Bosch y la lucha de clases

... la única conclusión que podemos sacar es que en República Dominicana, tras 31 años de dictadura y oscurantismo cultural, la cultura política de los dominicanos de entonces era algo más que pobre. Sobre todo, cuando leemos uno de los debates que siguieron, unos años después del golpe de Estado de 1963, que Juan Bosch había traído la lucha de clases a República Dominicana, como si la lucha de clases fuera una ideología.

La cultura política dominicana tras la muerte de Trujillo en 1961 era más que pobre. Luego del ajusticiamiento del tirano, el debate político se limitó principalmente a dos acusaciones que podían tener efecto pernicioso en el futuro elector dominicano: el trujillismo y el comunismo.

Ambas acusaciones, porque tildar a alguien de trujillista o de comunista en esa época, era incluso algo más que una simple acusación, tendían a aniquilar a quien se le demostrara la más mínima simpatía por cualquiera de las dos o de las dos, como sucedió con Juan Bosch tan pronto puso pie en República Dominicana el 20 de octubre de 1961, luego de casi 24 años de exilio y de lucha antitrujillista en Cuba y varios países de América Latina.

La campaña política de Bosch, entonces presidente del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y su candidato natural a la Presidencia de la República, se inició con las palabras que dijo a la prensa a su llegada a la Casa Nacional del PRD. Bosch planteó que había que tratar de vivir en armonía y descartaba la persecución como solución que “los dominicanos no podemos vivir como la hiena, dándole vueltas al odio”. Estas palabras, publicadas luego en una hoja suelta titulada Hay que matar el miedo, dieron pie a la Unión Cívica Nacional (UCN) para desacreditar a Bosch diciendo que era trujillista.

Bosch nunca se defendió de esta acusación. Ni siquiera quiso recordar que en 1934 había sido acusado de terrorista por la tiranía. Para él, como explica en Crisis de la democracia en América en República Dominicana, no podía defenderse porque su defensa implicaba acusar a otros de trujillistas, plantear, como los cívicos, un acoso a todo aquel que había trabajado con el régimen. Lo que quería decir una gran mayoría de los dominicanos.

Los efectos de esta acusación al ya candidato a la Presidencia por el PRD fueron mucho más favorables que desfavorables. Lo mismo sucede con la acusación de comunista que le acompañó durante la campaña, llegando al extremo de sostener un debate televisivo con el sacerdote jesuita Láutico García el 17 de diciembre de 1962. El resultado de esa confrontación pública luego que el padre García reconociera que Bosch no era marxista-leninista, al decir de algunos analistas políticos de la época, fue uno de los factores para que Juan Bosch fuera elegido con algo más de 59% de los sufragios expresados.

Sin embargo, a pesar del debate y de una victoria electoral arrolladora en las elecciones del 20 de diciembre de 1962, Bosch fue derrocado siete meses después de haber tomado posesión como presidente de la República acusado de comunista y trujillista. Acusaciones que fueron impresas en una obra infame titulada El libro blanco de las Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional de la República Dominicana (Estudios y pruebas documentales de las causas del Movimiento Reivindicador del 25 de septiembre de 1963).

Al leer este voluminoso panfleto la única conclusión que podemos sacar es que en República Dominicana, tras 31 de dictadura y oscurantismo cultural, la cultura política de los dominicanos de entonces era algo más que pobre. Sobre todo, cuando leemos uno de los debates que siguieron, unos años después del golpe de Estado de 1963, que Juan Bosch había traído la lucha de clases a República Dominicana, como si la lucha de clases fuera una ideología.

El vocabulario político utilizado por Bosch durante la campaña electoral de 1962 dio origen a que se le acusara de haber “traído” la lucha de clases. Para designar a los pobres decía “hijos de machepa”, se refería a los ricos como “tutumpotes”. En fin, un vocabulario que designaba las diferentes clases sociales y que al mismo tiempo le resultaba de fácil comprensión al pueblo. En una ocasión fue acusado por el candidato de la UCN, su principal rival, de querer aumentar el salario de las domésticas a 60 pesos. Bosch no se defendió, porque como él mismo explica en Crisis de la democracia..., el Dr. Viriato Fiallo le estaba haciendo la campaña. Sólo la falta de cultura política permitía un discurso semejante al que sostenía la UCN en 1962.

Con el tiempo y la cultura política que ha ido adquiriendo el dominicano se ha disipado ese absurdo de que Juan Bosch trajo la lucha de clases a República Dominicana. Hoy podemos reírnos de esa acusación, pero había que pensar que lo que se estaba propagando era que Bosch había sembrado el odio en un país en que las clases sociales vivían en armonía y en la que el servicio doméstico era tratado como parientes. La acusación, aunque la habían lanzado sectores antitrujillistas, dejaba entredicho que durante la era de Trujillo, a pesar de la opresión que sufría el pueblo, no había lucha de clases.

La cultura política se desarrolló realmente a partir de la revolución de abril de 1965. Sin embargo, aún en 1966 hubo quienes, por defender a Bosch de una acusación tan grave como absurda, han dicho, con la mejor intención, que si Bosch no hubiera traído la lucha de clases a República Dominicana, otro lo hubiera hecho, porque era inevitable...

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