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Tercera vuelta en Francia

Las legislativas pondrán a prueba el sistema francés

Militar exitoso y avisado político, Charles de Gaulle, exigió a las tropas aliadas, en agosto de 1944 que él, en tanto líder de la resistencia francesa contra el ocupante alemán, debía entrar a París a la cabeza de Liberación de Francia, ese memorable 25 de agosto de 1944. Se lo concedieron.

Ese día nació, además del jefe militar, el líder político de mayor importancia que tuvo Francia en la segundad mitad del siglo XX cuya idea de Francia, como solía decir, se vio plasmada en la Constitución de la Vª República que fuera promulgada en noviembre de 1958. Una Constitución que, según el propio general de Gaulle, buscaba terminar con “la dictadura de partidos” madre de la inestabilidad que dominó la vida política en Francia después de la Guerra mundial y que le obligó a retirarse a la Boisserie, su elegante mansión de la Haute-Marne a unos 250 km. al noreste de París en 1946. Se alejó de la vida política hasta que fue llamado por la Asamblea nacional para dirigir de nuevo los destinos del país.

Regresó con la condición de que se hiciera un referéndum para una nueva Constitución. Así nació la Vª República que era como el exitoso general de Gaulle concebía su país. En ese importante 1958 un consejo de grandes electores lo escogió presidente de la República. Eran los años de la guerra de Argelia, pero logró que sus ideas fueran aceptadas y, en 1962, que el presidente de la República fuera elegido por voto directo y, luego de escapar a un atentado en 1961, poner fin a la guerra de Argelia.

La Constitución de 1958 tenía la característica fundamental de ser un sistema mitad parlamentario, mitad republicano. En el que el presidente de la República tendría un período de siete años y amplios poderes. La imaginación popular le vería como un “rey” limitado por el poder de una asamblea nacional cuya elección se fijaba dos meses después de las presidenciales. La formación política triunfadora en las legislativas escogía uno de sus pares y lo proponía a la consideración del presidente que podía rechazarlo, pero si se le proponía de nuevo el mismo, debía aceptarlo.

De 1965 a 1985, tanto el presidente de la República como el primer ministro obedecían a la misma formación política. En las legislativas de 1985, la Constitución de 1958 pasó la prueba cuando el gaullista Unión por la República (RPR), liderado por Jacques Chirac, ganó las legislativas de ese año y Chirac escogido y aceptado como primer ministro por Mitterrand, entonces presidente de la República. Esa primera “cohabitación”, como se le llama al período en que presidente y primer ministro son de formaciones políticas diferentes iba a durar dos años hasta que Mitterrand fue reelegido al derrotar a su entonces primer ministro en 1988.

Fue tan exitosa esa primera “cohabitación” que los electores franceses decidieron repetirla en 1995; pero esta vez Chirac decidió proponer como primer ministro a Edouard Balladur, “su amigo de 20 años”; pero en política la “amistad” no es una virtud y Balladur se presentó como candidato a la presidencia contra “su amigo” Jacques Chirac. Mitterrand no se presentó y Jacques Chirac fue elegido en 1995 al derrotar a Lionel Jospin.

En su lógica, Chirac no disolvió la Asamblea nacional como era de rigor después de las presidenciales y decidió gobernar con la que había propuesto a Balladur como primer ministro en 1993. Ese fue su error y tuvo que convocar a elecciones anticipadas en 1997 resultando triunfador el Partido Socialista y la mayoría parlamentaria propuso entonces a Lionel Jospin para primer ministro obligando a Chirac a gobernar lo que quedaba de su mandato con los socialistas dirigiendo la política del gobierno. De nuevo la “cohabitación” pasaba la prueba. Chirac fue reelegido en 2002 con un 82% de los sufragios ante el dirigente de extrema-derecha, Jean-Marie Le Pen.

A pesar del éxito de la “cohabitación” en tres ocasiones, el presidente Chirac convocó una constituyente para modificar la Constitución de 1958 y reducir el mandato presidencial de siete a cinco años a fin de que coincidiera con el legislativo de manera que las legislativas que siguen a las presidenciales que regularmente favorecen al nuevo presidente y evitar así una nueva “cohabitación” que ya parecía entrar en la costumbre del electorado francés

Emmanuel Macron, reelegido con 58% el pasado 24 de abril, sabe que ese alto porcentaje fue el resultado del rechazo a la amenaza de triunfo de la derechista Marine Le Pen. A diferencia de Chirac que no entendió que el 82% que obtuvo en 2002 se debía al rechazo a Jean-Marie Le Pen, padre de Marine; Macron, en cambio, sabe que su triunfo también se benefició del voto rechazo y que el izquierdista Jean-Luc Melenchon con casi 9 millones de sufragios ha bautizado las legislativas del 12 y 19 de junio próximo como la tercera vuelta de las presidenciales.

Avalado por su 21% en la primera vuelta del 12 de abril pasado, Melenchon ha logrado reunir en la mesa de negaciones ecologistas, socialistas y comunistas para concurrir unidos en las legislativas de junio y tratar de imponer una “cohabitación” a todo lo largo del segundo mandato de Macron, el “presidente de los ricos”, como le bautizó Melenchon, con éxito, en 2017. La pregunta sería si un tecnócrata podría “cohabitar” con un primer ministro de la izquierda unida. Las legislativas de junio representan un nuevo reto a la Constitución de Charles de Gaulle y a la Vª República.

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Diplomático. Escritor; ensayista. Academia Dominicana de la Lengua, de número. Premio Feria del Libro 2019.