En directo - La Quinta de Bolívar

Al este de la ciudad de Bogotá, justo detrás del cerro de Monserrate, hay una porción de terreno formado por llanos y quebradas, calculada en 100 varas castellanas, que para el año 1670 no constituía ningún significado en términos de valor monetario e histórico.
El Cerro de Monserrate, que se eleva a más de 3 mil metros de altura, y desde el que se tiene una visual espectacular de la ciudad de Bogotá, para la época de la colonia adquirió una atracción religiosa por la ermita que ordenó construir el representante del reinado de España, Pedro Solís de Valenzuela, en homenaje a la virgen Morena de Monserrate, imagen que hizo traer desde Barcelona, España.
En el año 1800, el capellán de la capilla de Monserrate, José Torres Patiño, vendió en 120 pesos aquellos singulares terrenos que, de mano en mano, iban a convertirse en depositarios de la casa que tuvo bajo su posesión por algunos diez años, el libertador de cinco países de América del Sur: Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (Simón Bolívar).
En una primera visita a la Quinta de Bolívar no se puede apreciar todo el contenido histórico de los objetos del libertador que reposan allí: jardines, el Gran Salón, la alcoba de Simón Bolívar y el Salón de Manuela Sáenz de Thorme, su compañera en esa residencia, la que conoció en Quito, y quien le salvó la vida en una de sus campañas, y una gran cantidad de documentos de valor histórico.
Cuando se ingresa a la Quinta de Bolívar, ubicada en la calle 20 2-91 Este, se explica a los visitantes cómo aquel nuevo dueño, José Antonio Portocarrero, hizo construirse La Quinta, a los fines de agasajar al virrey Antonio Amar y Borbón en el cumpleaños de su esposa, la virreina Francisca Villanova. Portocarrero compró los terrenos, como habíamos explicado, al capellán de la capilla de Monserrate.
Cuando La Nueva Granada adquiere su independencia contra los españoles, el nuevo gobierno compra La Quinta y la regala a Simón Bolívar, "como una pequeña demostración de gratitud y reconocimiento en que se haya constituido este Departamento de Cundinamarca con tan inmensos beneficios de que lo ha colmado Su Excelencia, restituyéndole su libertad".
El 16 de junio de 1820 se realiza la transacción comercial y el inmueble se adquiere por 2 mil 500 pesos a nombre del vicepresidente Francisco de Paula Santander y del Estado Colombiano, a los fines de restaurarla y que Simón Bolívar la usara como residencia, lo que hizo desde 1821 hasta 1830; pero durante sus campañas por la independencia de Venezuela y la del Sur, la Quinta la ocupó un pariente del libertador.
Después que el pariente de Simón Bolívar, Anacleto Clemente, dejara la Quinta en estado ruinoso, el general Francisco de Paula Santander, ordenó su restauración o remozamiento para que el libertador pudiera utilizarla a su regreso de las campañas de independencia. Su compañera sentimental, oficiales del Ejército Libertador y las propias autoridades coincidieron en grandes celebraciones en la residencia de Simón Bolívar por sus triunfos en la batalla de Carabobo, en la campaña del Sur, así como en la instauración de la Gran Colombia.
Una de esas fiestas se realizó el 24 de julio de 1828, donde los contertulios celebraron el natalicio de Simón Bolívar, quien no estuvo presente en su cumpleaños por su participación en la dirección de la campaña de independencia del Sur. En las colinas circundantes a la Quinta, donde hoy los peregrinos suben hasta el cerro de Monserrate por el funicular, por el tren o por las laberínticas escaleras construidas para tales fines, en aquel 24 de julio, en el 45 cumpleaños de Bolívar, se levantaron casas de campaña para alojar a los miembros del Batallón de Granaderos, quienes estaban ahí para festejar por la salud de su general en jefe.
Dos años después de esa fiesta de cumpleaños, esto es en 1830, Simón Bolívar regaló la residencia a su gran amigo José Ignacio París, quien se destacó no solo por su lealtad al prócer, sino por sus sacrificios y dedicación a la causa libertadora. En realidad, Bolívar hizo la donación de la casa a la hija de su amigo, Manuela París, quien por ser menor de edad no pudo recibirla y quedó a nombre de su padre a través de una escritura que se hizo en el Palacio de San Carlos.
La Quinta de Bolívar está sometida a un proceso de remozamiento desde el año pasado, cuando se celebró el bicentenario de la independencia de Colombia y la conmemoración de los 180 años de la muerte del libertador.
Quienes visitan a la Quinta de Bolívar no solo puede apreciar la alcoba del libertador, con una pequeña cama, un escritorio y otros objetos personales, sino que al frente de la casa hay un busto que llama la atención. Una estatua a la gratitud, una imagen en bronce de Alexander Petión, aquel liberto que se sublevó contra los franceses en Haití, y quien recibió a la familia de Bolívar en la Patria de Toussaint Louverture, además de ordenar protección del Estado haitiano a los desterrados de Venezuela y la Nueva Granada.
