11 JUL 2018, 12:00 AM

El primer reto de López Obrador, será López Obrador

Cuando le preguntaron ¿por qué votó? El 77 % lo hizo por el cambio. Y cuando le preguntaron ¿Qué era lo más importante para tomar su decisión? Afirmaron, la corrupción.

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20180711 https://www.diariolibre.com

Hablemos claro. La gente no salió a votar por MORENA, la gente salió a votar por Andrés Manuel López Obrador (AMLO). ¡Ah, que eso es parte de la visión paternalista – y mesiánica – de nuestros pueblos! Que creemos que “un hombre” lo resuelve todo. De acuerdo, es ahí el punto.

El primer reto de la izquierda democrática en América Latina no es ideológico ni siquiera su enfrentamiento con la derecha. Es el personalismo, el autoritarismo y su obligación de gobernar en nombre de todos y no solo de quienes votaron por ellos. De reconocer el pluralismo, el respeto a los que no piensan como ellos y su incapacidad para promover la tolerancia. Es preciso aclarar, que de los retos planteados aquí son también de la derecha ultraconservadora.

El gran reto es el de combatir privilegios y corrupción, empezando con los de su partido. Que comprendan que el país no es SU país, sino el de todos. Que no quieran dividirnos entre los buenos y los malos, donde ellos son los buenos y los demás los malos y traidores a la patria que terminan en la cárcel, desterrados o exiliados.

El gran reto de la izquierda latinoamericana que quiere ser democrática es que llega por la vía democrática y recurre a las vías antidemocráticas para quedarse. Entienden que gobernar es hacer oposición desde el poder a los que se oponen al poder, concibiendo la política como un boxeo. No intentan persuadir, negociar y gobernar, sino avasallar, insultar y dominar.

El reto es no creerse predestinados y de paso destruir las instituciones democráticas. Creencias que vienen de muy lejos, los fenómenos políticos en América Latina tienen un vínculo mágico religioso muy fuerte que viene desde la colonia. La virgen de La Altagracia, de Guadalupe, de las Mercedes y todo el sincretismo cultural que desde la llegada de los españoles y portugueses al Nuevo Mundo viene pautando los triunfos del conquistador. A nuestros líderes políticos les encanta ser “instrumentos del destino”, “hijos del pueblo” y “elegidos de Dios”. Y nuestros pueblos, ávidos de poder mesiánico y necesitados de auténtica redención social, siguen con devoción religiosa esos relatos.

Sin embargo, hay temas muy objetivos que están moviendo la ciudadanía a la acción. Cuando a la gente en México le preguntaron ¿por qué votó? El 77 % lo hizo por el cambio. Y cuando le preguntaron ¿Qué era lo más importante para tomar su decisión? Afirmaron, la corrupción. En otras palabras, los ciudadanos dieron un manotazo en la mesa. Tolerancia cero a la corrupción, más equidad y sobre todo por un hartazgo contra los partidos tradicionales, en especial contra la clase política en sí misma. Ganaron los ciudadanos y perdió la vieja política, pero ojo, MORENA está llena de viejos políticos, ex panistas (PAN), ex priistas (PRI) y experredistas (PRD) fueron aliados al Movimiento de Regeneración Nacional. Cosa que no critico en sí mismo, sino que advierto su peligro para gobernar con vocación transformadora.

El discurso de reconciliación de AMLO en el Zócalo fue muy bueno, porque un buen presidente se hace acompañar por el otro y siempre ve a los otros como un legítimo otro. Además, ser magnánimo en el triunfo, es de sabios.

Una elección no solo define quien gobierna, sino quienes conforman la oposición. Esa oposición debe estar consciente que el viejo modelo de partidos políticos en México llegó a su fin. Deben reinventarse, pues algunos corren el riesgo de disminuirse aún más de lo que terminaron en estas elecciones. Una oposición íntegra e inteligente, una oposición que no solo cuente los muertos, sino que apoye la profesionalización de la policía. Una oposición que no tenga miedo ni rubor a pactar con el gobierno, pero que no negocie el presupuesto para privilegios, sino que genere bienes públicos y pueda sostener públicamente los acuerdos. Una oposición que sepa decir no por convicción, no por consigna. Y que sepa decir cómo sí.

La transición del 2000 no funcionó. El PAN terminó pareciéndose al PRI y el peligro es que MORENA termine pareciéndose al PRI. Por eso, con mucha lucidez, Denise Dresser afirma: “El peligro de México no es que termine pareciéndose a Venezuela. El peligro es que México siga siendo México”.

*Associate MIT-Harvard Public Disputes Program. Universidad de Harvard.

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