Del microcrédito empresarial a las microfinanzas familiares

La visión inicial del desarrollo de las microfinanzas en la Republica Dominicana fue eminentemente crediticia y exclusivamente empresarial. Se servía crédito solamente a los negocios y se fundamentaba en la premisa de que la provisión de financiamiento a los negocios de una masa pobre de la población redundaría en mejores ingresos para ese grupo y por ende en un incremento apreciable en la calidad de vida de la unidad familiar.

Así, se desarrolló en el país una cantidad apreciable de oenegés, sobre todo al final de la década de los años 80 y los 90, que fueron experimentando con diversas metodologías para alcanzar esa población micro empresarial. La metodología de entonces de los “préstamos escalonados” dominaba el microcrédito y suplantaba en parte la ausencia de información histórica contable mientras que el requisito de al menos seis meses como negocio en operación pretendía segregar los malos inventos de los solicitantes.

A finales de los 90, con la aparición del primer banco especializado y enfocado en las micro y pequeñas empresas (1997) se inició un proceso de conversión desde ONG hacia esquemas de banca regulada, inicialmente bajo la figura de bancos de ahorro y crédito. El microcrédito se tornó entonces en microfinanzas, al proveer a las microempresas servicios financieros más completos, incluyendo sobre todo ahorros y en algunos casos microseguros. Mientras las ONG seguían enfocando el microcrédito, las instituciones reguladas se estrenaban en las microfinanzas, pero permaneciendo en el ámbito empresarial. Es decir, se servía sobre todo las necesidades del negocio, y se veía como importante el segregar los flujos del negocio de los flujos del ambiente familiar.

Poco a poco se fueron diferenciando las ONG y los bancos regulados. Las primeras empezaron a requerir fondos que ya los donantes no donaban mientras que los bancos regulados cargaban con los costos de la supervisión y los inmensos gastos en estructura y tecnología requeridas para cumplir con las regulaciones.

El MIX Market, una empresa dedicada a la métrica de los temas de inclusión financiera, estableció recientemente un estudio comparativo de los principales indicadores financieros a nivel mundial según el esquema legal desde el que operaban las instituciones. Se encontró que en general los bancos regulados servían un poco menos microempresas que las ONG, otorgaban préstamos hasta cuatro veces la media de las ONG y mantenían indicadores de mora ligeramente por encima de sus pares sin fines de lucro.

En República Dominicana probablemente seamos una excepción a estas tendencias, sobre todo por la presencia de algunos bancos regulados especializados que han cuidado su vocación inicial de servir a los más pobres del país, aunque la información estadística recogida en otros países parece indicar que mientras más estricta sea la supervisión más difícil y costoso se hace llegar a los más desfavorecidos. En este sentido, la Superintendencia de Bancos continuamente dialoga con las instituciones a fin de lograr un esquema supervisor eficiente sin que represente una carga indebida.

En un reciente trabajo de Robert Cull y Jonathan Murdock para el Banco Mundial titulado “Microfinance and Economic Development” (Noviembre 2017) se investiga la cuantía del impacto real de las microfinanzas empresariales para reducir la pobreza. Y auqnue hay evidencias de la reducción provocada de la pobreza, se señala que el impacto es más bien modesto en reducir la pobreza, en mejorar las condiciones de vida y en potenciar los micronegocios. Luego de analizar los resultados de seis investigaciones, la visión resultante es que la evidencia empírica para apoyar los microfinanzas empresariales como mecanismo para reducción de la pobreza eran, a lo más, modestas. Los estudios muestran puntos brillantes y de éxitos y demuestran que en general, los microcréditos empresariales benefician los negocios. Lo que no queda claro es el enlace entre la mejoría de los negocios y la reducción de la pobreza familiar.

Parece obvio que el tema de la pobreza no se resuelve solamente con una eficiente provisión de fondos, sean estos bajo un esquema crediticio o de donación controlada. Muchos otros ingredientes parecen conformar la receta para lograr la promoción a niveles superiores de calidad de vida como, por ejemplo, la calidad del medioambiente, los niveles de educación y el esquema imperante de valores éticos.

Sin embargo, desde el punto de vista de la financiación de la vida, el principal problema de la pobreza tiene la doble cara de la falta de recursos y la incertidumbre y lo impredecible del acceso a esos recursos. Los resultados de lo expuesto, lejos de ser una crítica a las microfinanzas empresariales, son una invitación a expandir la visión de las microfinanzas desde un ámbito meramente empresarial hacia un ámbito un poco más familiar, facilitando a los hogares un flujo adicional de fondos. Las microfinanzas deviene entonces una fuente de liquidez, dando origen a las microfinanzas familiares.

Esta visión puede ser novedosa para las instituciones dedicadas a las microfinanzas, invitadas a enfocar también al mercado de miles de empleados que no tiene especial interés en poner un negocio u operar por cuenta propia, pero que necesitan financiamiento para mejorar su bienestar. No se trata de dejar las microfinanzas empresariales sino en pensar de un modo diferente y más amplio, sin perder de vista a las microempresas, e incluir el ámbito familiar.

Mario Dávalos es Presidente de FondoMicro

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