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El “dao” (y 2)

La dirigencia aplaca la conciencia y “supone” que el dominicano no quiere trabajar en el campo, la construcción, la prestación de servicios, ni en ningún otro puesto ni lugar. A ese paso solo vivirá de las remesas y del “dao” estatal, el motoconcho, la lotería, prostitución y similares.

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El “dao”  (y 2)

Vitriólico y Abimbaíto continúan su diálogo:

Maestro Vitriólico, ¿es aceptable que los inmigrantes haitianos indocumentados reemplacen en el trabajo a la población dominicana que emigra y a la que se queda? ¿Acaso no le duele a la dirigencia política, empresarial y social?

—Abimbaíto, lo observo y me deja perplejo. La dirigencia aplaca la conciencia y “supone” que el dominicano no quiere trabajar en el campo, la construcción, la prestación de servicios, ni en ningún otro puesto ni lugar. A ese paso solo vivirá de las remesas y del “dao” estatal, el motoconcho, la lotería, prostitución y similares. La vida muelle, dicen algunos, si no ocultara la tragedia que significa para todos.

Filósofo Vitriólico, el vacío que dejan los dominicanos que emigran (clase media alta, media y baja), lo “llenan” en parte los haitianos de educación precaria. Esto equivale a la firma de una hipoteca de la soberanía a plazo mediano y a un fuerte retroceso en los niveles educativos y de cultura. Una gran desgracia para nuestro futuro, en el caso hipotético de que la nación no sucumba antes a los formidables retos que la agobian.

—Abimbaíto, agrégale esto: la informalidad que induce esta inmigración masiva reduce la recaudación de impuestos, provoca indefensión social, no cotiza a la seguridad social. La inmigración irregular es el freno más formidable a la formalización del trabajo, junto a la existencia de leyes laborales que dan rigidez al mercado. Muchas empresas están quebradas por el pasivo laboral que arrastran y todavía no lo saben. Hay que flexibilizar el Código Laboral para agilizar la creación de empleos formales, asegurar puestos de trabajo dignos y extender la protección social.

Filósofo, la clase política solo acomete lo fácil y popular, nunca lo ríspido ni impopular. Estas cosas son duras e impopulares en su primera etapa, aunque después traerían una explosión de progreso.

—Corroboro. En otro orden, tengo dudas acerca de la pertinencia de un salario mínimo segmentado. La pobreza no es menos pobre por habitar el campo, la ciudad, la construcción, o la industria. Lo importante es crear empleo con protección social.

¿Qué sugiere usted?

—Solo pienso. Por ejemplo, es urgente fortalecer el segmento formal, extender la protección social, controlar la inmigración irregular. Abrir oportunidades para que el dominicano trabaje en su patria. Aun así, no solo la expulsión de población local, con las posteriores remesas que genera, contiene el veneno del retroceso y la desintegración. También están los subsidios y los controles de precios, vertientes complementarias de la desintegración de la savia nacional.

Ahora que me estaba acomodando, usted me transporta a otro tema.

—Reacciona. Ahí están los subsidios al sector eléctrico, casi RD$60,000 millones en el 2021. Es imperativo que el Estado erradique ese pozo sin fondo, venda sus activos, y se dedique a regular y supervisar con idoneidad para garantizar energía fluida, de calidad y a precio competitivo, y que cada cual pague lo que vale su consumo.

Y, ¿qué más?

—Los subsidios focalizados pueden cumplir un papel, limitado, para ayudar a que las familias superen crisis pasajeras y rehagan sus habilidades productivas. Si se convierten en permanentes inhiben el deseo de ganarse la vida por su propia cuenta y fomentan el parasitismo.

¿Son muy extendidos?

—La tentación es multiplicarlos. El “dao” prende. Pero ¿sabes qué?

No sé, dígamelo usted.

—En el futuro estos recursos deberían destinarse a garantizar la calidad e igualdad en la atención a la salud y a asegurar pensiones a la población de menores recursos, no relacionadas con el favor político. Si se hiciera, fortalecería la institucionalidad democrática. Transformaría la economía. Mitigaría la pobreza y fomentaría la mística de trabajo.

Lo veo bien.

—El otro gasto social que debe ser expandido es aquel dirigido a asegurar servicios educativos con ribetes de excelencia. Salud, educación, pensiones, son las reformas ineludibles, junto a la solución del tema eléctrico, laboral, preservación de los recursos naturales, fiscal y cuasi fiscal.

No parece que las autoridades estén empeñadas en lo que usted dice.

—Combaten los efectos de la pandemia. La vacunación masiva es la inversión más prioritaria que puede realizarse. Abre espacio para acometer lo necesario. Es probable que tan pronto puedan, se enfoquen en resolver los problemas estructurales. Es el camino del desarrollo, la bandera del cambio. Lo otro es transitar hacia el empobrecimiento y la dependencia.

Y ¿de los controles de precios qué?

—Forman parte del zafacón de la historia. Precios bajos ficticios son la certeza de escasez y precios altos en el futuro.

TEMAS -

Eduardo García Michel, mocano. Economista. Laboró en el BNV, Banco Central, Relaciones Exteriores. Fue miembro titular de la Junta Monetaria y profesor de la UASD. Socio fundador de Ecocaribe y Fundación Siglo 21. Autor de varios libros. Articulista.