20180504 https://www.diariolibre.com

«Esta mañana, la República Dominicana cambió su reconocimiento diplomático de Taiwán hacia China. A la luz de esto, yo quiero dejar claro: nosotros continuaremos protegiendo nuestra libertad y nuestra democracia. Defenderemos nuestros propios intereses nacionales. Nunca nos inclinaremos a las presiones de Beijing. Taiwán aprecia mucho las relaciones con todos nuestros aliados, pero no nos involucraremos en la diplomacia del dólar. Nosotros hemos propiciado una cercana cooperación en las áreas de infraestructura, agricultura, educación, cuidado de la salud e inversión. Y continuaremos haciendo esto en una manera sostenible y responsable». Textos tuiteados por Tsai Ing-wen, Presidenta de Taiwán.

Las declaraciones de la presidenta de Taiwán muestran su inconformidad –lógicamente- por otra pérdida en su lucha diplomática para asegurar la integridad de su nación. Es una lucha que China continental ha estado ganando con base en su paciencia y en el poderío económico que ha ido construyendo en las últimas cuatro décadas. No se necesita ser adivino para anticipar el desenlace final de una lucha tan desigual. El aislamiento progresivo de Taiwán parece irreversible y es solo cuestión de tiempo para que las restantes naciones –son menos de dos docenas- formalicen sus relaciones diplomáticas y comerciales con el gigante asiático. Hong Kong pudiera ser un buen referente para que Taiwán, enfrentado con lo inevitable, redefina su estatus frente al poderoso y reclamante vecino.

China y Taiwán han estado librando, desde la instauración del régimen socialista en la parte continental en 1949, una batalla en el plano internacional que finalmente determinará la suerte de Taiwán, ya sea como nación independiente o como parte integral de la denominada República Popular de China. Hasta los finales de la guerra fría Taiwán fue beneficiario de su alianza con Estados Unidos, lo que facilitó su supervivencia como nación. Sin embargo, en las últimas dos décadas la situación internacional ha ido cambiando significativamente a favor de las pretensiones de China continental; especialmente, después de la entrada de este país a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 2001. Se trata de un período que pudiera ser calificado como el período de ‘la diplomacia del dólar’ o, como otros lo han llamado, ‘la diplomacia de chequera’. Tanto China como Taiwán han sido parte de ese juego. Ambas naciones han utilizado ‘la diplomacia del dólar’ para mantener la lealtad de sus aliados y/o lograr nuevas lealtades. Por eso, resulta bastante creíble la acusación que hace Taiwán a Beijing de utilizar cuantiosos recursos para que la República Dominicana reconociera su política exterior basada en el «Principio de una sola China». Es lógico suponer que los beneficios económicos dominen las relaciones internacionales luego de que las ideologías hayan quedado reducidas en la actualidad a un plano tan secundario.

Ahora bien, el entusiasmo por las nuevas relaciones con China merece alguna matización. Una investigación del Centro de Estudios Asia Pacífico (Universidad EAFIT) –La presencia de China en América Latina (2016)- muestra una realidad que debe servir de alerta para las políticas públicas. De acuerdo con los datos de dicho estudio, el comercio total entre América Latina y China se aproxima a los USD 300,000 millones, pero con un déficit que supera los USD 80,000 millones en favor de China. Asimismo, el estudio establece que más del 70% de las exportaciones latinoamericanas hacia China están concentradas en cuatro productos: soya, petróleo, minerales de hierro y cobre. Con esto se reproducen las “reprochables” relaciones de una periferia (Latinoamérica) exportando productos primarios a un centro industrializado (China) que les vende los productos manufacturados. De hecho, el índice de dependencia de las exportaciones latinoamericanas con relación a China ha estado creciendo en los últimos años, lo que, a su vez, expone a nuestras economías a los ciclos de la economía china y las hace más vulnerables. Y, destaca el estudio, que las exportaciones de la región hacia China tienen un menor valor agregado que sus exportaciones a otras partes del mundo.

En ese contexto, la República Dominicana tiene un balance comercial deficitario con China que ronda los USD 2,000 millones –exportamos muy poco y las importaciones son unos dos mil millones de dólares-. Y aunque no se trata de un acuerdo de libre comercio –algunos países como Chile, Perú y Costa Rica ya lo tienen- se puede esperar que el inicio de las relaciones diplomáticas abra espacios para un mayor intercambio comercial, financiero y cultural entre ambas naciones. Particularmente, es posible que el Gobierno dominicano tenga acceso a una nueva fuente de endeudamiento en el gobierno chino, que ha sido muy receptivo a las necesidades de financiamiento de los gobiernos amigos, como ha sido el caso de Venezuela que en la última década ha recibido financiamiento chino por más de USD 50,000 millones.

Indudablemente, el inicio de las relaciones diplomáticas con China es un paso positivo, en principio. Pero todo dependerá de lo preparado que esté el país para asumir los retos que eso significa, tanto en lo institucional como en lo económico. Desde el punto de vista institucional, los inversionistas chinos tienden a ser moralmente más laxos en sus relaciones con los funcionarios públicos y, por tanto, más propensos a los sobornos. Si encuentran terreno fértil la siembra será copiosa. Desde el punto de vista económico, la escasa diversificación de las exportaciones dominicanas, en términos de volúmenes, plantea una asimetría entre ambas economías que solo puede abordada con políticas públicas que promuevan una mayor oferta exportadora. De lo contrario, pudiéramos estar «atajando para que otro enlace».

Pedrosilver31@gmail.com

@pedrosilver31

COMENTARIOS
Para comentar, inicie sesión o regístrese