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Gala de la Constitución

Y, ¿qué manifestación más auténtica, más nuestra puede encontrarse que no lo sea en la música del cadencioso merengue típico de Tatico Henríquez y en la armoniosa bachata de Luis Segura, El Añoñaíto?

El pasado miércoles, 2 de noviembre, se celebró una gala en el Teatro Nacional para conmemorar el décimo aniversario de la instalación del Tribunal Constitucional, a sala llena, con la presencia de personalidades de la esfera judicial, pública, empresarial, laboral, cultural.

Al recibir la cortés y honradora invitación para asistir al espectáculo me llamó la atención que estaba dedicado a dos figuras populares de la música: Tatico Henríquez y Luis Segura (Añonaíto). De inmediato pensé: ¿qué relación tiene la música popular con la solemnidad que rige los actos de la administración de alta justicia en la esfera constitucional? Y me dije: ¿no sería más adecuado presentar elementos musicales más refinados, sofisticados, por ejemplo, la sinfónica nacional, interpretando música culta?

Confieso que mis pensamientos estaban errados. Me di cuenta al escuchar las palabras contundentes, precisas, diáfanas, de Milton Ray Guevara, presidente del alto tribunal, pronunciadas al principio de la representación, quien dijo: “Esta gala por la Constitución estará dedicada al merengue típico y la bachata, expresiones ambas de la más entrañable dominicanidad, de la dominicanidad más profunda, más auténtica, más clara. No es posible, en efecto, definir la dominicanidad sin referir el merengue típico y la bachata”. 

Y es esa asociación de ideas lo que permite hacer encajar con ribetes ideológicos y fines patrióticos esta representación musical.

En efecto, el Tribunal Constitucional es una pieza fundamental en la defensa y vigencia de las garantías constitucionales que emanan del surgimiento de la dominicanidad, es decir de la consolidación de nuestra nacionalidad, y de la voluntad soberana expresada por medio de acontecimientos históricos decisivos como la declaración de independencia en 1844, su reafirmación en la guerra de restauración en 1865, y las gestas de la libertad del 26 de Julio de 1899 y del 30 de Mayo de 1961. 

En una época como la que vivimos, en la que existen amenazas preocupantes por la invasión masiva de inmigrantes ilegales que tiende a menoscabar y diluir las raíces de nuestra nacionalidad, agregada a la situación de caos que impera en el país vecino, poner de relieve las raíces de la dominicanidad es un bálsamo que contribuye a espolear la consciencia y a empujarnos a reaccionar, a reafirmar lo nuestro con fuerza y convicción. 

Y, ¿qué manifestación más auténtica, más nuestra puede encontrarse que no lo sea en la música del cadencioso merengue típico de Tatico Henríquez y en la armoniosa bachata de Luis Segura, El Añoñaíto? Expresiones fidedignas y espontáneas de nuestro pueblo.

Quienes presenciamos la gala salimos reconfortados y eufóricos de haber contemplado tan maravilloso espectáculo. Escenificación grandiosa, con uso inteligente de recursos audiovisuales de gran belleza que fueron mostrando elementos propios de nuestro entorno rural y urbano. Sonido impecable. Dirección musical acertada. Y un cuerpo de baile provisto con exquisita coreografía, riqueza y colorido de vestuario, notorio dominio de la técnica y de los movimientos de parte de los bailarines.

La música estuvo muy bien interpretada por los conjuntos dirigidos por Nixon Román en merengue y Mártires de León en bachata. Repertorio equilibrado. Me llamó la atención y llenó de regocijo el uso de instrumentos variados, como violín y guitarra eléctrica, demostración de que lo típico puede ser ajustado a los tiempos y hacerse acompañar de sonidos complementarios que le den más sonoridad y color.

Contribuyó al éxito la participación entusiasta de cantantes de renombre en su género, que lucieron sus mejores vibraciones: Héctor Aníbal, Krispy, Yleana Reynoso, Miguel the Voice, y Héctor Acosta, El Torito. Y la competente asesoría de Rafael Chaljub Mejía para idear el montaje de la obra.

El momento más emotivo ocurrió al final cuando se le pidió al Añoñaíto que subiera al escenario a interpretar una de sus canciones. Con sus 83 años noté que los bríos le subían como si de un quinceañero se tratara. Lo hizo con devoción, conmovido por la manifestación de admiración y cariño que recibía en la sala augusta del Teatro Nacional. En un instante pasó del rechazo que décadas atrás sufrió en la UASD al considerarse que esa actividad popular no tenía altura para ser acogida en aquel recinto del saber, a la consagración definitiva como música orgullo y representación de la dominicanidad, ocurrida en esta memorable gala.

Desde luego, eso ha ocurrido después de haber enamorado y conquistado al mundo.

Bien hecho magistrados. Así también se hace patria. Ese espectáculo es digno de ser reproducido en días sucesivos para el solaz y aprendizaje de nuestro pueblo. Ojalá las autoridades nacionales lo hagan suyo y lo ofrezcan al disfrute de la comunidad.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.