Con sus preciosos jardines, árboles centenarios y senderos adoquinados, la Quinta de Bolívar es un lugar para conectarse con el ideal bolivariano.
El Cerro de Monserrate, que se eleva a más de 3 mil metros de altura, y desde el que se tiene una visual espectacular de la ciudad de Bogotá, para la época de la colonia adquirió una atracción religiosa por la ermita que ordenó construir el representante del reinado de España, Pedro Solís de Valenzuela, en homenaje a la virgen Morena de Monserrate, imagen que hizo traer desde Barcelona, España.
En el año 1800, el capellán de la capilla de Monserrate, José Torres Patiño, vendió en 120 pesos aquellos singulares terrenos que, de mano en mano, iban a convertirse en depositarios de la casa que tuvo bajo su posesión por algunos diez años, el libertador de cinco países de América del Sur: Simón Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (Simón Bolívar).
En una primera visita a la Quinta de Bolívar no se puede apreciar todo el contenido histórico de los objetos del libertador que reposan allí: jardines, el Gran Salón, la alcoba de Simón Bolívar y el Salón de Manuela Sáenz de Thorme, su compañera en esa residencia, la que conoció en Quito, y quien le salvó la vida en una de sus campañas, y una gran cantidad de documentos de valor histórico.
Cuando se ingresa a la Quinta de Bolívar, ubicada en la calle 20 2-91 Este, se explica a los visitantes cómo aquel nuevo dueño, José Antonio Portocarrero, hizo construirse La Quinta, a los fines de agasajar al virrey Antonio Amar y Borbón en el cumpleaños de su esposa, la virreina Francisca Villanova. Portocarrero compró los terrenos, como habíamos explicado, al capellán de la capilla de Monserrate.
Cuando La Nueva Granada adquiere su independencia contra los españoles, el nuevo gobierno compra La Quinta y la regala a Simón Bolívar, "como una pequeña demostración de gratitud y reconocimiento en que se haya constituido este Departamento de Cundinamarca con tan inmensos beneficios de que lo ha colmado Su Excelencia, restituyéndole su libertad".
El 16 de junio de 1820 se realiza la transacción comercial y el inmueble se adquiere por 2 mil 500 pesos a nombre del vicepresidente Francisco de Paula Santander y del Estado Colombiano, a los fines de restaurarla y que Simón Bolívar la usara como residencia, lo que hizo desde 1821 hasta 1830; pero durante sus campañas por la independencia de Venezuela y la del Sur, la Quinta la ocupó un pariente del libertador.
Después que el pariente de Simón Bolívar, Anacleto Clemente, dejara la Quinta en estado ruinoso, el general Francisco de Paula Santander, ordenó su restauración o remozamiento para que el libertador pudiera utilizarla a su regreso de las campañas de independencia. Su compañera sentimental, oficiales del Ejército Libertador y las propias autoridades coincidieron en grandes celebraciones en la residencia de Simón Bolívar por sus triunfos en la batalla de Carabobo, en la campaña del Sur, así como en la instauración de la Gran Colombia.
Una de esas fiestas se realizó el 24 de julio de 1828, donde los contertulios celebraron el natalicio de Simón Bolívar, quien no estuvo presente en su cumpleaños por su participación en la dirección de la campaña de independencia del Sur. En las colinas circundantes a la Quinta, donde hoy los peregrinos suben hasta el cerro de Monserrate por el funicular, por el tren o por las laberínticas escaleras construidas para tales fines, en aquel 24 de julio, en el 45 cumpleaños de Bolívar, se levantaron casas de campaña para alojar a los miembros del Batallón de Granaderos, quienes estaban ahí para festejar por la salud de su general en jefe.
Dos años después de esa fiesta de cumpleaños, esto es en 1830, Simón Bolívar regaló la residencia a su gran amigo José Ignacio París, quien se destacó no solo por su lealtad al prócer, sino por sus sacrificios y dedicación a la causa libertadora. En realidad, Bolívar hizo la donación de la casa a la hija de su amigo, Manuela París, quien por ser menor de edad no pudo recibirla y quedó a nombre de su padre a través de una escritura que se hizo en el Palacio de San Carlos.
La Quinta de Bolívar está sometida a un proceso de remozamiento desde el año pasado, cuando se celebró el bicentenario de la independencia de Colombia y la conmemoración de los 180 años de la muerte del libertador.
Quienes visitan a la Quinta de Bolívar no solo puede apreciar la alcoba del libertador, con una pequeña cama, un escritorio y otros objetos personales, sino que al frente de la casa hay un busto que llama la atención. Una estatua a la gratitud, una imagen en bronce de Alexander Petión, aquel liberto que se sublevó contra los franceses en Haití, y quien recibió a la familia de Bolívar en la Patria de Toussaint Louverture, además de ordenar protección del Estado haitiano a los desterrados de Venezuela y la Nueva Granada.
Con sus preciosos jardines, árboles centenarios y senderos adoquinados, la Quinta de Bolívar es un lugar para conectarse con el ideal bolivariano.
Rafael Núñez
Rafael Núñez