El rompecabezas de Punta Catalina

$!El rompecabezas de Punta Catalina

«Durante la construcción, los intereses de la deuda son acumulados como parte de la deuda». Prof. Fred Moavenzadeh, Project Financing, MIT, 2009

La administración de Punta Catalina, en un artículo publicado el pasado 4 de octubre en el Listín Diario, responde a mi artículo de opinión publicado el pasado 21 de septiembre en Diario Libre. Me parece oportuno volver sobre el tema, pues en dicha réplica se utilizan algunos argumentos que pretenden -como se dice popularmente – justificar lo injustificable.

Como es del dominio público, el proyecto de Punta Catalina no se ha destacado por su transparencia; por el contrario, el predominio de procesos opacos –oscuros – en el diseño e implementación de dicho proyecto es lo que ha provocado las tantas controversias que se han registrado desde el mismo inicio de su concepción. Como resultado de esa opacidad, se tiene una deliberada asimetría de información entre los que han manejado el proyecto y la ciudadanía en general. Consciente de esa realidad, cuando razonaba que el costo de Odebrecht podría incrementarse en USD 1,044 millones dejé muy claro que “Esta interpretación se fundamenta en la reseña periodística que dice que Odebrecht-Tecnimont-Estrella deberá asumir, además de los USD 708 que reclama, el monto de los USD 336 millones en caso de que pierda el arbitraje”.

Sin embargo, tratando de refutar este planteamiento, la administración de Punta Catalina incurre inadvertidamente en el desliz de confirmarlo, cuando en el artículo de réplica, ya citado, afirma lo siguiente: «Ese fondo, que asciende a 336 millones de dólares y está garantizado por el Consorcio, será pagado por la parte que pierda el proceso arbitral que se llevará a cabo en Nueva York, Estados Unidos, para dirimir la disputa originada por las solicitudes de pagos adicionales por la suma de US$708 millones que realizó el Consorcio [...]». Como se puede inferir, se trata de dos problemas con orígenes distintos. Los USD 708 millones tienen que ver con “sobrecostos” causados por incrementos en el volumen de construcción -de acuerdo con Odebrecht – con respecto a los planos originales. En cambio, los USD 336 millones parecen tener su origen en el hecho de que probablemente – y eso es lo que piensan algunos expertos del sector eléctrico y del manejo presupuestario – el Gobierno ya desembolsó los USD 1,945 millones del contrato; por lo tanto, cualquier desembolso adicional el gobierno lo hará para que la obra no se detenga, pero sujeto al proceso arbitral. Reconozco que esto es parte del lado opaco de Punta Catalina y no disponemos de toda la información para afirmarlo categóricamente.

No solo la administración de Punta Catalina dice que los USD 336 millones serán pagados por la parte que pierda el arbitraje, también lo dice la Dirección de Comunicación Estratégica de la CDEEE. En su portal institucional esta dirección dice textualmente – refiriéndose al fondo especial – que «En cambio, si el arbitraje emite una sentencia a favor del Estado, entonces el consorcio tendrá que devolverle al Gobierno los US$336 millones que se están poniendo a disposición para la terminación de la obra, pues son recursos adicionales al valor contractual». El subrayado que es mío solo quiere destacar el hecho de que los USD 336 millones se refieren a recursos adicionales al valor contratado, lo que explica la necesidad del Gobierno de atarlo al proceso de arbitraje. Asimismo, la administración de Punta Catalina entra a explicar algunos posibles escenarios, los que en lugar de aclarar traen mayor oscuridad.

Todo el problema gira, sin embargo, en torno a la misión imposible de demostrar que el proyecto de Punta Catalina solo costará USD 1,945 millones y para ello no hay reparos en asirse de un razonamiento básicamente defectuoso. Como se sabe, se llegó a ese monto luego de deducir casi cien millones de dólares en exenciones a Odebrecht por concepto del impuesto sobre la renta, para que el valor del contrato apareciera por debajo del umbral de los dos mil millones de dólares.

Ahora, la administración de Punta Catalina nos viene con la conveniente teoría de que los costos financieros y los potenciales costos hundidos, entre otros, no son parte del costo total de proyecto. En primer lugar, el costo total de un proyecto incluye todos los recursos – materiales, humanos, deuda e intereses, estudios, etc. – que han sido necesarios para construir un activo apto para la producción. Obviamente, en el caso de Punta Catalina estos costos no son del conocimiento público, pues dicha obra que tiene varios años de ejecución aun no ha presentado su primer estado financiero auditado. Pero cuando todos esos costos sean debidamente sumados el monto total probablemente supere el 25% del contrato original.

En segundo lugar, es importante enfatizar que el tratamiento de los costos financieros depende de la etapa en la que se encuentra el activo, ya sea en el proceso de construcción o como un activo terminado; por eso, comparar a Punta Catalina con un carro es un ejercicio completamente inútil. No hay dudas de que Punta Catalina es un activo en proceso de construcción y los intereses, así como la deuda, son parte de la inversión como lo son todos los costos necesarios para su terminación. Una vez que entre en su etapa de producción, los intereses tendrían un tratamiento diferente, como parte de los costos indirectos. Asimismo, los costos relacionados con los estudios previos de pre factibilidad y de factibilidad pudieron haber sido considerados como costos hundidos – no recuperables – si una vez realizados esos estudios se hubiera decidido no continuar con el proyecto; pero ya el proyecto se está terminando. Además, no se debe confundir el costo de un proyecto con su valor de mercado. Dos conceptos muy diferentes.

Son muchos los aspectos que aún quedan por transparentarse para poder encajar las piezas de un rompecabezas que al final debería sumar USD 1,945 millones. Pero por ahora, nos queda la interrogante de si Punta Catalina podrá generar la suficiente energía como para iluminar su lado oscuro. El tiempo dirá...

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