01 JUN 2018, 12:00 AM

El crecimiento económico y las mismas inquietudes

Entre los factores que restan calidad al crecimiento económico figuran la corrupción y un gasto público ineficiente, la penalización tributaria, la vulnerabilidad institucional y la escasa innovación tecnológica.

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«Con este resultado, el crecimiento acumulado de la economía aumenta a 6.7%, luego de haber experimentado una variación interanual de 6.4% en el trimestre enero-marzo, lo que refleja que continúa el impulso de las medidas de flexibilización monetaria adoptadas a partir del mes de agosto del año 2017. Con este desempeño la economía dominicana se ubica como líder de la región de América Latina en términos de crecimiento económico en el presente año. [...] En términos de tendencia-ciclo, el IMAE exhibe una expansión anualizada de 6.6% al cierre del mes de abril, lo que refleja que la economía sigue mostrando un crecimiento por encima de su potencial». Banco Central de la República Dominicana, Nota de Prensa, mayo 28, 2018

La economía dominicana presenta un cuadro de crecimiento extraordinario, según las más recientes cifras ofrecidas por el Banco Central. Luego de un crecimiento por encima del 6% en el primer trimestre del presente año, a lo que se le agrega un crecimiento de 7.5% en abril, se espera que al finalizar el 2018 nuestra economía supere en crecimiento a todas las economías de la región latinoamericana. Durante el 2018 se verificaría el hecho curioso de que el crecimiento económico es mayor en los años pares, tal como ha ocurrido en los últimos diez años con la excepción de 2012, año en el que se registró un gran desbalance macroeconómico.

Un aspecto que vale la pena resaltar de la reciente Nota de Prensa del Banco Central es que la economía dominicana «exhibe una expansión anualizada de 6.6% al cierre del mes de abril, lo que refleja que la economía sigue mostrando un crecimiento por encima de su potencial». Cuando la economía crece por encima del potencial se advierte de un riesgo en el surgimiento de presiones inflacionarias que, normalmente, son contenidas con alzas en la tasa de interés de política monetaria. Eso no ha ocurrido hasta ahora, incluyendo la decisión de ayer de mantener invariable la tasa para junio. Sin embargo, las presiones inflacionarias adicionales que se están derivando de los precios del petróleo podrían obligar pronto al Banco Central a un alza en la tasa de política, dado que el único objetivo -no el principal- de la política monetaria es la estabilidad de precios, de acuerdo con la Ley Monetaria y el esquema de meta de inflación.

Como siempre, los informes del comportamiento de la economía dominicana y sus magníficas tasas de crecimiento generan todo tipo de debates. Son persistentes las mismas críticas, sobre todo porque son persistentes las características de esos crecimientos, asociados con el mismo modelo económico; de modo, que no se pueden esperar resultados diferentes. En general, es posible tipificar dicho crecimiento como un crecimiento de baja calidad. Y esta baja calidad hace referencia a los magros resultados que socialmente se pueden apreciar, especialmente, en lo que respecta a la movilidad social, la distribución del ingreso y los niveles de pobreza; o, dicho de otro modo, debido a los serios problemas de inclusión social que han sido resaltados por organismos internacionales, como el Banco Mundial.

Entre los factores que restan calidad al crecimiento económico figuran la corrupción y un gasto público ineficiente, la penalización tributaria, la vulnerabilidad institucional y la escasa innovación tecnológica. En cuanto a la corrupción se puede afirmar que ha dejado de ser un tema de ‘moralistas radicales’ –como se tiende a calificar a quienes plantean su contención a través del cese de la impunidad- para pasar a ocupar un lugar privilegiado en las agendas de los organismos multilaterales. Esto no es un hecho fortuito, se debe a que la corrupción es un componente importante de la ineficiencia del gasto público. Este –el gasto público- puede ser ineficiente sin que intervenga la corrupción, pero la corrupción siempre lleva a un cierto nivel de ineficiencia en el gasto público. La corrupción y la ineficiencia del gasto público van de la mano trillando el camino que aleja a los pobres del beneficio del crecimiento económico.

La penalización tributaria, por otra parte, se refiere a los costos excesivos que impone el sistema tributario a consumidores e inversionistas, que fomenta la informalidad económica e impacta de manera negativa las condiciones de seguridad social en las que se desenvuelve más del 50% de los trabajadores dominicanos. Pero no todo el nivel de informalidad puede ser atribuido al tema tributario; otros factores, como la vulnerabilidad institucional juegan un rol importante, aunque en menor medida. Efectivamente, la limitada capacidad del Estado para cumplir y hacer cumplir las reglas propicia un ambiente de incumplimiento casi generalizado que queda reflejado en una sociedad altamente desorganizada.

Se puede sospechar que el crecimiento de la economía dominicana se debe primordialmente a una acumulación de factores más que al cambio tecnológico. Es una hipótesis que habría que probar; sin embargo, los indicadores de la calidad de la educación -muy asociada con la transmisión de conocimientos de calidad- y de innovación, que sitúan a la República Dominicana entre los peores del mundo, son razones poderosas para anticipar que la innovación tecnológica no es una causa significativa de nuestro crecimiento económico y, por tanto, una seria limitante de la calidad de ese crecimiento.

Las conclusiones no podían ser diferentes. El nivel de calidad del crecimiento define la ruta hacia el desarrollo económico. Y es, precisamente, la baja calidad de ese crecimiento lo que nos mantiene anclados como sociedad subdesarrollada. Lo peor que nos pudiera pasar, sin embargo, es que la economía se estancara o dejara de crecer. Pero no se debe tomar como un fatalismo el crecimiento sin calidad; las reformas apropiadas son el puente hacia el desarrollo.

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