La campaña permanente con fondos de los contribuyentes
Las visitas sorpresa han sido el alma de la campaña permanente que el presidente Danilo Medina comenzó el 16 de agosto de 2012, pero pueden convertirse en un fiasco a largo plazo para el país.
La prensa, los organismos internacionales, los gobiernos extranjeros y hasta los opositores han celebrado las “apariciones” dominicales del Presidente, que concluyen con un apoyo a las actividades agropecuarias de los “sorprendidos”, a través de proyectos de infraestructura o créditos a los productores a mitad del precio promedio en el mercado bancario y sin garantías.
Esta última afirmación puede escandalizar a cualquiera que tenga algo de educación financiera, y probablemente no sea extensiva a todo el crédito gubernamental derivado de las visitas sorpresa, pero se plantea con cierto orgullo, casi con descaro, en el reporte de desempeño del año 2012 del Fondo Especial para el Desarrollo Agropecuario (FEDA): “El FEDA ha diseñado una política de crédito consistente en proporcionar (...) financiamiento a una baja tasa de interés (5% anual) y sin ningún tipo de garantía... para el financiamiento de actividades de construcción, mejoramiento y ampliación de pequeñas infraestructura (sic), y adquisición de animales para beneficiar a pequeños productores asociados”.
Interés público Vs. interés privado
Son múltiples las experiencias que nos enseñan que el apoyo del gobierno a sectores productivos privados, a través de préstamos gubernamentales preferenciales o de aval gubernamental a préstamos privados, terminan dañando el interés público.
Experiencias como estas no son exclusivas de los países subdesarrollados. Ocurren igualmente en los países industrializados, como afirma Henry Hezzlit en su libro “Economics in one lesson”: “El ‘estímulo’ del gobierno a un sector de negocio particular es a veces tan temible como su hostilidad. Este supuesto estímulo con frecuencia adopta la forma de un préstamo directo provisto por el gobierno o una garantía para un préstamo privado”.
El gobierno como intermediario financiero
El gran orgullo del gobierno es proclamar que a través de las visitas sorpresa del Presidente Medina el Estado le presta a pequeños productores agropecuarios que de otra manera no tendrían acceso al crédito, lo que es una forma diferente de decir que el gobierno se está tomando riesgos con el dinero de los contribuyentes que los bancos privados no se toman con los fondos de sus ahorrantes.
Esta diferencia en la gestión del riesgo no se da porque los bancos sean vampiros ambiciosos y el gobierno noble y generoso, sino porque si los bancos gestionan mal el dinero de los ahorrantes y de los accionistas, quiebran; pero si el gobierno maneja mal el dinero de los contribuyentes, los platos rotos se pagan con los impuestos que pagamos los ciudadanos.
El crédito no es algo que los bancos otorgan a sus clientes. Todo lo contrario, porque ya cuentan con el crédito, les aprueban préstamos garantizados por sus activos, sus ahorros, su historial crediticio, el potencial de rentabilidad de los proyectos o de los productos que comercializan.
Los bancos tienen estándares mas altos para prestar dinero privado que el gobierno para prestar dinero público, porque bajar estos estándares puede traerles cruciales consecuencias negativas. Los políticos bajan esos estándares porque manejan el dinero de los contribuyentes sin mayores consecuencias. Al final del día, los platos rotos de los gobiernos los pagan los ciudadanos, a través de los impuestos existentes, nuevos impuestos o deuda pública. No hay almuerzo gratis.
La campaña permanente
El concepto “campaña permanente” fue acuñado por Pat Cadell, asesor del presidente Jimmy Carter, y lo aplicó más adelante Dick Morris, asesor del presidente Bill Clinton.
La campaña permanente plantea que tan pronto como un gobernante inaugura su gestión, debe empezar su campaña para la reelección, o para contar con la aprobación del pueblo a su gestión, o para ambas cosas a la vez.
El gobernante debe construir nuevas mayorías cada día. El presidente Danilo Medina las construye cada domingo con sus visitas sorpresa.
Realmente, las incursiones dominicales del Presidente, que concluyen en la concesión de préstamos pueden hacerlas perfectamente los analistas de crédito del Banco Agrícola, pero entonces estas visitas carecerían de impacto político, no habría rentabilidad política.
