×
Compartir
Secciones
Última Hora
Podcasts
Encuestas
Servicios
Plaza Libre
Efemérides
Cumpleaños
RSS
Horóscopos
Crucigrama
Herramientas
Más
Contáctanos
Sobre Diario Libre
Aviso Legal
Versión Impresa
versión impresa
Redes Sociales
Año Escolar
Año Escolar

El año escolar

Hay una contradicción palpable: el toque de queda se ha flexibilizado y el país está abierto para el turismo y las diversas manifestaciones del trabajo; en cambio, está cerrado para la escuela presencial, siendo, como lo es, la base del futuro.

El filósofo Vitriólico, preocupado por los problemas de la comunidad, exclama: — Lamento tener que insistir en que la mediatización del curso escolar constituiría un enorme retroceso. La educación es demasiado importante para dejarla en manos de los políticos y expertos.

Abimbaíto, asombrado, le pregunta: — ¿Entonces en manos de quién deberíamos dejar la educación? ¿Acaso no corresponde a los políticos regir el destino de la nación y a los expertos aplicar sus conocimientos en el área de su dominio?

Vitriólico, imperturbable, le contesta: — A los políticos hay que mantenerlos ocupados para alejarlos de sus intereses propios y forzarlos a que lleven a buen puerto las iniciativas de engrandecimiento de la sociedad. A los expertos hay que encauzarlos para que vean la globalidad de las cosas, no la especificidad de lo infinitesimalmente finito.

— Precise, filósofo.

— Hay que poner la escuela en manos de aquellos que sepan administrar procesos educativos con eficiencia, para conformar un sistema educativo cuyos estudiantes aprendan a pensar y adquieran las herramientas básicas que les aseguren insertarse con éxito en la vida productiva.

— Extiéndase en su explicación. -replica Abimbaíto. Y Vitriólico explica:

— Hay que dejar atrás la escuela concebida como negocio de beneficiarios múltiples (constructores, proveedores, sindicatos de maestros) y arena vastísima para amamantar aspiraciones políticas. Hay que hacer descansar su desempeño en la lucidez de mentes críticas dedicadas con exclusividad a la escuela, con vocación de enseñar y de servir, cuya guía sea las prácticas internacionales exitosas.

— ¿No se supone que sea así?

— El gobierno del cambio tiene en la escuela el escenario para demostrar que lo es. La apuesta triunfadora es decidir los asuntos controvertidos con mente abierta, flexible, aferrados a la institucionalidad y al interés básico de los alumnos. La perdedora, enroscarse en la concha excluyente del poder.

— Explíquese, filósofo.

— Las primeras decisiones importantes sobre el curso escolar fueron tomadas bajo la influencia de la crisis pandémica. Unas acertadas; otras podrían revisarse porque fueron adoptadas en circunstancias especiales.

— Maestro, el tiempo transcurrido es corto y el asunto complejo. La pandemia lo condiciona todo.

— La primera decisión de posponer el inicio del curso escolar al 2 de noviembre fue correcta. Se necesitaba tiempo para revisar, planificar, ejecutar. Y para esperar a que la pandemia fuese controlada mediante esfuerzos inteligentes y proporcionales al desafío sanitario.

— ¿En qué consistió la segunda decisión? -dice Abimbaíto:

— La segunda fue producto de la necesidad de definir un cauce de acción en medio de la vorágine del cambio de mando político y la agudización de la pandemia. Consistió en imponer las clases virtuales para el curso escolar 2020-2021 y en excluir las presenciales, a pesar de que no existe país en el mundo que pueda asegurar que las clases virtuales garantizan la calidad de la enseñanza y el aprendizaje, y de que resulta palmario que no estamos preparados para afrontar un reto que sobrepasa nuestra capacidad de desempeño.

— Filósofo, usted no es contrario a esa disposición, ¿verdad que no?

— Hay que reconocer que fue adoptada en medio de la incertidumbre causada por el rebrote del virus. En cualquier caso, debió de establecerse por un período corto con objeto de dar tiempo a que se controlara el contagio, pero se impuso como si la pandemia fuera a perdurar para siempre. Esa desproporcionalidad podría llevar a dar casi por perdido el año lectivo en un país de tanto atraso y eso es de extrema gravedad.

— ¿Cuál es la opción?

— Lo deseable es iniciar las clases presenciales en noviembre y continuar con el escenario virtual como complemento, al igual que lo están haciendo las naciones punteras en aprendizaje, a pesar de que su tasa de contagio es mayor que la nuestra.

— ¿En que motiva su sugerencia?

— Hay una contradicción palpable: el toque de queda se ha flexibilizado y el país está abierto para el turismo y las diversas manifestaciones del trabajo; en cambio, está cerrado para la escuela presencial, siendo, como lo es, la base del futuro. Todavía se está a tiempo de acomodar la decisión a la realidad en que se vive, salvo que se decida convertir en error lo que solo fue una opción temporal empujada por las circunstancias. ¡Cuidado con la acumulación de tropiezos!

— Filósofo, ¿sabe usted que la cabeza del ministerio de educación está dotada de inteligencia, brillo propio, ambición de transformación, amplios conocimientos?

— Razón de sobra para hacer los reajustes necesarios, evitar la mediatización del curso escolar y ahorrar al gobierno un desgaste inmerecido, habiendo tantos frentes abiertos que atender.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.