En directo - José Antonio Álvarez y los asturianos-dominicanos
Manuel Hernández Ruigómez. Cónsul General de España
Hoy en día muchos piensan, en especial en mi país, que esa raza de españoles indómitos que un buen día decidió volver a poner a España en el mapa ha desaparecido. Se equivocan. Aquella estirpe de mujeres y hombres, que hace trece siglos se levantó desde sus montañas originarias para recuperar su tierra, volver a rezar a su Dios en libertad y ofrecer a sus hijos un futuro promisorio, todavía existe. Yo la he conocido en la República Dominicana: son los españoles de Asturias. Aquella bravura de entonces se ha transformado hoy en fuerza emprendedora, sin que falten entre ellos mujeres enérgicas pero de una dulzura infinita.
Cualquiera que haya vivido en este país sabe de la potencia que los asturianos han logrado constituir en la bella isla que lleva con orgullo el nombre de La Española; lo han hecho a base de construir riqueza. El mérito lo comparten con muchos dominicanos que han trabajado codo con codo con estos montañeses aguerridos que no se dejan vencer con facilidad.
Es curioso, porque Asturias es una región pequeña, de apenas 10.500 kilómetros cuadrados y que, hoy, tiene poco más de un millón de habitantes. Hay que imaginársela en el siglo VIII, cuando sólo eran unas decenas de miles. Aquel puñado de valientes, apoyados por esas mujeres inteligentes y entregadas a una causa por amor, como no hay en ninguna otra parte del mundo, consideró que valía la pena combatir por su patria española y se levantó contra la ocupación islámica de España. Su impulso fue tan colosal que, a fin de cuentas, España recuperó su ser originario tras casi ocho siglos de incansable lucha. ¿Se imaginan ustedes de qué tipo de gente estamos hablando?
Pues bien, algunos de los descendientes de aquellos valientes, junto con sus familias, han recalado en tierras dominicanas. Otros se han unido a dominicanas y han formado nuevas familias que, lejos de olvidar su origen asturiano, lo cultivan y se lo inculcan orgullosos a sus hijos y estos a los suyos. Porque el asturianismo, españolísimo por cierto, es heredable y yo lo compruebo todos y cada uno de los días en mi despacho del Consulado.
Uno de estos hijos de la Asturias eterna es José Antonio Álvarez, un regalo más que España ha hecho a la República Dominicana. Desde que llegó a este país ha trabajado más que nadie levantando una empresa próspera y pujante que da trabajo a muchos dominicanos. Para ello, no ha escatimado esfuerzos atareándose desde la primera luz del día hasta bien avanzada la noche, lo que ha transmitido, junto con Esther, a sus hijos.
Pero José Antonio no se ha conformado. Al tiempo, se ha dedicado a España desde la distancia dominicana. ¿Cómo? Trabajando con, por y para la colonia española de muy diversas maneras: a través de la Casa de España, en la Sociedad Benéfica, participando, aunque sea indirectamente, en el CRE, colaborando de cerca con la Embajada y el Consulado. A este último respecto, con ocasión del pasado terremoto de Haití, y sabedor de que todos los edificios de la Embajada de España en ese país resultaron seriamente afectados, se puso a nuestras órdenes para prestar cualquier ayuda que fuera necesaria. Y realmente fue muy útil en aquellos momentos en que había que improvisar a cada minuto desde Santo Domingo para ayudar a los españoles allí residentes.
A los que nos siguen acusando de habernos llevado el oro de América, yo les digo: la deuda está más que saldada. España ha entregado a José Antonio Álvarez, Pepín Corripio, Rafael Pérez Gayol, Fernando Viyella, José Manuel González Corripio, Juan Ramos, José Vitienes, Román Ramos, Constantino Fernández, Martín Piniella, los García Crespo, Rafael Rodríguez, Rafael Monestina, Lourdes Arenas, Luis Fernández Galán, Carlos Fernández Alfaro, Tito Suárez, Segundo Rodríguez, Elena Viyella, Juan Luis Santos, Servando Sánchez, Miguel Dosal, Vicente Fabián,Tano Acebal, José Miguel Prieto, y los hay también de adopción, como Maité Fernández, que presume de asturianía ahí donde se le da opción. España debe su ser a Asturias. La República Dominicana, casi.
Cualquiera que haya vivido en este país sabe de la potencia que los asturianos han logrado constituir en la bella isla que lleva con orgullo el nombre de La Española; lo han hecho a base de construir riqueza. El mérito lo comparten con muchos dominicanos que han trabajado codo con codo con estos montañeses aguerridos que no se dejan vencer con facilidad.
Diario Libre
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