20180817 https://www.diariolibre.com

«La lenta respuesta de las exportaciones reveló los desafíos competitivos de la región. Persisten grandes brechas en todos los pilares de la competitividad, especialmente en las instituciones, infraestructura, eficiencia en el mercado laboral e innovación. El pobre desempeño de Latinoamérica y la falta de avance para cerrar las brechas con los países que son líderes globales están asociados con la baja productividad, alta informalidad, insuficiente diversificación de las exportaciones y un crecimiento que es insuficiente para crear empleos y financiar la creciente demanda por más y mejores bienes públicos». Global Competitiveness Report 2017-2018, World Economic Forum

Ya han pasado seis años desde que la primera gestión del presidente Medina fue instaurada el 16 de agosto de 2012. Y podría decirse que ayer se inició el tramo final de una gestión que pudo haber tenido una suerte diferente si en diciembre de 2016 no se hubiese destapado el mayor escándalo de corrupción que se haya documentado en América Latina. Lo que cambió en ese momento no fue la percepción de que las magnitudes del robo de los fondos públicos eran extraordinarias. Eso se sabía. Lo que cambió fue la certeza incuestionable – fruto de la confesión negociada de Odebrecht – de que la corrupción tenía nombres y apellidos, y que la República Dominicana se convirtió en el centro latinoamericano de la corrupción patrocinada por la firma brasileña y sus socios políticos.

Es por eso por lo que se puede decir que Odebrecht cambió la suerte del gobierno en su segundo período. A partir de ahí las encuestas comenzaron a presentar una marcada tendencia hacia la baja en las preferencias de los electores, mientras que la ciudadanía se organizaba en movimientos de protestas que han sido capaces de concentrar el mayor movimiento de masas en repudio de la corrupción y la impunidad, como ha sido el caso de las marchas del movimiento verde. Es una realidad que no puede ser ignorada o subestimada, si es que se quiere garantizar la gobernabilidad del país.

Al margen de esta incuestionable realidad queda la interrogante de si la República Dominicana ha avanzado en estos últimos seis años. La estabilidad macroeconómica – aun con sus vulnerabilidades –, las visitas sorpresa, el 4% a la educación, el 9-1-1 y la ampliación de la cobertura del metro son aspectos que se señalan como logros de la presente gestión. Es oportuno, sin embargo, poner esto en un contexto más amplio. Con este propósito es útil comparar el Reporte Global de Competitividad del Foro Económico Mundial del año 2012-2013 con el mismo reporte en el año 2017-2018, en lo que concierne a nuestro país.

Lo primero que se destaca es que en materia de competitividad seguimos prácticamente igual. En el 2012-2013 la República Dominicana ocupaba el lugar 105 entre unos 140 países, mientras que en el reporte de 2017-2018 ocupó el lugar 104. Pero en el caso de la institucionalidad perdimos tres peldaños – cuando se pensaba que era imposible empeorar – al pasar del puesto 126 al 129, entre los peores de la muestra de países. En cuanto a la salud y la educación primaria se nota un estancamiento, pues en el 2012-2013 ocupábamos la posición 106 y en el último reporte ocupamos la posición 105. Mejoramos ligeramente en educación superior y entrenamiento (de la posición 97 a la 93), pero tuvimos una caída significativa en la eficiencia de los mercados de bienes (de la posición 101 a la 115) y en la eficiencia del mercado laboral (del puesto 107 al 117). Asimismo, entre ambos reportes se ensanchó la brecha tecnológica, al pasar de la posición 78 a la 87, a la vez que perdíamos dos posiciones en innovación. En contraste, el pilar que presenta el mayor avance es el relacionado con el ambiente macroeconómico que sitúa a la República Dominicana en la posición 49.

Los citados reportes de competitividad incluyen también un listado de los principales problemas que encuentran los inversionistas a la hora de hacer negocios en cada país. En este renglón la mayoría de los indicadores ha empeorado. El mayor obstáculo para los negocios sigue siendo la corrupción. En el reporte de 2012-2013 el 16.3% de los encuestados la citaban como el principal problema y un porcentaje similar (16.9%) lo hizo en el 2017-2018. La ineficiente burocracia gubernamental es el segundo problema de mayor importancia, pero en una proporción mayor (13.3% vs 15.2%). En tercer lugar, las tasas impositivas con un 13% en comparación con el 9.8% del primer reporte. Asimismo, el 10.8% (versus 8.7% en el primer reporte) consideró que el crimen y el robo eran factores problemáticos para hacer negocios en la República Dominicana.

Es decir que en estos seis años de la gestión de gobierno – evaluados a través de los indicadores de los reportes de competitividad del Foro Económico Mundial – nuestro país se ha estancado o ha retrocedido. Mayor corrupción, menor institucionalidad, estancamiento en la salud y la educación, menor eficiencia laboral, mayor burocracia, mayores obstáculos impositivos y mayor crimen y robo son, entre otros, los indicadores que sirven de base para concluir que la República Dominicana ha experimentado un crecimiento económico de baja calidad y que se ha perdido la oportunidad de implementar las reformas estructurales para que en el mediano y largo plazo mejoren los estándares de vida de los dominicanos más necesitados. En los dos años que restan a la presente gestión es poco lo que ya se puede esperar... avanzamos dentro del mismo círculo.

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