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Algo más a propósito de la izquierda dominicana y Juan Bosch

Era consciente de que el intelectual que adhería a un partido de izquierda entregaba su cabeza

Cuando Claude Couffon dio a la estampa su elogiada antología Histoires étranges et fantastiques d’Amérique latine (Paris, 1989), incluyó “más allá del espejo” de Díaz Grullón y, de Juan Bosch “La mancha indeleble” que el novelista y crítico Dominique Fernández, considera una de las “obras maestras incontestables de ese florilegio, cuatro páginas de una brevedad implacable, que dan escalofrío, fuertes como las de Edgar Poe, pero sin filiación directa; […]” (Nouvel Observateur, 18 de enero,1990).

Bosch ha dicho que con este breve relato culminó en 1960 su extraordinaria carrera de autor de ficción antes de dedicarse en cuerpo y alma a la política después de su regreso a República Dominicana en 1961; también había dicho y repetido que “La mancha indeleble” tenía como referencia real a Betancourt cuyo nombre no reveló después de su muerte porque había ayudado mucho a los dominicanos en su lucha contra Trujillo. De esa manera Bosch daba una explicación literaria al rechazo de Betancourt al comunismo y al autoritarismo de izquierda.

 “Todos los que habían cruzado la puerta antes que yo habían entregado sus cabezas”, dice el narrador al iniciar su cautivante relato antes de entablar un diálogo en una habitación vacía decorada únicamente de cabezas exangües colocadas en orden en una estantería. La voz es dulce, meliflua, y carente de autoritarismo para que el narrador entregara su cabeza. El narrador al comprender lo que significaba aceptar ese trato, le replica: “No puedo despojarme de mi cabeza así como así. Déme algún tiempo para pensarlo. Comprenda que ella está llena de mis ideas, de mis recuerdos. Es el resumen de mi propia vida. Además, si me quedo sin ella, ¿con qué voy a pensar?”. 

La voz le responde entonces: “Aquí no tiene que pensar. Pensaremos por usted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos más: va a empezar una vida nueva.” Aterrorizado, el narrador huye del lugar y se recluye un tiempo en su casa. Luego, mientras tomaba un café en un bar de su barrio, un cliente le señala: “Ese fue el que huyó después que ya estaba...”. Como señaló Dominique Fernández, “páginas de una brevedad implacable, que dan escalofrío.”

Entre los inagotables recursos que posee la literatura sobresale uno que encierra la clave que podría explicar ciertos enigmas que el ingenio de la propia escritura engendra y que se conoce como “construcción en abismo”. El extraordinario texto “La mancha indeleble” revela ciertos aspectos de la conducta de Bosch en política: aunque rechazaba el autoritarismo de los regímenes totalitarios y el de los partidos que piensan en lugar de sus militantes, en la práctica era quien pensaba en su organización política. Era quien sabía cómo pensaba que fuera Republica Dominicana.

Era consciente de que el intelectual que adhería a un partido de izquierda entregaba su cabeza. El partido pensaba en su lugar; sabía también que la izquierda dominicana provenía de la ideología totalitaria de Stalin y Mao-Tse-Dong. A su regreso de Europa en 1970, el PRD estaba prácticamente en manos de la izquierda maoísta. Esa experiencia le permitió, al salir del Partido en 1973 y fundar el PLD, blindar a su nueva organización de la izquierda revolucionaria dominicana y el Partido de la Liberación Dominicana se desarrolló y creció como una “construcción en abismo de su elogiado relato ‘La mancha indeleble’”.

Los dirigentes de la izquierda revolucionaria dominicana que adherían al nuevo partido liderado por Juan Bosch debían, al cruzar el umbral de la Casa nacional del PLD, por ejemplo, debían entregar sus cabezas como le exigía la voz en off al narrador de “La mancha indeleble”, porque en el Partido no tenía que pensar y sus líderes pensarían en su lugar. La izquierda dominicana aceptaba dócilmente el famoso “centralismo democrático” desarrollado por los teóricos del bolchevismo y del maoísmo, pero no de Bosch que tenía su propia visión de lo que debía ser un partido de liberación nacional. 

Los ex dirigentes del Partido Socialista Popular (PSP), fusionaron con el PLD y entregaron su cabeza; el Partido Socialista, ídem; los camilistas, también; aunque en cierta oportunidad intentaron adueñarse del PLD y Bosch, consciente de lo que venía, logró desarmar de la situación. Los intentos de sedición también provenían del seno del naciente PLD. La primera gran crisis se produjo tras la victoria del PRD en las elecciones de 1978. Hubo un éxodo de dirigentes, pero la situación fue rápidamente superada y, más tarde, algunos regresaron a la organización.

Al cumplirse la primera década de la fundación del PLD, Bosch enfrentó la crisis con el entonces secretario general del Partido, Rafael Alburquerque, que terminó con su expulsión y entonces las aguas volvieron a su lugar.

Aquel que intentara conservar su cabeza durante los veinte años que Bosch dirigió el PLD (1973-1994), la voz suave y persuasiva de aquella enigmática voz se escuchaba en cada círculo de estudio: “Aquí no tiene que pensar. Pensaremos por usted. En cuanto a sus recuerdos, no va a necesitarlos más: va a empezar una vida nueva”.

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Diplomático. Escritor; ensayista. Academia Dominicana de la Lengua, de número. Premio Feria del Libro 2019.