A propósito de las votaciones
La participación de la membresía de los partidos políticos en la escogencia de sus candidaturas, se encuentra asociada históricamente a la democratización interna de estas organizaciones. En partidos autoritarios, estructurados en función de un caudillo o una dirección superior incuestionada, las bases no participan al momento de tomar este tipo de decisiones. Las fracciones y tendencias internas, miden sus fuerzas en procesos de negociación con los círculos íntimos del poder enquistados en la cúpula dirigencial; o someten sus aspiraciones a convenciones o congresos internos en los que la voluntad de la militancia se encuentra intermediada por los organismos del partido, y sobre todo, por la voluntad exclusiva de un número limitado de dirigentes. Jose Ángel Aquino, 2004
El próximo domingo los dominicanos elegiremos en las urnas -en los tres niveles electivos- a las autoridades que nos gobernarán en los próximos cuatro años. Esto fuera un acto de supremo valor democrático si los votantes fueran realmente electores; es decir, si el acto de votar representara un ejercicio de libre elección. Pero no es así, lamentablemente. El precario ejercicio de la democracia al interior de prácticamente todos los partidos es un claro indicador de la baja calidad de la democracia en sentido general. Los procesos internos de selección de candidatos -salvo las excepciones que confirman la regla- se han corrompido de tal manera que hoy tenemos candidatos que en lugar de aparecer en una boleta electoral debieran estar sentados -en el mejor de los casos- en el banquillo de los acusados. Y peor aún, muchos de ellos saldrán electos.
A pesar de esa realidad, los dominicanos son entusiastas de la política como si se tratara de un deporte, pues la abstención electoral puede considerarse como moderada cuando vemos que en los últimos procesos electorales no supera el 30%. Sin embargo, desde el año 2000, dicha abstención, ha ido paulatinamente creciendo al pasar del 23.9% a 30% en el 2012. Es probable que ese porcentaje sea superado en las votaciones del domingo, dado que el proceso electoral -desde mi óptica- ha lucido poco atractivo para motivar un flujo masivo de votantes, lo que presupone una ventaja para los partidos que disponen de mayores recursos para pagar y movilizar a los indiferentes.
La mayoría de las encuestas dan al candidato Medina un porcentaje en la frontera del 60%, para una brecha de unos 23 puntos porcentuales con relación a su más cercano oponente. Esto significa que las probabilidades de una segunda vuelta -de acuerdo con esos sondeos- lucen remotas. Las brechas más amplias en los resultados electorales ocurrieron en 1962, cuando el Prof. Bosch prácticamente duplicó los votos de la Unión Cívica Nacional, para una brecha de unos 30 puntos porcentuales. La siguiente brecha más amplia ocurrió en el 2004 con el Dr. Leonel Fernández superando al Ing. Hipólito Mejía por un margen de 24 puntos porcentuales. Obviamente, no estamos considerando las ‘elecciones’ del 1970 y 1974, celebradas con una simbólica oposición en las que el Dr. Balaguer ganó con un margen de 40 y 69 puntos porcentuales, respectivamente.
Estas votaciones, además, reafirmaran el bipartidismo que en la historia reciente ha dominado el escenario político dominicano; aunque los partidos polarizados no necesariamente han sido los mismos. Asumimos que un resultado electoral en el que dos partidos obtienen más del 80% de los votos es una polarización. Por ejemplo, en 1962 ya vimos que la polarización se dio entre el PRD y la UCN, mientras que para el 1966 los polos fueron el PRD y el Partido Reformista. En esos comicios dos partidos obtuvieron el 90% en 1962 y 95% en 1966 de los votos emitidos. La polarización entre el PRD y el Partido Reformista se mantuvo hasta las elecciones del 1986. Es en estas elecciones que el PLD emerge como una fuerza electoral, al obtener un 18% de los votos emitidos. Es en las votaciones de 1990 cuando por primera y única vez, luego de la caída de la dictadura de Trujillo, se rompe la polarización electoral. Tres fuerzas políticas -PRSC (36%), PLD (34%) y PRD (23%)- se distribuyeron el 93% de los votos emitidos en los comicios de 1990. Esto no volvió a ocurrir en ninguno de los subsiguientes procesos electorales celebrados hasta el 2012, los que estuvieron dominados por el PLD y el PRD.
En las votaciones del domingo se espera que la polarización se dé entre el PLD y el PRM, partidos que podrían acaparar el 90% de los votos que sean emitidos. Por su parte, el Presidente Medina, quien ha competido con una ostensible superioridad de recursos económicos, tiene ante sí los desafíos de superar los porcentajes de votos obtenidos por Bosch (59.5%) en el 1962 y Fernández (57.1%) en el 2004, y ganar con un margen superior. Después de todo, su éxito electoral pudiera medirse con esos referentes. En dos días sabremos.
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Pedro Silverio Alvarez
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