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En honor de Wenceslao Vega Boyrie

El legado imborrable de un patriota e intelectual excepcional

Proyectaba la imagen de un patriota que arriesgó su vida en favor de la causa de la libertad al integrarse a las células clandestinas del Movimiento 14 de Junio y ser apresado, al tiempo que la de un intelectual en plena producción académica, cuyos frutos se irían haciendo explícitos por medio de la publicación de un conjunto de libros que se convirtieron en fundamentales para el entendimiento de nuestra historia y la evolución de nuestro derecho.

Mi trato más cercano con él surgió cuando ambos empezamos a participar en una tertulia organizada por un grupo de amigos, denominada Los Parlanchines, que todavía mantiene su vigencia a pesar de que empezó a mediados de la década del 80. Celebramos una reunión mensual, siempre en lunes, en la casa de alguno de los contertulios. Y conversamos en tono crítico sobre los principales temas nacionales.

Algunos de los integrantes de esa tertulia intelectualmente enriquecedora ya se han marchado hacia el sueño eterno, como es el caso de Eduardo Latorre, José Turull, Julio Brea Franco, Hamlet Hermann, Frank Castillo, Jorge Cela. Ahora Wenceslao los acompaña en ese camino misterioso e infinito.

Wences, como le decíamos, era un atento oyente. Siempre alerta en auscultar los argumentos de otros. Más que exponer su opinión prefería cuestionar los argumentos expuestos por otros en busca de aclaraciones, pero cuando se decidía a mostrar su posición lo hacía con solidez, claridad y contundencia.

Ahí comencé a aquilatar su enorme estatura intelectual, bonhomía, sencillez, humildad, humanismo.

Más recientemente, en 2015, un pequeño grupo decidió crear la Fundación Horacio Vásquez. Él era un admirador de Horacio. Me contó que, siendo un niño, llegó a visitarlo, junto a su familia, en su casa de Tamboril. Quedó impresionado por su reciedumbre y magnetismo.

Wences se convirtió en uno de los socios fundadores de la Fundación. La documentación legal de la institución pasó por sus manos a título de revisión y corrección como garantía de trabajo bien hecho. De ese grupo de fundadores también se nos fue al más allá el historiador Emilio Cordero Michel.

A mí me correspondió dirigir la institución desde su creación hasta hace poco tiempo. Y en ese transcurrir recibí el apoyo incondicional de Wences, quien se entregó en cuerpo y alma a darle sustanciación y sentido de propósito a la organización. Era yo quien lo buscaba y regresaba a su casa para que pudiera participar en las reuniones, pues tenía limitaciones de salud.

Juntos participamos, en 2019, en la elaboración de un acuerdo de usufructo con la diócesis de Santiago, encabezada por el arzobispo Freddy Bretón, cuya firma hizo posible que el gobierno dominicano ejecutara las obras de remodelación de la residencia donde murió el presidente Horacio Vásquez en Tamboril, hoy convertida en un interesante museo.

Justo es decir que esa obra de rescate de un patrimonio histórico pudo realizarse gracias al apoyo, entusiasmo y determinación del presidente Luis Abinader, quien confió en los miembros de la Fundación Horacio Vásquez para encarrillar y terminar el proyecto. Falta todavía que la Fundación escoja los miembros del patronato que debe encargarse de velar por el buen uso y contenido del museo.

Recuerdo que hace unos cuantos años Wences aceptó, a pesar de su edad avanzada, pronunciar una charla sobre Horacio en Tamboril, a las 8 p.m. Desde Santo Domingo se fue conmigo y mi señora. Regresamos a dormir ya muy tarde a su cabaña de Jarabacoa, donde tanto él como su esposa Nereyda nos colmaron de atenciones. Es una muestra de la seriedad con la que asumía sus compromisos.

Con su permiso, y dándole el crédito correspondiente, incluí en mi novela Horacio y Mon, avatares y gloria la parte de su charla prolijamente documentada en la que citaba los avances institucionales que se produjeron durante la gestión del presidente Vásquez.

Con Wenceslao parte un dominicano excepcional, patriota, clarividente, profundo, sencillo, abierto a la amistad sana, colaborador, entusiasta, un ser que encarnó las cualidades más preciadas en el ser humano. Intachable, de hondas fibras. Amplias luces. Solidario. Auténtico.

Mi admiración por su figura perdurará en el infinito. El país pierde una de sus columnas. A partir de ahora su figura empezará a adquirir una dimensión mayor, la que merece, uno de los grandes de nuestra historia.

Descansa en paz querido amigo. Tu amistad me sirvió de honra y me ayudó a comprobar lo que siempre creí: que el ropaje de humildad distingue a los seres excepcionales como tú.

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Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.