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La lucidez de Carlos III

Un mensaje de continuidad y valores frente al colapso climático y político

El rey Carlos III del Reino Unido ha sido un personaje aburrido, opaco y descolorido. Su primera esposa, la princesa Diana, con su belleza desbordante, su carisma y su don natural de conectar con el público, lo opacó completamente. El día de su muerte trágica, el primer ministro Tony Blair la llamó la "princesa del pueblo", con lo cual captó el sentimiento de millones de personas tanto en el Reino Unido como en el resto del mundo. El entonces príncipe de Gales tuvo que conformarse con esperar tediosamente que su madre, la reina Isabel II, muriera para ascender al trono, lo cual vino a ocurrir veinticinco años después de la muerte de Lady Di, como popularmente se le conoce a la princesa Diana.

No obstante, la historia le tenía reservado al rey Carlos III un día para brillar y, en gran medida, para redimensionar su papel y validar su reinado. Ironía de la vida, ese día fue un discurso ante las cámaras reunidas del Congreso de Estados Unidos para celebrar no otra cosa que el 250 aniversario de la independencia de las trece colonias del poder colonial británico. Es apenas la segunda vez que un monarca británico se presenta ante el foro legislativo de la república más exitosa del mundo, correspondiéndole la primera vez a su madre en 1991. Un descendiente del antiguo colonizador se encuentra con los descendientes de los antiguos colonizados para conmemorar la gesta independentista de estos últimos.

En su discurso en el Capitolio, el rey Carlos III proyectó una imagen que combinaba humildad y autoridad. Haciendo un uso inteligente del humor británico y de su dicción impecable, él fue poco a poco ganando la atención de los presentes y provocando ovaciones en la medida que avanzaba su discurso. Podría decirse que hipnotizó a una buena parte de los presentes, a los del Partido Republicano, quienes auspician políticas contrarias a las que el monarca británico defendió en su mensaje. Los demócratas, que han salido en tiempos recientes a proclamar que no quieren un rey en Estados Unidos, se encontraron con uno que les trajo un mensaje que fue música para sus oídos.

El rey Carlos III comenzó haciendo alusión a una especie de paradoja: reconoció que el principio de "no impuestos sin representación" fue la causa de mayor desacuerdo entre el poder colonial y las trece colonias, pero este principio, a la vez, dijo el monarca, constituye un valor democrático que los rebeldes de Norteamérica heredaron de los británicos. Sostuvo que los padres fundadores, al forjar una nación anclada en la idea revolucionaria de "la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad" llevaron adelante la gran tradición de la ilustración británica, así como los ideales basados en el common law inglés y en la Carta Magna. Se refirió a la Declaración de Derechos de 1689, la cual sirvió de base no sólo a la monarquía constitucional británica, sino también al bill of rights que se plasmó en la Constitución de Estados Unidos en 1791. Dijo con orgullo que la Suprema Corte de Estados Unidos ha citado ciento sesenta veces la Carta Magna desde 1789. Le faltó decir que Thomas Jefferson tenía como libro de cabecera El segundo tratado del gobierno civil de John Locke cuando redactaba la Declaración de Independencia.

Con estas referencias, el rey Carlos III procuró resaltar no tanto la ruptura, sino la continuidad entre las dos sociedades como queriendo decir que lo que Estados Unidos ha llegado a ser se ha sustentado en lo que aprendió y heredó de la experiencia británica. Y sin nadie esperarlo, dijo con suavidad, pero con carácter, que uno de los principios de esa tradición que inspiró a los fundadores de la nación norteamericana establece que "el Poder Ejecutivo está sujeto a frenos y contrapesos", lo cual representa un cuestionamiento político e intelectual directo a la doctrina del "Ejecutivo unitario" que prevalece actualmente en el Gobierno de Donald Trump, según la cual el presidente de Estados Unidos no está sujeto a controles y limitaciones en el ejercicio de sus potestades.

Luego declaró algo sumamente relevante: que la fe cristiana es un anclaje firme y fuente de inspiración diaria tanto en lo personal como en la experiencia comunitaria. A la vez, sin embargo, señaló que ha dedicado una buena parte de su vida a fomentar las relaciones y un mayor entendimiento entre las diferentes creencias religiosas, lo que, sin duda, pone en cuestionamiento la doctrina del nacionalismo cristiano fundamentalista que cierra los espacios a otras religiones.

Carlos III puso también de relieve diferencias de criterios sobre otras cuestiones. Habló, por ejemplo, de la alianza que ha existido entre el Reino Unido y Estados Unidos y evocó la primera visita de un monarca británico a Estados Unidos -el rey Jorge VI- en 1939 en medio de la lucha contra el fascismo en Europa. Dijo que esa alianza hay que fortalecerla con una perspectiva de futuro. Dijo, también, que el Reino Unido estuvo al lado de Estados Unidos cuando los acontecimientos del 9/11 hace veinticinco años. Se refirió de manera directa a que la OTAN invocó el artículo 5 por primera vez para ejercer la defensa colectiva de un miembro que había sido atacado, con lo cual envió un mensaje de respuesta a lo que ha dicho el presidente Trump de que Europa nunca ha estado ni estará presente para defender a Estados Unidos.

Con ese telón de fondo, señaló que se necesita una determinación similar para defender a Ucrania y procurar una paz justa y duradera. Indicó, además, que "nuestra generación debe decidir cómo enfrentar el colapso de sistemas naturales críticos que amenaza la armonía y la diversidad esencial de la naturaleza", a lo cual agregó: "Ignoramos a nuestro propio riesgo el hecho de que estos sistemas naturales -en otras palabras, la economía de la propia naturaleza- proveen los fundamentos de nuestra prosperidad y nuestra seguridad nacional". Con esto, el rey Carlos III mostró desacuerdo con los negadores del cambio climático y sus efectos perniciosos en el ecosistema.

Dijo que ora con todo su corazón para que "nuestra alianza" -Estados Unidos y Reino Unidos- continúe defendiendo sus valores compartidos, junto con sus socios europeos, de la Mancomunidad y del resto del mundo. Invitó a que "ignoremos las llamadas de clarín de mirar cada vez más hacia dentro", lo que puede interpretarse como una crítica velada al aislacionismo.

Ese fue el mensaje de un monarca lúcido quien llegó a la sede legislativa de la República estadounidense, la que nació de las trece colonias que se liberaron del colonialismo británico en 1776, para decir algunas verdades que tal vez sólo él podía decir en estos momentos en ese escenario. Defendió la democracia, la libertad, los frenos y contrapesos del poder, la protección del medio ambiente y el fortalecimiento de la alianza transatlántica, la que hoy está puesta en entredicho. Fue un mensaje elegante, intelectualmente pulido, necesario y, sobre todo, oportuno como contrapeso a las ideas y las políticas gubernamentales que predominan actualmente en la capital de Estados Unidos.

TEMAS -

Abogado y profesor de Derecho Constitucional de la PUCMM. Es egresado de la Escuela de Derecho de esta universidad, con una maestría de la Universidad de Essex, Inglaterra, y un doctorado de la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Socio gerente FDE Legal.