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En directo - Una reflexión a propósito del día del maestro

Conmemoramos el pasado  30 de junio el Día del Maestro, un momento en donde este servidor de la sociedad se encuentra inmerso en una pobreza denigrante, envilecedora. No afirmamos que la situación es peor que antes (no se trata del mismo cliché), pero si la relacionamos con las demandas, cada vez más exigentes del rol docente, tenemos que estar más que insatisfechos.

¿A cuántos docentes de los que se desempeñan en los centros educativos públicos o privados les alcanza el salario para comprarse un buen libro cada mes, para ir al cine, para participar de una edificante actividad cultural, para pagar la renta de un servicio de Internet en su hogar?

La sociedad actual, súper influenciada por la información y la producción ágil de conocimientos, precisa de un docente capaz de ejercer con eficiencia el rol de mediador cultural. Sin embargo, como describimos en los párrafos anteriores, la pobreza en la cual está sumergido el magisterio de nuestro país, limita grandemente sus posibilidades de acceso a los medios de formación propios de la "sociedad del conocimiento".

Consideramos que esta triste realidad tiene relación directa con los resultados obtenidos por nuestros estudiantes en la investigación realizada por la UNESCO a través del Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad Educativa en 2008. Como todos sabemos, son estos mismos resultados los que han movido el debate en varios medios de comunicación nacional en estos últimos días, pues son los que ha presentado el PNUD en el área de educación (el informe del PNUD se ha realizado a instancias del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo).

Como bien se describe en los informes referidos, los resultados obtenidos por nuestros estudiantes (SERCE, II) nos colocaron como país en el último lugar con respecto a los 16 países latinoamericanos que participaron de la investigación y, más preocupante aún, con desempeños inferiores a los peores de los demás países.

Centrémonos por un instante nada más que en una reflexión a propósito de esta realidad educativa. En las aulas de todos los niveles educativos se encuentran hoy día los ciudadanos del Siglo XXI, para quienes la postura ante el conocimiento y las maneras de construirlo son totalmente distintas que las de la mayoría de sus docentes.

Esta es una generación que llegó al mundo con la tecnología instalada ya en sus espacios vitales. En oposición, el maestro ha tenido que adaptarse a su uso y admitir poco a poco la intromisión de la misma en sus vidas.

Pero, vayamos un poco más allá del asunto relativo a la actitud (rechazo o aceptación) y pensemos otra vez, como dijimos al principio, en cuán difícil les resulta a muchos docentes colocarse a la vanguardia en el uso eficiente de la tecnología como mediadora o como andamiaje didáctico para apoyar a sus alumnos en la construcción de conocimientos.

Para la actual generación, tan sensible al aprendizaje a través de las computadoras, a través de la navegación por Internet, etc., integrar la tecnología como medio pedagógico haría la diferencia. Aprovechar pedagógicamente las ventajas de las aplicaciones tecnológicas podría devenir en la motivación y significatividad de las que carecen las aulas tradicionales, con un marcado desfase entre lo que se enseña y lo que ocurre en la vida real, fuera de las aulas. Razón esta última que provoca la deserción de no pocos alumnos y el escaso nivel de aprendizaje de muchos otros.

No obstante, el papel del docente como agente o mediador cultural, capaz de hacer converger los medios tecnológicos característicos de la sociedad presente para elevar la calidad del proceso enseñanza-aprendizaje y revertir, por tanto, los resultados del SERCE II, se ve seriamente limitado por sus escasos ingresos. Es decir que esta realidad tiene incidencia directa en sus pocas posibilidades de desarrollo profesional.

Por último, nos hace falta, como país, echar una mirada y luego emular el ejemplo de los sistemas educativos con mejores desempeños del mundo. ¿Qué hicieron para lograr sus objetivos? Adelanto que no se trata solo del nivel de inversión económica, se trata, además, de conseguir a las personas más aptas para ejercer la docencia y de desarrollarlas hasta convertirlas en eficientes, entre otras condiciones.

La pobreza en la cual está sumergido el magisterio de nuestro país, limita grandemente sus posibilidades de acceso a los medios de formación propios de la "sociedad del conocimiento".