06 NOV 2017, 12:00 AM

Cambio democrático para un nuevo comienzo

Está en desarrollo un movimiento ciudadano, apartidista, que hace una vigorosa oposición política de calle, movilizando a la ciudadanía y enfrentando el flanco más débil del dominio peledeísta: la corrupción de sus gobiernos y el régimen de impunidad que han propiciado.

20171106 https://www.diariolibre.com

Solo alguien sumergido en un profundo delirio puede plantear que en la coyuntura en desarrollo sea posible derrocar el gobierno del PLD por vía de la movilización ciudadana y la huelga general, formar un gobierno provisional, convocar una asamblea constituyente y llamar a nuevas elecciones.

En artículos anteriores insistí en que el PLD cierra cada vez más las vías institucionales para una salida democrática. Recordemos que frente a la propuesta de selección de una JCE y un TSE por consenso e independientes, el PLD se impuso unilateralmente. Igual camino lleva la Ley de Partidos Políticos, en la llamada comisión bicameral, en espera, descaradamente, de la decisión del Comité Político.

Que el PLD continúe cerrando las vías institucionales lo que hace es obligarnos a profundizar la lucha para crear las condiciones que garanticen limpieza y equidad en las elecciones y el respeto de la legalidad electoral, pero en ninguna forma invalidan que la vía democrática para la disputa y la constitución del poder político sea la electoral.

Los planes continuistas de PLD, montando un nuevo matadero electoral, solo pueden ser detenidos por la movilización ciudadana, pacífica, ascendente y generalizada antes, durante y después del proceso electoral de 2020. Las experiencia del 1978 y del 1994 están ahí, como también la debilidad de carácter de un liderazgo político que terminó tranzándose con el adversario, impidiendo en cada caso liquidar el pasado.

En este momento se da la importante circunstancia de que los partidos no tienen el monopolio de la política ni del ejercicio de oposición. Está en desarrollo un movimiento ciudadano, apartidista, que hace una vigorosa oposición política de calle, movilizando a la ciudadanía y enfrentando el flanco más débil del dominio peledeista: la corrupción de sus gobiernos y el régimen de impunidad que han propiciado. Ese ejercicio de oposición se desarrolla principalmente a través de la Marcha Verde, como expresión de una ciudadanía que se ha sentido burlada por los partidos tradicionales y sus aliados cuando han participado en el poder.

La marcha verde le da una riqueza y potencialidad a la coyuntura en desarrollo al permitir a la ciudadanía movilizarse por si misma, en función de sus aspiraciones auténticas y sin la mediación de los partidos tradicionales en los que no se siente representada.

La movilización contra la corrupción y la impunidad, el fraude electoral, la destrucción del medio ambiente y por la vigencia de derechos sociales y económicos fundamentales, es una misma lucha contra el dominio peledeista y su modelo implantado por casi 20 años de gobierno. No hay solución parcial, sino una salida política que empieza por sacar al PLD del poder. Por esta razón es necesaria la convergencia de los sectores políticos de oposición y de la ciudadanía que se expresa en la marcha verde, o por lo menos, entre las organizaciones de ambos espacios que tengan esta disposición y visión.

Converger no es más que establecer puntos de encuentro y de compromiso, en este caso, entre fuerzas partidarias y sectores sociales y ciudadanos que permitan avanzar desde una plataforma común contra un mismo adversario.

En ninguna forma la convergencia es la creación de un nuevo aparato o la integración de unos en otros. Cada sector tiene que mantener su naturaleza –uno partidario y el otro ciudadano—y su autonomía y desde ellas jugar el papel que a cada uno le corresponde.

La convergencia tiene que configurarse por medio de múltiples compromisos, en torno a reformas y transformaciones concretas que representan el mínimo indispensable para producir un cambio democrático en el país.

Se trata de converger, entre otros, en un compromiso por la transparencia y contra la impunidad, para llevar los corruptos a la cárcel y recuperar lo robado. En un compromiso por la institucionalidad y legalidad democráticas, haciendo las reformas que garanticen la independencia del sistema judicial, del electoral, de la cámara de cuentas y del ministerio público. En un compromiso por la seguridad ciudadana, transformar la Policía Nacional y adoptar una política integral contra la delincuencia y la violencia. En un compromiso por la protección del medio ambiente y el recurso agua, parando la minería que devasta cordilleras, ríos y poblaciones. En un compromiso por el impulso de la producción, revisar los tratados de libre comercio y enfrentar las mafias importadoras. En un compromiso para transformar el régimen de seguridad social y de los sistemas de salud y de educación para hacerlos universales y de calidad. En un compromiso por la vivienda digna y el transporte seguro. En un compromiso para asumir el control de nuestras fronteras y enfrentar el actual desorden migratorio. En un compromiso para detener el irresponsable endeudamiento, renegociar y reestructurar la deuda pública existente.

Podemos y debemos conformar una voluntad política trascendente que le dé a la coyuntura y a la movilización ciudadana en desarrollo, una direccionalidad política precisa: producir en el 2020 el cambio democrático para un nuevo comienzo.

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