Desvaríos pandémicos
Los protocolos de manejo de la pandemia tienen que calibrar el umbral real de riesgo; no el imaginario. En base a nuestra circunstancia, la información disponible apunta a que podría autorizarse a que la gente vuelva pronto a sus actividades habituales, en forma escalonada.

Cucharita, parecería ser que el COVID 19 es más benigno en el calor que en el frío.
-- ¿No será que las pruebas de contagio son pocas y ninguna de inmunidad?
Los datos muestran que en nuestra latitud el virus no contagia con la tasa de replicación de Nueva York, Milán, o Madrid, áreas de baja temperatura, ni es tan letal. Si no lo crees, cuenta los pacientes en cuidado intensivo y los muertos de allá y compáralos con los de aquí.
--Ya están contados y la diferencia es mucha.
Pues, fíjate también que en la línea fronteriza hay menor incidencia del COVID-19. Allí hace aún más calor. Ese podría ser el factor diferenciador.
-- Entonces, la política de vuelta a la normalidad tendría que ser más ágil aquí que en los países del norte, ¿verdad que sí?
Los protocolos de manejo de la pandemia tienen que calibrar el umbral real de riesgo; no el imaginario. En base a nuestra circunstancia, la información disponible apunta a que podría autorizarse a que la gente vuelva pronto a sus actividades habituales, en forma escalonada.
--Abimbaíto, siempre y cuando se mantenga la distancia social mínima, uso de mascarilla, lavado de manos y se disponga de insumos y pruebas para saber en qué situación estamos. Es imperdonable que todavía no sepamos cuál población está inmunizada y cuál no.
Y eso que alardeábamos de tener aliados en el mundo y expertos en comercio, pero no se consigue ni un palito de coco para realizar las pruebas masivas. Estamos a la cieguita.
--La vertiente social del problema indica la necesidad de evitar que la economía se descuajaringue y se provoque la muerte de mucha gente por explosión social y asfixia productiva. La multitud que salió a las calles en Puerto Plata es un aviso de la desesperación de la comunidad.
Por lo que estoy mirando, del confinamiento se saldría según las autoridades vayan viendo lo que están haciendo en los países del norte. Guacanagarix se pliega y espera a ver lo que hacen los otros.
--Es peligroso seguir dejando a este pueblo sin trabajo ni ingresos, cuando pudieran reanudarse las actividades siguiendo un protocolo de distanciamiento e higiene. Además, a la vuelta de la esquina están las elecciones nacionales, incompatibles con las medidas de excepción.
Cucharita, hablando como los locos, el Centro de Inteligencia (C5i) parecería ser un avance para asuntos de defensa y seguridad, bajo la premisa de que el personal humano es de igual calidad que los aparatos adquiridos, no vaya a ser que ocurriera lo mismo que con el voto automatizado: muchos aparatos electrónicos, pocas cabezas para dominarlos.
-- Pero no tiene sentido que a ese Centro se le otorgue autoridad para monitorear asuntos de la vida civil, por ejemplo, el seguimiento de los casos del coronavirus. De ahí podría pasarse al “coronacualquiercosa”. El predominio tiene que ser de lo civil sobre lo militar. Al sistema sanitario hay que darle recursos holgados para que opere con autonomía, calidad y suficiencia.
Cuando el poder quiere prolongarse apela a embelesar a los militares. Hay que reequilibrar las prioridades.
-- ¿Has visto las mascarillas que usan las autoridades?
El presidente y algunos funcionarios se adornan con una negra, con estandarte rojo; muy chic. Recuerdan las sutilezas de las máscaras del carnaval de Venecia. Hacen juego, discreto, con la ropa. Otros las llevan blancas, de buena terminación. Con filtros.
--En cambio, tú y yo, Abimbaíto, portamos como bozal la tela del calzoncillo medio roto, doblada en dos. No es estigma. En los campos colaban el café en coladores hechos con medias viejas de las abuelas. Así es la sociedad, estratificada según clase de suertudos; perdón, clases sociales.
Cucharita, ¡qué país, carajo! Se deja a la intemperie a quienes proveen la alimentación. Los frutos del campo se pierden, a nadie le importa que los agricultores quiebren. Les ofrecen retazos de bazares en verbena. Los obligan a congelar precios, sin controlar el costo de los insumos, ni comprar la cosecha que no tiene salida, ni atender los daños por fenómenos naturales.
--A propósito, ¿has notado cuantos genios como Albert Einstein han surgido en los últimos tiempos, incluyendo al barbudo Eduardo que firma estos artículos?
A fe mía, llevará el mismo camino, pero no por el lado de la ciencia.
--Le ha sido imposible pelarse. Ya tiene cara y pelo de loco, equiparable a la condición de genio.
En tiempo pandémico cualquiera es un Einstein, no por sus ideas, sino por su enhiesta greña.

Eduardo García Michel