El salario (2 de 2)

El salario real es bajo; debería subir sustancialmente, pero no lo hace debido a la existencia de factores que lo impiden.
El principal factor explicativo de la situación decepcionante del mercado laboral y de su deprimente nivel de salarios reales, es la inmigración masiva indocumentada y de baja o ninguna formación.
Los cientos de miles de inmigrantes no calificados que han ingresado al país en los últimos años desplazan la curva de oferta de trabajo hacia abajo, y crean una nueva situación de equilibrio a niveles de remuneración o salarios reales más deprimidos, lo cual repercute y se traslada a los demás estratos salariales.
Asimismo, inhibe o retrasa la incorporación al proceso productivo de bienes de capital y la difusión y aprendizaje de tecnología más avanzada, lo que incide en una productividad total de los factores más baja de lo deseable.
En adición sustituye a dominicanos en sus fuentes de trabajo y, en muchos casos, los hace emigrar al exterior en busca de mejores oportunidades.
Si hubiere una conspiración no articulada en sus detalles sería esta, que es producto de la complicidad entre la esfera gubernamental (que ha prácticamente renunciado a sus obligaciones de controlar la frontera y hacer cumplir las leyes, entre ellas las de migración y laboral) y el interés privado en reducir costes u obtener mayores ganancias.
De continuar así las cosas dejaría de tener sentido o justificación la figura del Estado, y se abriría paso al sálvese quien pueda que existía previo al contrato social.
El segundo factor es el desorden en que se desenvuelve el mercado de trabajo, en el que la informalidad arropa cada vez más al conjunto y lo conduce a la deriva. Esto es consecuencia de múltiples elementos, entre ellos la existencia de un sistema tributario que alienta la evasión y el trato desleal entre empresas.
El tercer factor es el elevado costo de los pasivos laborales, entre ellos los asociados a la seguridad social, pero sobre todo a la cesantía, que conduce a muchas empresas formales a no darse cuenta que estarían cerca de la insolvencia si se materializara el pasivo laboral, o a deprimir los salarios y mantener trabajadores de bajo rendimiento.
El cuarto factor, con gran peso explicativo, es la permanencia por largo tiempo de políticas económicas que merman la capacidad de competir y mantienen en hibernación al sector con mayor potencial de demandar mano de obra calificada y generar salarios altos, que es el exportador, sea de bienes agropecuarios, agroindustriales, industriales, o de cualquier otro tipo.
Entre esas políticas de sesgo anti exportador, que a su vez explican el magro resultado de los acuerdos de libre comercio suscritos por el país, entre ellos el CAFTA, se encuentran la monetaria, cambiaria y crediticia, con sus altas tasas de interés mantenidas con el único propósito de controlar el tipo de cambio, y que se constituyen en un doble costo para los productores, financiero y cambiario, que a su vez estimula las importaciones.
A lo anterior se agrega que el crédito no es asequible en la medida de lo necesario a los exportadores ni a los productores en sentido general, como si lo es al consumo, comercio y viviendas, ni tampoco están disponibles los fondos del mercado de capitales que en vez de canalizarse a la creación de más riqueza nacional se esterilizan en las bóvedas del organismo monetario o se convierten en más deuda pública.
También hay que citar las políticas fiscales y públicas que olvidan la necesidad de estimular las exportaciones con medidas de estímulo similares a las vigentes en países de la región, o son ineficientes en la tarea de proveer apoyo logístico y asegurar el cumplimiento de las reglas de inocuidad de los productos.
El quinto factor explicativo es el suministro de electricidad con sus interrupciones frecuentes que se ha convertido en un sobrecosto permanente que resta eficacia a la producción, a lo que habría que agregar el alto coste del transporte de carga.
Todos estos factores son distorsiones que se sobreponen unas a las otras, cuyo mayor efecto es erosionar la competitividad y cuya secuela más relevante es la de un mercado de trabajo con reducida formación de la mano de obra y con salarios bajos establecidos para compensar los efectos dañinos sobre la estructura empresarial.
Por tanto, es necesario corregir las distorsiones existentes y consecuentemente modificar las políticas públicas y, además, lograr una mayor calificación de la mano de obra para que sea capaz de absorber tecnología avanzada y producir con calidad para el mercado exterior e interno.
Cuando eso ocurra los salarios reales serán más altos, la informalidad será más baja, la prosperidad se irradiará a todos los estratos sociales y la pobreza se reducirá; antes no.
Eduardo García Michel
Eduardo García Michel