El problema del conocimiento y la experimentación en economía

«Me parece que esta incapacidad de los economistas para guiar la política económica con mayor fortuna se liga estrechamente a su inclinación a imitar en la mayor medida posible los procedimientos de las ciencias físicas que han alcanzado éxitos tan brillantes, un intento que en nuestro campo puede conducir directamente al fracaso. Es este un enfoque que se ha descrito como la actitud ‘científica’ y que en realidad, como lo definí hace cerca de treinta años, ‘es decididamente anticientífica en el verdadero sentido del término, ya que implica una aplicación mecánica y nada crítica de hábitos de pensamiento a campos distintos de aquellos en que tales hábitos se han formado’». Friedrich A. Hayek, La pretensión del conocimiento, 1974

Releer La pretensión del conocimiento de Hayek es siempre reconfortante, especialmente en esta época del año, y en un momento en el que se han puesto de moda lo métodos experimentales en la economía; al punto de que el premio Nobel fue compartido este año con tres meritorios economistas. En nombre de los galardonados, Esther Duflo pronunció –el pasado 8 de diciembre – el discurso de aceptación en la ceremonia oficial. Fue uno de los discursos más breves – apenas, unos cinco minutos –, en el que destacó los avances de la experimentación en la economía y, también, los fracasos.

Entre el discurso de Hayek – pronunciado hace 45 años en similar ceremonia – y el discurso de Duflo pudiéramos encontrar algunos puntos de encuentros, pero notables diferencias en el enfoque que cada uno utiliza para analizar el proceso de generación de conocimiento en la economía; es decir que ambos buscan cómo mejorar el conocimiento que los diseñadores de políticas públicas deben tener para que dicha política sea más eficiente. Y, probablemente, ahí terminen las coincidencias. Para Hayek, la economía no es una ciencia experimental; mientras que Duflo fundamente su metodología en la experimentación aleatoria de eventos controlados, muy utilizados previamente en las ciencias médicas.

En Hayek se puede apreciar una fuerte crítica a los economistas que adoptan simplemente los métodos de las ciencias físicas, bajo la creencia que eso le da a la economía un mayor carácter científico. Sin embargo, el objeto de estudio en las disciplinas sociales es muy diferente al objeto en «la física, química, o cualquier otra disciplina experimental. Como muy bien argumenta Hayek, las ciencias sociales, como gran parte de la biología, pero al revés de la mayoría de los campos de las ciencias físicas, deben ocuparse de estructuras dotadas de una complejidad esencial; es decir, de estructuras cuyas propiedades características sólo pueden mostrarse por modelos integrados por un número relativamente grande de variables».

Y es, precisamente, esta «complejidad organizada» de las disciplinas sociales lo que hace casi imposible replicar la conducta humana en experimentos controlados, sean aleatorios o no. En las denominadas ciencias exactas es posible conducir experimentos que validen una teoría; como se sabe, en el mundo físico los movimientos e interrelaciones entre los objetos o partículas no tienen un propósito, como ocurre en las disciplinas sociales. Esta distinción es fundamental para entender que los resultados de un experimento económico pueden variar con el paso del tiempo, aunque se mantengan las mismas condiciones materiales y los mismos actores. Si cambian los propósitos, ceteris paribus, los resultados pueden ser totalmente diferentes.

Un ejemplo muy oportuno que utiliza Hayek es el de un juego de beisbol: «Si conociésemos unos cuantos hechos particulares además de nuestro conocimiento general de la capacidad de los jugadores individuales, tales como su estado de atención, sus percepciones y el estado de sus corazones, pulmones, músculos, etcétera, en cada momento del juego, probablemente podríamos pronosticar el resultado». Aun conociendo las estadísticas particulares de cada jugador sería muy difícil un pronóstico certero del juego, independientemente de que un equipo se presente como el mejor. Y menos aún, pronosticar el resultado de toda una temporada a partir de un juego que podría verse como un experimento. Eso lo saben muy bien los fanáticos del beisbol.

La experimentación – reconociendo, de paso, su utilidad – no puede concebirse como un sustituto de la teoría económica; sobre todo, porque la propia experimentación requiere de una teoría que la guíe. Pero, además, los experimentos son específicos al contexto en el que se realizan, y no pueden ser generalizados. En el contexto dominicano no parece aconsejable aplicar una política fiscal basada en la experimentación, sin una fundamentación teórica. ¿Cuáles serian los criterios ordenadores de una política fiscal experimental?

Es una verdad axiomática que el conocimiento en la economía es disperso y, con mucha frecuencia, tiene una distribución asimétrica. Dadas esas características, resulta casi fútil tratar de acumular el conocimiento a través de la vía experimental. Simplemente, el conocimiento total varia constantemente y no puede ser acumulado en una unidad o individuo. El mecanismo idóneo para que el conocimiento disperso pueda coordinarse de manera eficiente es a través de un orden institucional amigable al mercado. De hecho, los procesos económicos envuelven implícitamente el procedimiento científico de prueba y error. Las decisiones de los inversionistas, por ejemplo, son una forma de prueba y error; con la diferencia de que deben poner, en general, su propio capital en riesgo, a diferencia de los gobiernos.

Duflo dijo que el tipo de experimentación que utilizan, tanto ella como sus colegas, se había utilizado previamente en la medicina – para muchos un conflicto ético entre la crueldad animal y la utilidad para los seres humanos... El problema en economía es que no hay sustitutos cercanos para los seres humanos...

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