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Alianza País

En los últimos días Alianza País ha estado en la palestra

En los últimos días Alianza País ha estado en la palestra. Y no precisamente por nuestro incesante trabajo político, sino denostada, así como su liderazgo. En este mismo periódico donde escribo se publicó un artículo de opinión, que nos embiste, con la agravante de que su autor no se identifica. Otros incluso nos han comparado con Atila, sin previamente haber tenido el elemental cuidado de escuchar nuestra versión de los hechos, lo que deja al descubierto sus reales sentimientos, más allá de la simulación de afectos. 

Alianza País, en las elecciones de 2020, hizo varios intentos de participar en una coalición de partidos para elegir las candidaturas, vía primaria, derecho que de forma arbitraria e inconstitucional nos fue negado por el pleno de la JCE. En ese contexto y de cara a ese proceso, nos embarcamos en un proceso de fusión.  Nuestro partido personificó la fusión, lo que significó que el otro partido se debía integrar a nuestra estructura organizativa, asumiendo nuestras normas estatutarias y las definiciones básicas. 

Al cabo de más de tres años de intentarlo, debimos admitir que las diferencias de cultura, de visión política y de métodos no posibilitó que pudiera darse la fusión en una sola organización. Que nos faltó tiempo para, antes del proceso legal de fusión, nuestras organizaciones hubieran resuelto los asuntos que nos diferenciaban.

Finalmente, el pasado 8 de mayo, en una decisión de la que nadie se sintió satisfecho ni orgulloso, decidimos un acuerdo de separación. Lo más importante fue, como bien reza el acuerdo firmado, ambas organizaciones, en una actitud políticamente madura, acordaron que “durante este proceso y en lo adelante hemos convenido respetar las posiciones particulares de las vidas partidarias, fomentar el respeto mutuo y mantener cordiales relaciones.”

¿Cuál es el pecado de Alianza País frente a viejos y nuevos detractores? En gran medida el tipo de partido que conforme nuestras definiciones, métodos y visión política no hemos propuesto construir. 

Sí, es verdad, lo admito, Alianza País es un partido de organismos. Es claro que en la sociedad líquida que vivimos, para alguna gente, es un verdadero atentado a su individualismo pertenecer a un organismo que debe reunirse periódicamente, definir planes concretos para el crecimiento y la formación política, y en los que sus miembros deben asumir responsabilidades en materia de comunicación, finanzas, electoral, organizativas y de las que deben rendir cuentas, además de contribuir con una cuota económica para el sostenimiento. 

¿Es cierto que ser de organismos nos convierte en un partido antidemocrático?   Afirmo que es todo lo contrario. En nuestro partido ningún dirigente o personalidad decide de forma unilateral ni arbitrariamente por los demás, sino que precisamente los asuntos deben ser debatidos y refrendados de forma colectiva en los organismos y las decisiones se busca alcanzarlas por consenso y solo cuando éste no es posible se adoptan por mayoría.  

También es verdad que los organismos y miembros de Alianza País en sus tareas políticas deben regirse por métodos de trabajo. Esta es la forma que tenemos de prevenir la improvisación y el espontaneísmo. Los métodos de trabajo son pautas para que los organismos planifiquen y evalúen sus tareas, actúen con apego a la transparencia y que las decisiones luego de ser adoptadas sean respetadas y ejecutadas por todos. 

Sí, es verdad, lo admito, los organismos y miembros de Alianza País están sometidos a una disciplina partidaria. Así resulta que los aliancistas debemos asistir con puntualidad y regularidad a las reuniones y a las actividades, cumplir con las responsabilidades asumidas, contribuir con una cuota económica, entre otras.  ¿Tener estas normas disciplinarias nos convierte en un partido autoritario? Es todo lo contrario. Se trata de una disciplina definida en las normas estatutarias y conscientemente asumida al momento de ingresar al partido, normas estas que definen el catálogo de derechos y deberes de los miembros y sobre todo que establecen los medios concretos para ejercer los primeros. Así resulta que en Alianza País no hay espacio para el chisme y la intriga entre compañeros, ni para el grupismo ni las fracciones ni el apandillamiento de unos contra otros, prácticas tan populares en los partidos tradicionales del país.  

Alianza País, es bueno reafirmarlo, ha tomado a toda conciencia el camino de construirse como un partido de organismos, regido por normas y métodos de trabajo, sujeto a una disciplina, al desarrollo de la conciencia política de sus miembros, así como a una conducta apegada a principios éticos y con una actitud de servicio por el bien colectivo. Tenemos el convencimiento de que solo desde un partido así es como se puede realmente contribuir a crear las condiciones para hacer las grandes reformas y transformaciones pendientes en el país. Alianza País debe ser para sus miembros una escuela de gobierno para formar políticamente a los hombres y mujeres destinados a asumir responsabilidades públicas. Este país necesita del desarrollo de una amplia franja de hombres y mujeres con un claro compromiso político, social y patriótico. 

Alianza País se construye, por tanto, en ruptura con la visión y práctica que se ha impuesto en el país en la que los partidos se han convertido en una sumatoria de proyectos personales, muchos de ellos para el ascenso social y económico y al servicio de intereses corporativos. En esos partidos tradicionales no hay real democracia, quien manda es el dinero. Esa es la versión neoliberal de la política, que ha terminado privatizándola y convierte en candidatos (y hasta en líderes), a todo quien puede financiar su campaña para una alcaldía, diputación, senaduría o presidencia, sin detenerse mucho en lo que piensa ni en el origen de los fondos.  

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Guillermo Moreno es abogado y político. Presidente de Alianza País.