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Un ángel para la educación

—Eche el pleito, señor Hernández. La patria se lo agradecerá. No se arredre. Mande al carajo a quienes lo merezcan. Engrandezca su puesto. Hágalo trascendente. Y si no puede, conmocione a la sociedad. Encontrará apoyo.

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Un ángel para la educación

Abimbaíto y Cucharita conversan en el final de sus vacaciones.

—Qué buena noticia—comenta Cucharita.

—¿A qué te refieres? —replica Abimbaíto.

—A que, ¡por fin ha aparecido un ángel para la educación!

—¿Un ángel?

—Me refiero al nuevo ministro.

—¡Ah! Ya veo. Te refieres a que se llama Ángel. ¿Y qué importancia tiene que se llame así?

—No es por el nombre, en efecto el ministro se llama así, sino porque promete ser un ángel protector e impulsor de la calidad del sistema educativo si es que llega a cumplir lo que está pregonando. Sería la mejor noticia para este país en mucho tiempo.

—Cucharita, me sorprende tu repentino interés sobre la educación dominicana. ¿En qué basas tu entusiasmo?

—Solo en lo que he escuchado. Reconozco que, por ahora, son meras palabras. Pero advierto que el tono y el talante son distintos. El enfoque también.

—A ver. Entra en detalles para enterarme de lo que piensas.

—Mira, Abimbaíto, este ángel que puede llegar a ser Ángel Hernández ha arrancado diciendo que hay que despolitizar a la institución, es decir al ministerio de Educación.

—¡Diantres! Cucharita. Sería un gran avance si se materializara. Pero yo supongo que también implica abolir la influencia y control que ejerce el sindicato magisterial sobre el sistema educativo, pues se traga el presupuesto, promueve el ausentismo, induce al incumplimiento de las obligaciones de los docentes, fomenta la mediocridad, tiene secuestrado el aprendizaje de los alumnos y ha relegado a un plano secundario la vocación de la enseñanza, con la consecuencia demostrable de que el recurso humano dominicano, de cara al futuro, está condenado a la mediocridad, a la intrascendencia, si tantas tropelías no se frenan en seco.

—Sí, Abimbaíto. Son dos retos descomunales. Despolitizar la educación, es decir sacar del sistema a los parásitos que amparados en méritos políticos pululan y chupan los recursos. Y por otro erradicar el sindicalismo magisterial convertido en garrapatas succionadoras. Ambos, con su accionar, bloquean el proceso de aprendizaje.

—Pues te diré, Cucharita, si así se hiciera adquiriría el rango de revolución de consecuencias positivas inconmensurables, con potencial de transformar la sociedad y encaminarla a que pueda abordar el tren del progreso y de la historia, cuya estación de abordaje se ha ido alejando en los últimos tiempos.

—Fíjate Abimbaíto que el ministro habla de que hay que asegurarse de que el personal del ministerio, en todos los niveles, tenga las competencias debidas, las que correspondan.

—Muy bien. Lo apoyo. Si usted es zapatero no puede estar ejerciendo como técnico de cómputos. O viceversa. A cada uno según su formación, vocación y sentido de responsabilidad y de compromiso institucional.

—¿Sabes lo que más me ha gustado? El llamado a que se asuman responsabilidades. Pues nadie se responsabiliza de los resultados del proceso de aprendizaje, nadie responde si los niños aprenden o no aprenden. Por eso se va a introducir un sistema de control de garantía de calidad.

—A mí lo que más me motiva, ilusiona y da esperanzas _dice Abimbaíto _, es la afirmación de que “toda la burocracia, desde el ministro al maestro de aula, estén todos orientados y los recursos orientados a que los niños aprendan adecuadamente en esos primeros grados que son fundamentales”. Y con los más altos estándares de calidad.

—Pues a mí me encandila todo lo que he escuchado. Por ejemplo, que “se pondrá al docente como eje del proceso educativo a nivel de las aulas”.

—Bueno, Cucharita, me imagino que siempre ha sido así, no puede ser de otra manera.

—En teoría sí; en la práctica muchos de los docentes han estado desconectados de sus obligaciones.

—En lo que a mí respecta, también veo con entusiasmo la intención de “reformar el currículo para eliminar lo innecesario y concentrar el esfuerzo de aprendizaje en aquellas competencias útiles, formando ciudadanos responsables con alto sentido de criticidad, innovadores, respetuosos de los valores propios de la identidad nacional”.

—Abimbaíto, el sistema parece haber estado trabajando para formar seres desprovistos de capacidad de pensar, esculpidos en la escuela de la violencia e irrespeto al prójimo, cuyos valores icónicos son desflorar menores, embriagarse y enriquecerse pronto.

—Eche el pleito, señor Hernández. La patria se lo agradecerá. No se arredre. Mande al carajo a quienes lo merezcan. Engrandezca su puesto. Hágalo trascendente. Y si no puede, conmocione a la sociedad. Encontrará apoyo. l

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.