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República Dominicana y la crisis haitiana

No podemos seguir escudándonos en los problemas históricos para negarnos a emprender esfuerzos que fomenten la confianza y el diálogo con sectores relevantes de la sociedad haitiana

El criterio predominante en la República Dominicana en lo que respecta a Haití es de que no existe solución dominicana a la crisis haitiana. Se trata de una consigna más que de una política, pero sin duda que resulta efectiva para interpelar a los más variados sectores de la sociedad dominicana, pues ¿a quién se le ocurriría decir que no está de acuerdo con tal planteamiento? El Gobierno dominicano lo ha asumido con entusiasmo y lo enarbola en cualquier foro en el que se presenta la oportunidad de hacerlo. Incluso los sectores más liberales que en otros tiempos defendían a los migrantes haitianos en el país y propugnaban por un política más flexible en las relaciones dominico-haitianas se han replegado o han pasado a apoyar este enfoque de que no hay solución dominicana a la crisis haitiana.

Este hecho constituye un triunfo político de los llamados sectores nacionalistas, pues fueron estos quienes originalmente formularon y defendieron la idea hasta verla convertirse prácticamente en política de Estado. Al gobierno le deja grandes beneficios políticos por la amplia aceptación que tiene esta idea en la sociedad dominicana, por lo que es muy probable que lo adopte como tema de campaña en el próximo proceso electoral, al igual que harán otras fuerzas políticas para no dejar que el gobierno monopolice políticamente un sentimiento tan popular.

Ahora bien, si bien es cierto que la consigna de que no hay solución dominicana a la crisis haitiana tiene condiciones favorables de recepción internamente, lamentablemente esta no tiene efectividad como discurso de Estado en el escenario internacional. Puede pensarse que con ella se envía una señal a quienes pudiesen estar pensando que República Dominicana es la válvula de escape a la gravísima crisis haitiana, pero en términos prácticos no interpela a nadie para hacer algo a favor de Haití. Por muy grave que sea la crisis haitiana, nosotros no somos una excepción en lo que concierne al impacto doméstico que producen las olas migratorias masivas que se están produciendo en nuestra región y alrededor del mundo. Colombia, por ejemplo, podría decir que no hay solución colombiana a la crisis venezolana; igual Costa Rica que no hay solución costarricense a la crisis nicaragüense; Chile que no hay solución chilena a la crisis boliviana o peruana; o Las Bahamas que no hay solución bahameña a la crisis haitiana, para solo citar algunos ejemplos.

Por supuesto, República Dominicana tiene que cuidar sus fronteras y dejar claro en cualquier escenario que el territorio dominicano no puede ser usado para amortiguar una crisis en el vecino país que ni la comunidad internacional ni los propios haitianos han podido o sabido enfrentar. En eso los sectores nacionalistas tienen más que razón, pero esto no es suficiente para tratar de cambiar los términos del debate en los foros internacionales sobre qué hacer con respecto a Haití.

En el frente interno hay que emprender una serie de tareas que fortalezcan la capacidad del Estado dominicano para lidiar con la presión migratoria haitiana hacia el territorio nacional. La protección de la frontera tiene que ir mucho más allá del muro como discurso de movilización política -a lo Donald Trump- para pasar a una política integral, coherente y sostenida de seguridad fronteriza que refleje un Estado fuerte capaz de hacer valer su legalidad. Por otra parte, hay que olvidarse de la idea de que podremos deportar a todos los haitianos que habitan en República Dominicana, por lo que hay que continuar o mejorar el plan de regularización de migrantes pues es más que evidente que hay sectores clave de la economía dominicana que necesitan la mano de obra haitiana. En todos los países impactados por la migración se han llevado a cabo, en algún momento, planes de regularización -los dominicanos hemos sido beneficiarios de dichos planes en diferentes partes del mundo-, por lo que nuestro país no debe ser una excepción, lo cual nos da mucho más credibilidad para deportar a quienes se encuentren en condición irregular en nuestro territorio.

En el frente externo, debemos pensar, tanto desde el Estado como desde la sociedad, cómo aportar para que Haití salga progresivamente de la crisis en la que se encuentra. No se trata de inmiscuirnos en los asuntos internos haitianos, pero sí de proponer y generar iniciativas que puedan redundar favorablemente en Haití. No podemos seguir escudándonos en los problemas históricos para negarnos a emprender esfuerzos que fomenten la confianza y el diálogo con sectores relevantes de la sociedad haitiana. Debemos ser capaces de criticar los enfoques fallidos de la comunidad internacional en Haití pero también de aportar con humildad nuestras experiencias en el logro de la estabilidad y la gobernabilidad política, el crecimiento económico y el avance en la mejoría de las condiciones de vida de los dominicanos. No podemos abrir nuestras puertas de par en par, pero tampoco podemos dar las espaldas a la realidad haitiana como si no tuviéramos nada en juego en lo que sucede en el vecino país.

República Dominicana tiene relaciones diplomáticas con Estados Unidos y China, los dos países que más inciden en el Consejo de Seguridad de la ONU en cuanto a qué hacer y cómo hacerlo en relación a Haití. Es necesario usar esos canales diplomáticos para tratar de lograr que se le ponga más atención a la realidad haitiana. Es muy probable que a ciertos sectores de la sociedad haitiana no les guste que República Dominicana juegue un papel activo en la promoción de soluciones a la crisis de su país, pero seguro que también hay quienes en Haití estén deseosos de aprender de la experiencia dominicana y que nos ven con admiración y respeto, lo que debe aprovecharse para entablar diálogos con esos sectores basados en el respeto mutuo con ánimo de aportar ideas y propuestas que ayuden a Haití a salir adelante.

Nada de esto conlleva que tengamos que ceder en el ejercicio de nuestros atributos soberanos. Hay que hacer esto no por compasión ni por magnanimidad sino en función del interés propio pues contribuir a la solución de la crisis haitiana -allá, en Haití, como dicen los sectores nacionalistas- constituye una de las mayores manifestaciones de defensa del interés nacional. Para eso debemos desarrollar el conocimiento y la inteligencia sobre la crisis haitiana que nos permita incidir con efectividad en el debate regional e internacional sobre esta cuestión, ejercer un liderazgo modesto pero efectivo y aportar nuestro grano de arena a la solución de uno de los mayores desafíos -sino el mayor- que enfrenta la República Dominicana tanto en el presente como de cara al futuro.


TEMAS -

Abogado y profesor de Derecho Constitucional de la PUCMM. Es egresado de la Escuela de Derecho de esta universidad, con una maestría de la Universidad de Essex, Inglaterra, y un doctorado de la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Socio gerente FDE Legal.