Las visitas sorpresa tienen de bueno que contribuyen a la organización social de los campesinos, porque se asocian en cooperativas para recibir el apoyo oficial, y eso deberá trascender la coyuntura política.
Irracionalidad económica dominical
Pero en el aspecto económico, los préstamos presidenciales violentan el principio financiero de que a mayor riesgo, mayor interés. También la lógica económica de que siendo los recursos limitados y las necesidades ilimitadas, aquellos deben ser asignados de la mejor manera.
Partiendo de esta premisa, se infiere que los fondos que presta el gobierno a productores con mayor riesgo son fondos que se niegan a productores potenciales más eficientes.
“La granja o tractor que es financiado al productor A no puede ser financiado al productor B”, ilustra el economista norteamericano Henry Hezzlit ya citado.
Imaginemos que A satisface los requisitos de la banca privada para obtener el financiamiento de su finca o tractor -explica el autor-, pero el gobierno incursiona en el negocio de la intermediación financiera con un criterio caritativo, porque está preocupado por B, quien no accedería a un préstamo privado, ya que no tiene buen historial crediticio, no tiene ahorros o su producción parada.
“¿Por qué no” -dirían los defensores del crédito gubernamental- “darle a B la oportunidad de convertirse en un miembro de la sociedad productivo y útil, a través del financiamiento de su granja o un tractor, y ponerlo en condiciones de revitalizar su negocio?”
Respondo con unos cuantos párrafos de la obra de Hezzlit: “Quizás en casos individuales esto pueda funcionar bien, pero es obvio que, en general, la gente seleccionada por los estándares gubernamentales es de mayor riesgo crediticio que la gente seleccionada por los estándares privados. Será menos eficiente. Más recursos serán desperdiciados. Los beneficiarios del crédito gubernamental conseguirán sus granjas y sus tractores a expensas de quienes, de otra manera, habrían sido los receptores del crédito privado...” “El resultado neto del crédito gubernamental no habrá incrementado la riqueza producida por la comunidad, sino que más bien la habrá reducido, porque el capital real disponible (granjas, tractores, etc.) se habrá puesto en manos de prestatarios menos eficientes, en vez de ponerse en manos de productores más eficientes y confiables”.
“Esto significa que se ha permitido que los burócratas públicos tomen riesgos con el dinero de los contribuyentes que nadie tomaría con su propio dinero”...
Los casos excepcionales en que el crédito gubernamental al sector privado ha funcionado bien no hacen más que confirmar la regla.
No me imagino a las entidades crediticias gubernamentales ejecutando un préstamo por mora o incautándoles fincas a productores agropecuarios porque no pudieron honrar sus compromisos. “Lo que nunca se ha hecho” con los grandes empresarios textiles de zonas francas de Santiago que han incumplido con los préstamos privados otorgados en 2007, con el aval del gobierno, no es previsible que se hará con pequeños productores agropecuarios que gozan de mayores simpatías públicas.
La mano del gobierno junto a la mano del mercado
¿Debemos, entonces, dejar a los campesinos y pequeños productores a su suerte? ¿No les tendemos una mano solidaria que los defienda de la “mano invisible” e insensible del mercado?
Si el gobierno quisiera apoyar a los pequeños productores y a los hombres y mujeres del campo con un objetivo que trascienda la campaña permanente, hay mecanismos más sanos y coherentes que las visitas sorpresa.
Cuando el Banco Central ha querido dinamizar la economía o descomprimir la represa financiera, por ejemplo, ha liberado fondos del encaje legal para que los bancos los presten a los sectores productivos a tasas preferenciales y fijas por un tiempo.
¿Qué el dinero llegaría al segmento seleccionado con un costo más alto de intermediación? Sí, pero con riesgos mitigados, significativamente menos caro y mucho más asequible que los préstamos de la banca privada.
Pero, claro, si se canalizaran los fondos a través de la banca privada especializada en microcréditos, las visitas sorpresa carecerían de espectacularidad, no cumplirían su objetivo político, ni serían un instrumento de campaña permanente.
Melvin Peña
Melvin Peña