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En directo - Luperón, Lincoln, Obama y Leonel

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En directo - Luperón, Lincoln, Obama y Leonel
Cuando el pueblo norteamericano escogía como su Presidente al ciudadano Abraham Lincoln, en el año 1861, en medio de la gran polémica sobre la abolición de la esclavitud y la concepción de éste de la Unión como un medio para defender la libertad, en la República Dominicana germinaba la idea Restauradora.

La primera independencia dominicana, la de 1844, había sido propiciada por padres fundadores, contra viento y marea, a pesar de los pesimistas y aquellos que no creyeron en los ideales de un proyecto patriótico que, como Pedro Santana, se enrolaron luego en las filas del enemigo.

Aquellos generales y soldados mal vestidos, en muchas ocasiones sin camisa, recorriendo las bastas montañas sin las condiciones mínimas para enfrentarse a un Ejército español más equipado, entrenado y con la fama ganada en épicas batallas; sin embargo esos no fueron motivos para que nuestros soldados se impusieran ante los españoles.

Mientras el hombre que después se convirtió en estandarte en la lucha por la abolición de la esclavitud en Estados Unidos, un supremo ideal que tuvo que moderar por mantener vivo y viable el proyecto de la Unión y debido los ataques de sus contrarios, en esta media isla, en tanto, el país no sólo se debatía en una miseria espantosa, sino que el ideal patriótico de Gregorio Luperón, Pepillo Salcedo y Gaspar Polanco superó todas las adversidades.

Las carencias materiales del Ejército dominicano no se convirtieron en obstáculos para que, con un apoyo unánime del pueblo dominicano, aquellos hombres sellaran la segunda y definitiva independencia dominicana.

Cuando los republicanos liderados por Lincoln suavizaron su discurso antiesclavista para preservar la Unión, los secesionistas del Sur fueron vencidos cuando Lincoln, precisamente un 27 de febrero de 1860, demolió los argumentos de sus contrarios cuando en su discurso de Cooper Unión, en Nueva York, al fusionar su ideal contra la esclavitud con el del patriotismo y el propósito nacional de la Unión.

Las grandes victorias en las guerras como en la política se sustentan en ideales supremos. La Guerra de la Restauración fue una gran epopeya que sólo fue movida por nobles y poderosos sentimientos patrióticos, superando la mezquindad, el pesimismo y la medianía, actitudes que en cada etapa histórica tiene a genuinos representantes en República Dominicana.

Cada cierto tiempo ocurren episodios parecidos en la historia de los pueblos. Hoy, el primer presidente negro de los Estados Unidos, heredero de la peor crisis financiera contemporánea, trata de superarla en una batalla por las reformas sociales. Una crisis generada por la incompetencia y la complicidad de los gobernantes que ayer permitieron prácticas financieras inmorales.

A pesar de enfrentar una debacle financiera cuya factura es republicana, contra el presidente Barack Obama han lanzado una extraordinaria campaña de publicidad, tratando de denostar sus reformas, cuyo origen se ubica en una amplia red de intereses corporativos.

En la República Dominicana, los reflejos de aquella crisis nos golpean, pero no son tan contundentes como para derribar la voluntad del presidente Leonel Fernández y de su partido para impulsar las reformas que el país ha demandado por años, y que se plantea en medio de un contexto de crisis global.

Como en 1963, que generó la reforma constitucional de Juan Bosch, el compromiso de hoy es con el fortalecimiento de la institucionalidad y el Estado de derecho, una tarea en la que todos debemos participar.