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De la Espriella: terremoto, religión y política

Entre la tragedia y el mesianismo político

Coincidiendo con la toma de posesión de Aberlardo de la Espriella como nuevo presidente de Colombia tuvo lugar en ese país un terrible terremoto de magnitud 7.4 que impactó fuertemente el departamento del Chocó, siendo Cali, Pereira, Manizales y Quibdó las ciudades más afectadas. Pocas veces sucede que un fenómeno devastador de la naturaleza se produzca justo al comienzo de un mandato presidencial, aunque esta no es la primera vez que sucede. En la República Dominicana, por ejemplo, se recuerda que uno de los huracanes más desastrosos de su historia, llamado el ciclón de San Zenón, ocurrió a dos semanas del ascenso al poder de Rafael Leónidas Trujillo, lo cual le ofreció la oportunidad para desplegar una fuerte acción estatal centrada en su persona que le sirvió de pivote para comenzar a establecer su brutal dictadura que terminó durando treinta y un años.

Esta referencia a Trujillo no sugiere ninguna similitud entre estos dos gobernantes, sólo que hay coyunturas que evocan otras, aun con las diferencias de épocas, de contextos y de países. Trujillo fue un militar que incursionó en la política en un ambiente social e institucional precario muy propicio para el desarrollo de una dictadura, mientras que De la Espriella es un abogado penalista que se insertó en la política apenas dos años atrás como un outsider, con evidentes inclinaciones militaristas (se juramentó como presidente en una base militar), pero que le corresponde gobernar en un contexto nacional  caracterizado por una larga tradición de gobiernos civiles y contrapesos políticos e institucionales que no tenía la República Dominicana en 1930. En cualquier caso, sin embargo, ambos empezaron sus mandatos teniendo que enfrentar una situación catastrófica que permite desplegar un liderazgo y un poder excesivamente personal que no fuera posible en circunstancias normales.

En el caso de Colombia llama la atención la manera cómo el presidente De la Espriella le dio un sentido religioso y mesiánico al terremoto. En una intervención pública, De la Espriella dijo: "Las cosas de Dios queridos compatriotas sólo Dios las sabe. Él decidió ponernos en esta prueba tan dura, y en su sabiduría lo hizo justo el día en que comenzó mi mandato".

Esta no es una plegaria a Dios para que le dé fortaleza, lucidez y compasión ante esta prueba tan difícil que le ha tocado enfrentar al comienzo de su gobierno. Se trata, más bien, de una construcción discursiva del sentido que él quiere darle a la experiencia que viven tantos colombianos como resultado de ese terremoto. Según De la Espriella, él es el mesías, el escogido por Dios para estar en ese lugar y en ese momento en el que el pueblo colombiano, o una parte de este, sufre los devastadores efectos de este fenómeno de la naturaleza. Y en esto hay que evocar de nuevo al dictador Trujillo, cuyo lema era: "Dios y Trujillo".

A Dios no se le puede atribuir haber desatado el terremoto ni haber esperado que De la Espriella fuera presidente para que esto sucediera. Lo que hace el presidente colombiano no es una simple trivialización de la fe, que lo es, sino un discurso político que construye sentido a partir del cual él desea que el pueblo viva esa experiencia. Esto lo dice un presidente que hasta hace poco se proclamaba ateo y no creía en nada que no fuera empíricamente verificable, aunque esto es un comentario al margen. Lo importante es descifrar la operación discursiva que hace De la Espriella en la que entrecruza política y religión con el fin de situarse como el ungido por Dios para estar ahí en ese momento tan doloroso y desconcertante para el pueblo colombiano. La realidad material del terremoto es una cosa y otras es el sentido que se le trata de dar de manera discursiva a esa vivencia tan destructiva y dolorosa.

Podría decirse que la declaración del presidente De la Espriella no tiene importancia, que no es más que la retórica vacía de un político autoengrandecido, lleno de emotividad por las circunstancias particulares del comienzo de su presidencia. Esto es en parte verdad, pero esto va mucho más mucho más lejos. Su discurso refleja una gran intuición de su parte; sabe que existen condiciones de recepción para ese mensaje en una población vulnerable y sufriente, que desea darle sentido a una experiencia terrible como esa. Él sabe que esa población es fuertemente religiosa no sólo por la larga tradición católica en la sociedad colombiana, sino por la penetración de las iglesias evangélicas que se ha producido en ese país y toda América Latina en las últimas décadas.

Que quede claro: este articulista no aboga por una vida política vacía de contenido religioso. La fe, los valores que están llamados a promover las religiones -respeto a la dignidad de toda persona, compasión, caridad, solidaridad- y el sentido de comunidad que otorga pertenecer a una iglesia- son factores sumamente importantes que pueden iluminar la actividad política. Desde luego, la historia también está llena de experiencias en las que las religiones promueven posturas extremistas y fundamentalistas. Un ejemplo de esto en la época contemporánea es el "nacionalismo cristiano" que, en países como Estados Unidos, procuran definir la identidad de la nación a partir de una sola religión, ligada a una supremacía racial y en detrimento del pluralismo religioso.

En cualquier caso, el discurso del presidente colombiano no invoca a Dios en búsqueda de fortaleza, sino que utiliza la religión para definir su relación con el pueblo a partir de su posicionamiento mesiánico como el escogido por Dios para liderar al pueblo colombiano en esta hora difícil. Es un discurso que puede tener bastante efectividad en el contexto en el que se produce, ya que puede encontrar receptividad en diversos segmentos sociales, unos porque viven en extrema pobreza y procuran darle sentido a la tragedia que viven, y otros porque ya están inmersos en una religiosidad fanatizada que crea un terreno fértil para ese tipo de mensaje.

Desde la distancia es muy difícil apreciar si en la política colombiana hay otros discursos que contrapesen esa visión mesiánica del presidente De la Espriella. Esto así pues la política es fundamentalmente una lucha por dar sentido a las experiencias que vive la gente y articular sectores sociales a partir de discursos que los interpelen de manera efectiva. Ojalá que así sea.

TEMAS -

Abogado y profesor de Derecho Constitucional de la PUCMM. Es egresado de la Escuela de Derecho de esta universidad, con una maestría de la Universidad de Essex, Inglaterra, y un doctorado de la Universidad de Virginia, Estados Unidos. Socio gerente FDE Legal.