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Cecilia García
Cecilia García

Antología de la canción dominicana

Un Teatro Nacional repleto de gente, colmado de mascarillas, fue testigo de una obra cumbre. La selección de las canciones y compositores, impecable. La escogencia de los intérpretes, acertada. La dirección musical y los ejecutantes, extraordinarios.

Este pasado fin de semana tenía planes de pasarlo fuera de Santo Domingo. Los cambié porque recibí una invitación, bien motivada, para que asistiera el pasado sábado 11 de diciembre al espectáculo titulado Antología de la música popular dominicana. Decidí quedarme para presenciarlo y ¡Cuánto me alegro de haberlo hecho!

Ya antes había participado en la elaboración de la Gala de la música mocana, acontecimiento singular y hermoso presentado en el Teatro de Bellas Artes, que llevó a los participantes, impulsados por el entusiasmo, hasta a querer bailar encima de los asientos.

En ese entonces, en mi calidad de presidente de la Asociación de Mocanos Residentes en SD (2013-14), quería ofrendar algo perdurable a mi pueblo y convoqué a gente de luces y entusiasmo desbordado para que elaboráramos el proyecto. El talento de Luis Ovalles, Víctor Taveras, Adriano Miguel Tejada y José Rafael Lantigua, combinados, hizo el milagro, y el espectáculo, grabado en un video para la posteridad resultó extraordinario, apoteósico.

Esos recuerdos venían a mi mente. Tenía el presentimiento de que algo grande ocurriría. Lo sospechaba. Y así fue. Lo vivido este sábado pasado en el Teatro Nacional fue algo fuera de serie.

El amigo José Rafael Lantigua, a sabiendas de que suelo estar fuera de Santo Domingo los fines de semana, introdujo la invitación. Me dijo que de seguro el espectáculo me interesaría por la previa experiencia de haber sido “promotor e ideólogo de la antología de la música mocana”. ¡Se lo agradezco de corazón!

Un Teatro Nacional repleto de gente, colmado de mascarillas, fue testigo de una obra cumbre. La selección de las canciones y compositores, impecable. La escogencia de los interpretes, acertada. La dirección musical y los ejecutantes, extraordinarios. El público, fervoroso, entregado. El recinto, regio.

Cecilia García, Danny Rivera y Maridalia Hernández lucieron superbos en sus interpretaciones, complementados en ocasiones por Jacob Henríquez, Jandy Ventura, otros acompañantes y coros. Hicieron gala de timbres de voz excelsos. Parecían disfrutar en plenitud de lo que acontecía, conscientes de que era una oportunidad única para escalar el peldaño más alto y consagrarse para siempre en la memoria colectiva.

Dante Cucurullo, al frente de la Sinfónica del Teatro Nacional, logró armonizar sonidos vibrantes, bien sostenidos, con la participación más que destacada de los maestros Gustavo Rodríguez, incansable en pulsar las teclas del piano y en la simultánea interpretación paralela de las canciones como si en el parpadeo de dejar escapar una nota se le fuera la vida, y Carlos Luis concentrado en exprimir con virtuosismo las cuerdas de la guitarra.

El contraste entre las composiciones del pasado siglo que se alejan en el tiempo (Mario de Jesús, Papa Molina, Cuto Estévez, Luis Kalaff...) y las del siglo en curso con mezclas de ritmos y fusión (Juan Luis Guerra, Luis Díaz), fue notorio.

Expectante el público, encendido, partícipe, eufórico, entregado, reciprocaba con sus cálidos aplausos la entrega musical de calidad tan bien lograda.

Nunca he tenido claro si en las canciones impera la letra o lo hace la música. Hay poemas que en sí son melodías y melodías que constituyen poemas. La música no necesita explicaciones; se ilustra y se basta sin amuletos porque llega a los intersticios más profundos, sin paredes que la restrinjan ni la acomoden.

Pero sucede que la música requiere de una historia que la recree y deje huellas de su devenir en formato impreso o, en estos tiempos, digital. En ese aspecto es dependiente de la palabra.

La historia de esta antología la escribió José Rafael Lantigua. Y lo hizo con maestría y empeño porque no podía achicarse ante la escrita, hace 41 años, surgida del talento y de la mano de Yaqui Nuñez del Risco y de Soledad Álvarez.

A la entrada del teatro se entregó a los asistentes un libro de su autoría que contiene un prólogo (La palabra cantada), la semblanza de los intérpretes, la letra de las canciones y una apretada biografía de los compositores. Escrito con fina prosa, es un material destinado a ser referencia y consulta obligada para todos aquellos que se interesen por el acaecer de la canción popular dominicana.

Como dice Lantigua en su prólogo: “Que esta noche sea recordada por todos, gracias a los compositores reunidos en esta antología que reescribieron, desde sus letras y desde sus pentagramas, el país de todos”.

Lo será, en parte por el video grabado que perdurará y gracias también a la palabra cantada recogida con fervor, dedicación, amor y brillantez en este libro.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.