07 JUL 2018, 12:00 AM

¿Hospital psiquiátrico o rehabilitación en la comunidad?

La mayoría de las personas con enfermedades mentales graves puede recuperar sus habilidades

20180707 https://www.diariolibre.com

Hay un grupo de enfermedades mentales, entre las que se encuentran la esquizofrenia y los trastornos bipolares, que llevan el apelativo de graves porque tienen una larga evolución y pueden producir notable deterioro de las funciones sociales y laborables de las personas que las padecen, sobre todo si estas viven en estado de pobreza.

La discapacidad que producen, por sí mismas, impide que las personas con este tipo de padecimiento lleven una vida independiente e integrada armónicamente en el hogar, en la comunidad y en el ámbito laboral. Además, los prejuicios negativos obstaculizan aún más la integración social de estas personas.

Por esta razón, miles de dominicanos y dominicanas viven abandonados a su suerte, víctimas de unas de las peores formas de exclusión. A veces encerrados en una estrecha habitación durmiendo en el suelo. Algunos deambulan por las calles, sin despertar el menor asombro e indignación en los vecinos, transeúntes y autoridades de salud. El drama que vive la familia empobrecida con un miembro afectado de dolencias de este género es casi imposible de sobrellevar, pues a la tensión emocional y psicológica se sumarán los crecientes apuros económicos.

Sin embargo, hay buenas noticias que toda la ciudadanía debería conocer: la mayoría de las personas que padecen las mencionadas enfermedades graves (consideradas por el común de la gente como “locos” o “desequilibrados”) si reciben capacitación y entrenamiento, además del medicamento oportuno, pueden recuperar aquellas habilidades perdidas y adquirir las que no se hayan desarrollado a causa de la enfermedad.

Es decir, no están condenadas a llevar una vida denigrante e improductiva. Pueden superar la discapacidad. En la actualidad, el objetivo final del tratamiento es la recuperación, y no solo el control de los síntomas de la enfermedad. Esto no es una fantasía sino algo demostrado a través de los estudios epidemiológicos pertinentes.

Es este el gran desafío del tratamiento psiquiátrico: la recuperación de las funciones sociales y laborales de las personas con discapacidad psiquiátrica asociada a enfermedades mentales graves.

¿Dónde, cómo y por quiénes han de ser rehabilitadas estas personas? El proceso se lleva a cabo en un centro diseñado para estos fines, ubicado preferiblemente en la comunidad, en el entorno natural de las personas con discapacidad psiquiátrica. Se aplican intervenciones de rehabilitación psicosocial basadas en evidencia científica, conducidas por profesionales entrenados en rehabilitación de pacientes psiquiátricos. Es una subespecialidad nueva.

En una palabra, las personas con enfermedades mentales graves necesitan de una atención integral conformada por la consulta de psiquiatría y acceso al medicamento, apoyo psicológico e intervenciones psicosociales. Una atención servida por un equipo multidisciplinario -psiquiatras, psicólogos, enfermeras de salud mental, terapeutas ocupacionales especializados en rehabilitación psiquiátrica y trabajadores sociales- y ofrecida en escenarios diversos (hospitales generales y centros de rehabilitación y talleres laborales en la comunidad).

Hace poco tiempo que las autoridades de salud cerraron el único hospital psiquiátrico del país, el llamado 28, siguiendo solo de manera parcial las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si bien es cierto que dicha organización recomienda la clausura de esa institución porque menoscaba los derechos humanos fundamentales del individuo, al mismo tiempo recomienda el establecimiento de un sistema de atención alternativo al hospital psiquiátrico, conformado por servicios comunitarios de rehabilitación psicosocial. Esto último, tan indispensable, no se ha cumplido. Los usuarios y usuarias del hospital psiquiátrico han quedado abandonados a su suerte, convirtiéndose en una carga insoportable para las familias y las comunidades.

Urge, sin demora, la organización de una atención integral que proteja los derechos de las personas con trastornos mentales graves y en la que encuentren respuestas oportunas y eficaces a sus necesidades, de manera que puedan llevar una vida digna en sus hogares, en sus comunidades y en el ámbito laboral. Esto exige del esfuerzo conjunto de varias instituciones gubernamentales y no gubernamentales coordinadas por el sector salud.

Recomendación sobre rehabilitación psiquiátrica no solo la hace la OMS. Nuestras propias leyes ordenan la organización de los servicios de rehabilitación. El artículo 44 de la Ley sobre Salud Mental (No, 12-06) dice que “se desarrollarán los servicios de rehabilitación y reinserción social necesarios para una adecuada atención integral de los problemas de las personas con discapacidad mental” y el artículo 89 de la Ley General de Salud (No 42-01) señala: “Se deberán potenciar todas las acciones que garanticen la provisión de rehabilitación para una adecuada atención de las personas que padecen enfermedades mentales y/o trastornos de la conducta”.

La propia Constitución, en el Artículo 58 -Protección de las personas con discapacidad-, establece: “El Estado promoverá, protegerá y asegurará el goce de todos los derechos humanos y fundamentales de las personas con discapacidad, en condiciones de igualdad, así como el ejercicio pleno y autónomo de sus capacidades”.

Cabe esperar, por las razones señaladas, que las autoridades de salud reemplacen mediante la organización de servicios comunitarios de rehabilitación psicosocial al hospital psiquiátrico que ha sido clausurado. Pero hay un obstáculo: habría que reorientar el gasto público, lo que supone privilegiar la dignidad humana de quienes viven en la sombra de la pobreza -invisibles- aquejados por una enfermedad que, por no ser tratada, les priva de las funciones sociales que caracterizan al ser humano.

El autor es médico psiquiatra y presidente de la Fundación en Apoyo a las Personas con Enfermedad Mental

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