×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales
Educación
Educación

A Ivelisse Prats

En su larga vida, marcada por el afán de transformación de la sociedad, tuvo dos obsesiones: cambiar el sistema político, dotarlo de contenido ético para redimir la condición social de la población menos favorecida; y modificar el sistema educativo con el objeto de elevar su calidad y la capacidad de pensar de los alumnos.

Expandir imagen
A Ivelisse Prats

Tiempo ha la conocí. Era una personalidad de reconocido prestigio, decisiva influencia. Pocas mujeres han tenido la incidencia que ella alcanzó en el devenir partidario, educativo, social y del Estado.

Se destacaba por ser una figura portadora de principios, los cuales defendía con gallardía. Portaba en su frente el ribete de la fama ganada a través de infinitas horas de cavilación, lecturas y estudios. Una aureola invisible ceñía su frente de mujer inteligente, culta, dadivosa y buena.

La vi de lejos. Me di cuenta de que era diminuta. Portaba unos lentes gruesos que dominaban su rostro, en el que destacaban unos ojos enormes, despiertos, escrutadores, incisivos. Llevaba con naturalidad y desparpajo las huellas de haber sido criada en un ambiente de culto al libro, a la lectura, al debate, y de haber sido formada con mente crítica.

Al aproximarme a ella sentí emoción, a la vez que conturbación. Tímido yo, no sabía cómo tratar a una mujer de timbres tan altos y fama acrecentada. Cuando la saludé, atortojado, las palabras no salían de mis labios. ¿Qué podía decirle que estuviera a la altura de su condición y bagaje intelectual?

Luego me di cuenta de que aquellos seres humanos en los que predomina la grandeza, como era su caso, poseen como atributo primordial la sencillez y la humildad.

Mi conturbación y torpeza los resolvió ella, tratándome como si el importante fuera yo y como si me hubiera conocido desde toda la vida. Me llamó por mi nombre, a mí, un desconocido, y hasta me hizo creer que era destacado en mis modestos menesteres de economista, pues hasta hizo referencia a algún artículo mío que había sido publicado sobre asuntos monetarios o de índole parecida, desprovisto de trascendencia.

A partir de ahí conecté con ella, con sus vibraciones intelectuales y morales, y no dejé de admirarla nunca.

Recuerdo haberme preguntado a mí mismo en algún momento cómo era posible que ella, construida con la materia frágil de la porcelana fina, afectada por la endeblez de un cuerpo leve, podía atesorar un carácter tan recio y una voluntad tan potente.

Nunca supe cómo una mujer lastrada por el asma, disminuida por los años, mediatizada en la lectura por unas gafas de vidrio grueso que atormentaban su rostro, pudo mantener hasta el final de sus días esa obsesión por la lectura y la enseñanza y el empeño de seguir escribiendo artículos que son su gran legado para este pueblo, necesitado del pan de la enseñanza y de ejemplos pulcros de vida modesta y ejemplar.

En su larga vida, marcada por el afán de transformación de la sociedad, tuvo dos obsesiones: cambiar el sistema político, dotarlo de contenido ético para redimir la condición social de la población menos favorecida; y modificar el sistema educativo con el objeto de elevar su calidad y la capacidad de pensar de los alumnos.

Esas dos obsesiones nunca la abandonaron. Dedicó todos los minutos de su extensa vida a luchar activamente en pos de esas dos grandes metas. Y lo hizo con consagración, dedicación, afán febril, como si temiera que el tiempo no le alcanzase para culminar su obra, basada en el amor a su pueblo, en la excelencia de su magisterio, en el ejemplo de honradez y humildad que quiso brindar y ofreció a cada uno de sus semejantes.

Ahora que se ha ido quiero dedicarle, con cariño, aprecio, admiración, este recuerdo a doña Ive, como le decía cada vez que le enviaba saludos por medio de uno de sus hijos. El dolor no es solo porque se ha ido, que lo es, sino también porque empiezo a darme cuenta de que va a hacer mucha falta.

El país va a necesitar, ahora más que nunca, escuchar su voz autorizada, serena, conciliadora, su criterio firme, sus orientaciones desprovistas de intereses mezquinos y cargadas de sabiduría.

La nación, inmersa como se encuentra en una crisis inédita, sanitaria y económica, afectada por el debilitamiento de las bases del sistema político, va a echar en falta la voz de doña Ivelisse Prats, repleta de moral, de las pocas instituciones (ella era una institución) que quedaban para poner orden en el desorden, sensatez en la disputa, contención en la explosión de aspiraciones, tiento en el desenfreno, equilibrio para mantener unida y cohesionada a una sociedad necesitada de referentes y principios a los cuales aferrarse.

Querida doña Ive, que tu vuelo sea leve, y que desde la estrella en que reposas dormida sigas contribuyendo a orientar y engrandecer a tu pueblo.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.