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Obras son amores (3 de 3)

Horacio Vásquez y su obra de gobierno

Del libro Horacio y Mon: avatares y gloria: “La voz, que nunca descansaba, creyó apreciar un olvido en las ejecutorias que acababa de mencionar Horacio. Creyendo que lo había sorprendido en un lapsus, exclamó: 

—¡Ah, veo que tu memoria empieza a fallar! ¿Acaso olvidaste el acuerdo de límites suscrito con los vecinos de Haití, considerado como tu obra cumbre? Y Horacio respondió: 

—De ninguna manera. No lo he olvidado. Estaba dejándolo para el final, pues es una de mis obras de mayor significación para la patria. La frontera con Haití quedó delimitada en 1929. Se colocaron más de 300 hitos o mojones que fijan la línea divisoria a lo largo de 380 kilómetros. El número 1 está puesto en Montecristi y el 311 en la desembocadura del río Pedernales. Concomitante a ese gran logro, y para complementarlo, se puso en marcha la colonización y repoblación de la frontera, para lo cual se crearon varias colonias agrícolas pobladas por dominicanos e inmigrantes extranjeros, y se les entregó tierras en propiedad, con títulos a su nombre, para que fueran explotadas. 

»Ese era uno de mis sueños, «sembrar» agricultores auténticos, dominicanos o extranjeros, a lo largo de la frontera y en cualquier otro lugar. Una de las derivaciones de esta política fue el cese de la agonía de la ocupación progresiva de esas tierras por parte de los haitianos y el florecimiento de estos vergeles en islas de prosperidad, a los que faltó continuidad en la política del Estado. No era cuestión de mantenerlos como episodios aislados, sino de seguir promoviéndolos, como haría años después Israel con la proliferación de kibutz que ayudaron al arraigo de la población y al desarrollo de la agropecuaria, en el caso de ellos mediante la gestión colectiva; en el nuestro, individual o familiar, pero con apoyo público. 

—La verdad, Horacio, es que no sabía que habías hecho tanto, y como yo, pocos lo saben. Parece que ha habido una conspiración para ocultarlo —dijo Lilís y Horacio contestó: 

—De que la ha habido, la ha habido. Ha sido una estrategia bien elaborada para aniquilarme moralmente después de muerto. A pesar de los pesares, me jacto en decir con legítimo orgullo que el proceso de centralización del Estado y de separación de los poderes bajo el estado de derecho en que transcurrió mi Gobierno era una realidad incuestionable. Eso sí, siempre al cobijo de la bandera del respeto a las libertades. 

»Todo eso fue abortado por el golpe de Estado encabezado por Chapita, sí, por Trujillo. Aprovechó, por un lado, mi enfermedad, pues no habría tenido las agallas ni siquiera de intentarlo si yo hubiera estado en pleno dominio de mis facultades, y, por otro, el deterioro económico provocado por factores externos, la Gran Depresión de 1929, para desdicha del país. 

Trujillo, abochornado por lo que escuchaba, intervino: 

—Horacio, nadie más que yo es consciente de las grandes obras que llevaste a cabo. En tu relato olvidaste que yo mismo traté de atar con sangre, para que no se incumpliera, el tratado de límites que acordaste con Haití. Seguí tu política. Sabes bien que te admiraba y respetaba. Me involucré en el golpe de Estado solo porque estabas viejo y cansado. Temía que, si salías del poder y morías, el vicepresidente Alfonseca te sustituiría y me desconsideraría. Me adelanté a los acontecimientos. Y, después, goberné con mano de hierro. 

Y Horacio lo interrumpió: 

—Chapita, pues es el nombre que mereces, no trates de confundir. Para vergüenza tuya y ultraje a nuestro pueblo, lo que hiciste fue regalar a Haití alrededor de un millón de tareas de tierra en el área conocida como La Miel, para comprar la complicidad de los gobernantes haitianos. Y después, rebosante de ira porque los haitianos continuaron atravesando la línea fronteriza y cometiendo tropelías, organizaste el «corte». Allí, en esa vendetta irracional, murieron muchos haitianos a causa de la violencia desatada por ti en forma indigna y alevosa. 

»Y ¿sabes qué? Las circunstancias de la Gran Depresión que dañaron la economía mundial y la nuestra crearon el cultivo para que prosperara el golpe de Estado. De lo contrario no te hubiera sido posible consumarlo. Fuerzas demoníacas se aliaron contigo. Luego vinieron 31 años de sufrimiento para nuestro pueblo. Si de algo me siento orgulloso es que sangre de mi sangre concibió y ejecutó tu ajusticiamiento, acompañados de gente de coraje y principios de diferentes linderos de la geografía nacional y del exterior. No como venganza, pues ese sentimiento no corre por nuestras venas, sino para restablecer las libertades de nuestro pueblo. Ese es su orgullo. Esa es nuestra gloria”. 

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Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.