Aniversario de la Academia de la Lengua
El valor del idioma como bandera espiritual y símbolo de la identidad nacional
La Academia Dominicana de la Lengua (ADL) fue fundada el 12 de octubre de 1927, en el período constitucional del presidente Horacio Vásquez. Se integró con 12 personalidades de conocida y sobresaliente labor intelectual. Su primer presidente fue Monseñor Adolfo Alejandro Nouel.
Los demás miembros fueron Alejandro Woss y Gil, Federico Llaverías, Cayetano Armando Rodríguez, Manuel A. Patín Maceo, Manuel de Jesús Troncoso de la Concha,
Alcides García Lluberes, Félix M. Nolasco, Bienvenido García Gautier, Arístides García Mella, Andrés Julio Montolío y Rafael J. Castillo.
Casi 5 años después la Real Academia Española acordó reconocerla como su Correspondiente, al igual que ocurrió con otras similares en el continente americano, para cuyo establecimiento se celebró un acto solemne en los salones de la Casa de España en Santo Domingo, que tuvo lugar el 27 de febrero de 1932.
Esa correspondencia entre pares dio lustre a la institución dominicana. En ese momento la ADL disponía de 18 Miembros de Número, según la regla vigente para las academias del continente americano.
Años más tarde de la fundación de la ADL, el 23 de julio de 1931, se crearía la Academia Dominicana de la Historia. Y, mucho después, el 8 de julio de 1975, se incorporaría la Academia Dominicana de Ciencias.
La ADL fue la primera en su género en constituirse en nuestro suelo. Eso le da un simbolismo especial, paralelo al de la condición de Primada de América de la ciudad de Santo Domingo.
El próximo lunes, 12 de octubre, se cumplen 99 años de su creación. De ahí que la ADL esté preparando, con el rigor que se merece, un conjunto de actividades para celebrar su primer centenario de haber sido constituida.
A esos fines, acaba de poner a disposición de los académicos, relacionados e interesados, una copia del primer boletín emitido por la institución, de fecha 12 de octubre de 1939. Obsérvese que pasaron muchos años entre la constitución del organismo y la aparición de su órgano de difusión. La ADL da crédito a Alfredo Rafael Hernández por la investigación realizada.
Ese primer boletín reconoce que "la falta de medios no permitió a la Academia desenvolver sus actividades en la forma provechosa que deseaban sus miembros", lo cual parece ser un problema que afecta a este tipo de instituciones y que merece ser evaluado y considerado por las autoridades de la nación, con objeto de contribuir apropiadamente a su mantenimiento.
También es cierto que era una época colmada de precariedades y con escaso arraigo institucional, pues todo empezó a converger y a detenerse en el muro de la idolatría del omnímodo tirano de San Cristóbal.
El primer boletín expone las razones principales para crear la ADL: "La influencia malsana que tienen en nuestra lengua los idiomas extraños que tan de cerca nos rodean... Los numerosos neologismos de las nuevas industrias, el desenvolvimiento de comercio... Los galicismos, barbarismos, solecismos y demás corruptelas... La circunstancia de haber en la América Española quince instituciones análogas...
En la carta remitida a la RAE en solicitud de reconocimiento, la ADL dice: "Es preciso que una labor constante y mancomunada de la Real Academia Española con las similares de los países hispanoamericanos, regularice el rumbo exótico que va tomando nuestro idioma, con la consagración de las palabras nuevas que sean necesarias para satisfacer las exigencias de la evolución, que como toda cosa creada y por tanto susceptible de crecer y desarrollarse, sufre el idioma español; pero conforme a la estructura del idioma y no tal como vienen de otras fuentes, viciosas para la pureza de la nuestra".
El boletín 5, de septiembre de 1941, reseña la incorporación como Miembros de Número de Virgilio Díaz Ordóñez, y de Gustavo Adolfo Mejía Ricart, en sustitución de Rafael Justino Castillo y de Enrique Henríquez, ambos fallecidos. Los ingresantes pronunciaron discursos cortos.
El primero disertó sobre Las tres fronteras del idioma. Expresó que "el idioma es bandera espiritual. La bandera no es la Patria; pero donde está la bandera, por magia de un simbolismo de irresistible fuerza, está la Patria. Esa bandera espiritual del idioma fue la canción de cuna de la nacionalidad dominicana en la época colonial...".
Y el segundo sobre El canto autóctono como factor de progreso en la lengua fósil.
Con estas publicaciones es de esperarse que la ADL culmine un robusto programa que ponga el foco en los avatares de nuestra lengua y contribuya a resolver la paradoja de que los estudiantes leen poco y entienden menos, al tiempo de que se asiste a un boom en la publicación de libros.
Éxitos a la Academia en la celebración de los actos conmemorativos de su centenario, en especial a su abnegado y competente director, don Bruno Rosario Candelier.

Eduardo García Michel