20180112 https://www.diariolibre.com

«Es importante, primero, distinguir entre ciclo de negocios y las fluctuaciones ordinarias de los negocios. Vivimos necesariamente en una sociedad de continuo e interminable cambio; cambio que nunca puede ser anticipado con precisión. La gente trata de proyectar y anticipar cambios de la mejor manera que pueda, pero tales proyecciones no pueden ser reducidas a una ciencia exacta. Los empresarios están en el negocio de prever cambios en el mercado, tanto en las condiciones de la demanda como de la oferta. Los más exitosos consiguen beneficios pari passus con la precisión de sus juicios, mientras que los pronosticadores no exitosos caen a la orilla del camino».

Murray Rothbard, America’s Great Depression, Kindle Edition

Una de las discusiones más interesantes en el debate económico es el que se refiere a las políticas que afectan el ciclo económico -pro cíclicas y contra cíclicas-, pues constantemente los hacedores de la política económica una u otra forma del ciclo económico. Sin embargo, a la hora de la verdad el paradigma que se impone es la creencia de que las políticas deben ser contra cíclicas. Es la recomendación de la mayoría de los organismos internacionales y la que sigue la mayoría de los burócratas del área económica. Parece tan obvio que la discusión parece inútil. Si la economía está en un momento recesivo o de bajo dinamismo se levanta la bandera de alerta para que la política económica se active en contra del ciclo. O, por el contrario, si la economía se acelera se hace necesario adoptar políticas que desaceleren el dinamismo económico. Muchos aceptan ese paradigma con la certeza de una verdad científica que no admite cuestionamientos.

Pero con frecuencia las políticas contra cíclicas pasan por alto uno de los procesos más saludables de la economía que origina en los naturales errores que cometen los agentes económicos al tomar decisiones que solo el futuro puede validar como aciertos o como errores. Cuando esos errores ocurren dan lugar a un proceso de corrección al interior de la economía. Cuando la política económica actúa para abortar este proceso de corrección se agregan nuevos elementos que contribuyen a generar nuevos errores en las decisiones que afectan la asignación correcta de los recursos económicos. Por eso, se debe tener bien claro cuál es el origen de una desaceleración de la economía antes de políticas contra cíclicas.

Imaginemos por un momento que la industria de la construcción se desacelera como resultado de una reducción en la demanda de nuevas viviendas que se traduce en un exceso de oferta en dicho mercado. Uno de los instrumentos favoritos de la política contra cíclica -en un caso como este- es la política crediticia. La primera pregunta que debiéramos hacernos es si la política crediticia debe utilizarse para resolver el problema de un sector en particular. Si ese fuera el caso, la política crediticia entraría en un proceso de atomización difícil de controlar, pues habría que tener políticas crediticias de acuerdo con las necesidades de cada sector. El dinero es el común denominador de toda la economía, como es bien sabido. De manera que si se utiliza la política crediticia para resolver el problema de un sector -en nuestro ejemplo, la construcción de viviendas- lo que se está haciendo es convertir un problema sectorial en un problema general. La política crediticia puede vender una ilusión tanto a demandantes como a ofertantes mediante un crédito aparentemente más barato y llevarlos a tomar decisiones que luego pudieran considerar como erróneas.

Esto nos lleva a otro problema en las políticas contra cíclicas. Las intervenciones en el presente provocan, en gran medida, las intervenciones en el futuro. Las fluctuaciones del ciclo económico no solo dependen de la tendencia natural de los agentes económicos a tener aciertos y desaciertos. También dependen de las intervenciones de políticas económicas. De hecho, el objetivo de esas intervenciones es afectar a dicho ciclo. El problema es que no siempre se logra el propósito de suavizar esos ciclos. En primer lugar, porque los burócratas no tienen una varita mágica para lograr que la economía se comporte de una manera ajustada a sus deseos. Y, en segundo lugar, porque los hacedores de la política económica son sujetos que pudieran tener su propia agenda y sus propios intereses.

En repetidas ocasiones una política económica agresivamente expansiva ha sido el preludio de una política agresivamente conservadora en el futuro. Y en ese ir y venir se consumen las energías de las políticas de estabilización que van dejando una secuela de endeudamiento y/o mayores impuestos. En particular, las políticas expansivas son aún más nocivas cuando ocurren en el contexto de una situación fiscal deficitaria.

Una postura neutral es una mejor alternativa a las políticas contra cíclicas, ya que favorece un mejor funcionamiento de los mecanismos de mercado sin inducir a los agentes económicos a tomar decisiones engañados por los artificios crediticios o fiscales. Una vez que un sistema de distorsiones se impone sobre la economía nuevas distorsiones se hacen necesarias para mantener el statu quo. Rothbard plantea que la depresión –un caso extremo del ciclo económico– “es el retorno necesario y beneficioso de la economía a la normalidad después de las distorsiones impuestas por el ‘boom’». En este sentido, si las políticas que promueven los mecanismos de mercado para la asignación de los recursos son acompañadas por políticas de austeridad -que no son más que ajustar la política económica a sus restricciones financieras- se puede crear un mejor entorno para promover el desarrollo económico del país, propósito que no se va a lograr con la simple aplicación de políticas de estabilización.

@pedrosilver31

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