Choque de civilizaciones
La intervención en otras civilizaciones constituye la mayor causa de conflicto mundial

Preocupado por el persistente conflicto entre Irán (islamista) y los Estados Unidos (Occidente), busqué en mi caótica biblioteca la obra Choque de civilizaciones, de Samuel P. Huntington, a consciencia de que en su tiempo (década de los 90) causó revuelo por sus opiniones controversiales. La desempolvé, releí y presento un extracto de sus argumentaciones.
Huntington afirma que, por primera vez en la historia la política global es, a la vez, multipolar y multi civilizacional. Las pretensiones universalistas de Occidente le hacen entrar en conflicto con otras civilizaciones, en particular el Islam y China. Occidente está perdiendo influencia relativa, al tiempo que surge un orden mundial basado en la civilización.
Asegura que las guerras en las líneas de fractura (entre musulmanes y no musulmanes), generan la solidaridad de los países afines.
Desde esa perspectiva la guerra actual entre los Estados Unidos e Irán puede considerarse como de línea de fractura, con el alivio de que divide a los propios musulmanes entre sí, pero no es descartable que si se prolongara demasiado degenere en una confrontación abierta entre civilizaciones.
El autor cita como el credo de Occidente: El legado clásico (filosofía, racionalismo, derecho romano, latín, cristianismo); lenguas europeas; separación de la autoridad temporal y espiritual; imperio de la ley; pluralismo social asociativo y de clases; cuerpos representativos (Estados, parlamentos, instituciones); individualismo.
Y pone el énfasis en que Occidente se ha convertido en una sociedad madura (edad dorada), lo que anuncia el principio de la decadencia.
Aborda los problemas de decadencia moral, suicidio cultural y desunión política en Occidente: aumento de crímenes, drogadicción, violencia; decadencia familiar: divorcios, embarazo de adolescentes, familias monoparentales; descenso del capital social: número de miembros de asociaciones de voluntariado; debilitamiento de la ética del trabajo; interés cada vez menor por el estudio y la actividad intelectual.
Destaca que Occidente es mucho más rico que cualquier otra civilización, pero con índices bajos de crecimiento económico, ahorro e inversión. El consumo tiene prioridad sobre la creación de condiciones para consolidar un futuro poder económico y militar. El crecimiento vegetativo de la población es bajo.
Siendo así, la inmigración se convierte en una fuente potencial de nuevo vigor y capital humano, siempre que se cumplan dos condiciones: que se dé prioridad a gente capaz, cualificada y dinámica, con el conocimiento y talento necesarios, y que los nuevos inmigrantes y sus hijos se integren en la cultura del país y de Occidente.
Dice que, a finales del siglo XX los dos componentes de la identidad estadounidenses fueron sometidos a presión por los multiculturalistas: atacaban la identificación de los Estados Unidos con la civilización occidental, negaban la existencia de una cultura estadounidense común, y promovían identidades y agrupamientos raciales, étnicos y otros de tipo cultural subnacional.
Acusa a los multiculturalistas de separatistas etnocéntricos que veían poco en la herencia occidental, excepto los crímenes de occidente. Y recuerda que los padres fundadores consideraban la diversidad como una realidad y un problema. Los líderes políticos posteriores también temían los peligros de la diversidad racial, regional, étnica, económica y cultural e hicieron de la promoción de la unidad nacional su responsabilidad fundamental.
Critica que los multiculturalistas también cuestionaban el credo estadounidense al sustituir los derechos de los individuos por el de los grupos, desde el punto de vista de la raza, la etnia, el sexo y la preferencia sexual. Ese credo, según Guntar Myrdal, ha sido el cemento en la estructura de esta nación grande y dispar.
Sentencia que, cuando los estadounidenses buscan sus raíces culturales, las encuentran en Europa. El futuro de los Estados Unidos y de occidente dependen de que los norteamericanos reafirmen su adhesión a la civilización occidental, lo cual significa rechazar los diversos y subversivos cantos de sirena del multiculturalismo.
Y sugiere que preservar la civilización occidental requiere:
a) Mayor integración política, económica y militar
b) Estimular la occidentalización de Latinoamérica.
c) Refrenar el desarrollo del poderío militar convencional y no convencional de los países islámicos y sínicos.
d) Retrasar la deriva de Japón alejándose de Occidente y su acomodo con China.
e) Aceptar a Rusia como el Estado central de la ortodoxia, con legítimos intereses en la seguridad de sus fronteras del sur.
f) Mantener la superioridad tecnológica y militar.
g) Reconocer que la intervención en asuntos de otras civilizaciones es la fuente más peligrosa de inestabilidad y de conflicto a escala planetaria.
Como se ve, el libro contiene amplio material para el análisis y la discusión. Sorprende el papel que concede a Rusia como eventual aliado. Destaca la necesidad de mayor integración entre los países de Occidente. Los acontecimientos actuales no siempre se dirigen en la dirección sugerida por el autor.

Eduardo García Michel