El lodazal de Pinalito

Abimbaíto, esa presa de Pinalito nunca debió ser construida. Es una obra para beneficio exclusivo de las empresas constructoras, socios locales, organismos financieros internacionales y de algunos políticos. Ahí ni ha habido ni hay agua para sostener el embalse de una presa, salvo en época de huracanes.

—Por favor, escucha esta noticia, —dice el maestro Vitriólico.

—¿Qué noticia, maestro? —responde Abimbaíto.

—La siguiente, —explica Vitriólico: “La Empresa de Generación Hidroeléctrica Dominicana (EGEHID) informó ayer que ha diseñado un plan para recuperar y poner en operación la presa de Pinalito, en Constanza, la cual está fuera de servicio desde septiembre—octubre del 2019. La estructura no opera desde que fue afectada por una enorme cantidad de sedimento proveniente principalmente de las zonas agrícolas de aguas arriba”.

—Y ¿qué importancia tiene eso? —pregunta Abimbaíto.

— Termina de escuchar, insiste Vitriólico: “El plan incluye una obra de ingeniería para evitar que en el futuro el lodo vuelva a penetrar al túnel, así como la discusión y definición de un plan de manejo de la cuenca alta del río Tireo, cuyo cauce deposita en el embalse unas 1,100 toneladas de sedimento por kilómetro cuadrado al año”.

—Todavía no veo lo que quiere decirme, filósofo Vitriólico, —dice Abimbaíto, confundido.

—Sigue escuchando, —replica Vitriólico: “El anuncio lo hizo el administrador general de EGEHID, ingeniero Rafael Salazar, durante una visita al embalse junto a los técnicos de la institución, donde planteó la importancia de encarar el problema creado por la erosión, lo que provocó que se taponara con el sedimento el túnel que lleva el agua hasta la generadora de electricidad, ubicada en Bonao”.

—Ya veo ¿y qué?

—Abimbaíto, esa presa de Pinalito nunca debió ser construida. Es una obra para beneficio exclusivo de las empresas constructoras, socios locales, organismos financieros internacionales y de algunos políticos. Ahí ni ha habido ni hay agua para sostener el embalse de una presa, salvo en época de huracanes.

—Tiene usted razón, maestro. La presa no debió construirse, pero se construyó y se perforó la montaña para construir túneles kilométricos, inútiles y costosos, que transportarían las aguas de pequeños arroyos para alimentar la generación hidroeléctrica; túneles sobredimensionados de forma alevosa. Lo sé. ¿Qué quiere usted que se haga? ¿Demoler el sistema artificioso así creado?

—Demolerlo sería un despropósito y muy costoso. Preocupa que las autoridades estén prestas a construir más obras de ingeniería para “evitar que en el futuro el lodo vuelva a penetrar al túnel”, cuando primero deberían empeñarse en que ese lodo no bajara de la montaña.

—¿Y qué sugiere usted que se haga, filósofo?

—Aferrarse a la lógica. El diagnóstico es correcto: la erosión inutiliza la presa.

—¿Dónde se encuentra la falta de lógica?

—La solución que se propone, construir más obras de ingeniería, relega a un plano secundario lo que es principal, el manejo de la cuenca hidrográfica. ¿No te parece extraño? El lodo sólo podrá ser controlado con una reforestación agresiva que frene la erosión. Y eso es previo a cualquier otra acción.

—¿Insinúa usted que predomina la ingeniería para que los recursos queden en manos privadas?

—Ni quiero, ni debo afirmarlo. Existe un sesgo profesional que puede explicar este comportamiento. Si usted es ingeniero, busca soluciones desde la óptica profesional. Si hay erosión que tapona los túneles y el desagüe del embalse, se tiende a destaponar los túneles, que es el efecto, no a corregir las causas, que es el desmonte de los bosques. Terminaremos sin bosques y sin aguas para túneles y presas.

—Ah, entiendo. ¿A dónde más lo lleva ese pensamiento?

—El Gobierno no debería dejarse impresionar por estas “urgencias de ingeniería”. Estas decisiones debe confiarlas a un grupo asesor que maneje el asunto desde su integralidad. Debe predominar la necesidad de preservar los recursos naturales, el medio ambiente y lo social, no el enfoque de negocios. Debería crearse el gabinete de conciencia crítica, paralelo al de ética, para que las acciones nunca se desvíen del cauce apropiado y correcto.

—Maestro, este gobierno es nuevo, no puede señalársele culpa.

—El Gobierno es joven; las ambiciones rancias. Hay quienes inventan proyectos de presas sin que existan ríos; acueductos sin agua; urbanizaciones en tierras agrícolas únicas; invernaderos de plásticos en lugares privilegiados para el turismo de montaña. Es la destrucción del bien común para que unos pocos se hagan ricos.

—¿Lo abate el pesimismo?

—Al contrario, me encuentro más optimista que nunca. Por eso, en vez de halagar, señalo, trueno y critico, para que las cosas se hagan bien. No deberían repetirse tragedias ecológicas como las que ya han ocurrido en Jigüey, Aguacate y Pinalito. Muchas de las obras de relumbrón, entre ellas las grandes presas, se diseñan y construyen a sabiendas de que ilusionarán a mucha gente, pero causarán más daño que bien.

+ Leídas