Endeudamiento y zona colonial

En definitiva, luce ser una iniciativa necesaria, capaz de convertir a la cosmopolita ciudad de Santo Domingo en centro de atracción para locales y extranjeros.
$!Endeudamiento y zona colonial

Hace ya muchos años, cuando desde el Banco Central desempeñaba funciones de enlace con organismos internacionales de financiamiento como el BID y Banco Mundial, empecé a darme cuenta de que en los gobiernos del Dr. Joaquín Balaguer se obstaculizaba, adrede, el uso de financiamiento externo, aún fuera para proyectos de desarrollo.

Costaba mucho trabajo lograr que la presidencia de la República otorgara la correspondiente prioridad, lo cual desesperaba a los funcionarios internacionales, pues el éxito de su trabajo dependía del monto de préstamos colocados.

Tal actitud gubernamental se relacionaba tanto con nuestra triste historia del endeudamiento y consecuente pérdida de la soberanía, como también con la convicción de que la generación de ahorro interno debía ser la base de la inversión pública. Y en mi fuero interno asumía que estaban en lo correcto.

A la llegada de los gobiernos del PRD y del PLD las prioridades comenzaron a otorgarse con fluidez, pero los préstamos continuaron estando rigurosamente ligados a la ejecución de proyectos, a la colocación de una contrapartida de fondos locales y la supervisión estricta de los organismos internacionales, de modo que los desembolsos se efectuaban según el avance de las obras.

Al entrar el siglo XXI todo cambió, a peor. Irrumpió una modalidad en apariencia nueva, la emisión de bonos soberanos, con raíces lesivas para nuestra nación.

Los gobernantes empezaron a darse cuenta de que endeudarse era fácil, solo bastaba preparar los pliegos y presentarlos en los mercados internacionales repletos de liquidez y ávidos de colocaciones, con la ayuda interesada de las clasificadoras de riesgos.

Después, con la recesión del 2008, los organismos internacionales tocaron a rebato e indujeron a los países a endeudarse para contrarrestar la recesión, aún no lo necesitaran. Ahí surgió la modalidad de apoyo presupuestario.

Esos lodos han traído a nuestro país una trayectoria de deuda pública cargada de riesgos, con un servicio muy pesado, lo cual hace aconsejable que no se aprueben más préstamos externos, salvo los estrictamente ligados a funciones reproductivas.

Y es que haber cambiado el criterio de endeudamiento sano, basado en el financiamiento complementario de proyectos prioritarios, y sustituido por la colocación de bonos soberanos o préstamos de apoyo presupuestario, ha sido un gravísimo error, pues es un cauce para la eventual intervención externa de nuestras finanzas públicas.

En adición, ese cambio ha facilitado el gasto populista irresponsable, engranaje fundamental para facilitar prácticas corruptas.

En ese contexto, la Cámara de Diputados acaba de aprobar un préstamo por US$90 millones, previamente autorizado por el Senado, para ser utilizado en la segunda etapa de la remodelación de la zona colonial.

En esta ocasión, tal y como se documenta en un reportaje publicado en Diario Libre el pasado 27 de noviembre, se trata de un proyecto con potencial no sólo de pagarse por si mismo, sino de multiplicar en ingresos la inversión realizada.

Y, más que eso, eslabón fundamental para dar vida a una joya cultural semi olvidada, el casco histórico de la ciudad de Santo Domingo, y soporte para el desarrollo del polo turístico de mayor trascendencia del país.

En Cuba existe la figura del Historiador de la Habana, con poderes y recursos para intervenir y restaurar, en apego a los valores culturales. En Santo Domingo podría designarse a una figura de relieve intelectual y moral para hacerse cargo de este reto, al frente de un equipo con participación destacada de los ministerios de cultura, turismo y la alcaldía del Distrito Nacional.

Entre los componentes del proyecto se encuentra la remodelación del Convento de San Francisco, obra que debería conservarse lo más apegada a su estado original, sin desnaturalizar su esencia.

También está la mejora de la habitabilidad, que comprende la remoción del pavimento, rehabilitación de algunas calles, soterramiento del cableado, colocación de bolardos, restauración de fachadas de edificios, recogida fluida de basura, transformación y mejora en la calidad de algunas edificaciones para ser usadas como viviendas y la intervención de patios interiores.

Asimismo, la regulación del horario de entrega de mercancías, construcción de parqueos, disponibilidad de transporte colectivo, reforzamiento del sistema de seguridad, remozamiento de áreas de la Ribera del Ozama.

Y la intervención de los museos de Las Casas Reales y del Alcázar de Colón.

En definitiva, luce ser una iniciativa necesaria, capaz de convertir a la cosmopolita ciudad de Santo Domingo en centro de atracción para locales y extranjeros.

Si el país tiene algo de valor universal es, sin duda alguna, la zona colonial. Adecuarla, remozarla, mimarla, es del interés de todos.

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