700 millones de barriles al día, que produce en estos momentos.
Los estrategas norteamericanos, empero, saben que el suelo iraquí compensa parte de la deuda del gobierno nacional, estimada en 13.4 billones de dólares y los déficits fiscales cuyo estado anda por las nubles, lo que no garantizan territorios de otras partes del mundo con los cuales la humanidad tiene compromisos históricos.
Haití es un ejemplo patético, desde que el pasado 12 de enero un devastador terremoto dejó 250 mil personas muertas; 1 millón 300 mil sin hogares; el 80 por ciento de la infraestructura institucional en el suelo, incluyendo el Palacio de Gobierno, escuelas destruidas, hospitales y edificios de instituciones privadas colapsados.
Este fenómeno vino a complicar la ya emergencia del pueblo haitiano. Haití tiene en su contra que no posee yacimientos petroleros, minas de diamantes, de oro, de plata o depósitos de gas natural. De manera, que los haitianos y los vecinos cercanos tenemos que apelar a la paciencia de Job, para ver si en algún momento se cumple siquiera con una parte de los compromisos contraídos en la Cumbre por Haití: Solidaridad más allá de la Crisis, realizada en Punta Cana, República Dominicana.
Rafael Núñez
Rafael Núñez