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Homenaje a Frank Guerrero Prats

Conocí a Frank Guerrero Prats en profundidad. Quizás fui uno de sus amigos más cercanos. Compartimos confidencias, sueños, logros, frustraciones. Momentos de alegría y de tristeza. La confianza mutua era ilimitada. Su partida extemporánea hacia el más allá me causó dolor.

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Homenaje a Frank Guerrero Prats
Frank Guerrero Prats

Si fuera un redactor de noticias podría haber escrito: “En un acto celebrado el pasado miércoles, presidido por su rector, Julio Sánchez Mariñez, Intec rindió homenaje y reconoció los méritos intelectuales y morales de Frank Guerrero Prats, con motivo de haber recibido la donación de su biblioteca particular”.

Podría haber agregado que, de acuerdo con Elsi Jiménez, directora de la biblioteca, “la donación recibida se compone de 3,544 títulos entre libros y folletos y 77 títulos de revistas que representan un aporte invaluable para nuestras colecciones. Este acervo estará disponible para el deleite de la comunidad inteciana y de la sociedad en general”.

También podría haber dado testimonio de que al homenaje asistieron autoridades de Intec, el exrector Miguel Escala, familiares de Frank Guerrero Prats, y amigos cercanos como Roberto y Berta Saladín, Roberto Liz, Fernando Pellerano, Isidoro Santana, Virgilio Gautreaux y Francisco Checo.

La reseña no estaría completa si no mencionara las palabras pronunciadas por Roberto Liz, quien destacó que “una de las más importantes contribuciones de Frank Guerrero al frente de la entidad emisora del Estado fue el haber logrado la aprobación de la nueva ley Monetaria y Financiera, instrumento que le dio autonomía al Banco Central y marca un antes y un después, a cuyo propósito entregó toda su dedicación y esfuerzo”.

En cuanto a mí, como no aspiro a ser redactor ni divulgador de noticias, pues me faltan condiciones propias de los profesionales del género y soy tan distraído que olvidaría reseñar lo relevante, me limito a explicar que mientras contemplaba la majestuosidad y sencillez de la estantería en la que reposaba una muestra de los libros donados, me cuestionaba si la práctica de donar libros a las bibliotecas (algunos venden sus colecciones) es un ejercicio realizado de espaldas a la tendencia mundial de que cada día lo digital quita espacio a lo impreso y amenaza en convertirlo en reliquia de la historia.

Concentrado en ese pensamiento se arremolinaban en mi mente imágenes de turbas situadas en distintas épocas y espacios geográficos, movidas por creencias religiosas fundamentalistas, que actuaban en actividad frenética rompiendo y quemando libros por considerarlos ejes del mal, con el propósito de evitar que su contenido fuera leído y librar a la humanidad de tal maleficio. ¡Oh paradoja! Incinerar lo que puede sacarla del oscurantismo.

Equiparaba esa situación, quizás de manera impropia, con el efecto aniquilador que en nuestro tiempo está teniendo lo digital sobre la lectura impresa.

Me preguntaba, con inquietud: ¿Desaparecerán las bibliotecas físicas, los libros impresos como tales y quedarán marchitas sus enmarañadas estanterías, engullidas por el poder de absorción de información de los monstruos cibernéticos y las facilidades de difusión de lo digital que ofrecen las redes de internet?

Y me respondía: Quiera Dios o el azar que no suceda así. La humanidad podría perder el conocimiento acumulado si un virus informático de repente corroyese la información colocada en las nubes y también guardada en memorias de formato digital. Aparte de que el material impreso, al ser leído con pleno disfrute de los sentidos del tacto y de la vista, potencia la capacidad de concentración y de asimilación del cerebro en forma superior y más placentera de lo que ocurre con el material digital.

Por tanto, concluía, hay que desear larga vida a las bibliotecas de libros e información impresos. Y reconocer la pertinencia y valor de proveerlas con material de calidad. En ese sentido, esta donación es un buen aporte a la comunidad académica.

Confieso que el acto me emocionó y llenó de satisfacción. Conocí a Frank Guerrero Prats en profundidad. Quizás fui uno de sus amigos más cercanos. Compartimos confidencias, sueños, logros, frustraciones. Momentos de alegría y de tristeza. La confianza mutua era ilimitada. Su partida extemporánea hacia el más allá me causó dolor.

Estaba convencido de que tendría otra oportunidad para culminar la realización de sus ideales. Su potencial intelectual estaba situado en cotas infinitas que no pudo alcanzar por avatares de la vida. Aun así, acumuló méritos sobrados para ser recordado como un ciudadano de valía, dotado con sentido y visión de Estado. Fue un escrupuloso servidor público por vocación y decisión, medularmente honesto.

Celebro que sus hermanos hayan hecho esta donación de libros y que Intec, la academia que tanto quiso y distinguió, le haya rendido un merecido homenaje. Sé muy bien que él la ayudó en momentos difíciles y lo hizo con el sano espíritu de fortalecer las universidades y de elevar la calidad académica.

 



TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.