La historia anónima de los transformadores del poder

Desde sus inicios, la República Dominicana fue construida a partir de profundas convicciones patrióticas, encarnadas en personalidades con poca celebridad social e incluso condenadas en su tiempo.
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En el Altar de la Patria.

La historia de la humanidad es la historia de la consciencia humana. Y esta no solo se expresa en la historia de sus líderes connotados, sino también en la de hombres y mujeres anónimos para el público, pero imprescindibles para el desarrollo de esa consciencia.

Fui invitado por el Dr. Ramón Antonio Veras, cariñosamente don Negro, a comentar un libro que saldrá a la luz sobre uno de los tantos héroes anónimos de nuestra historia. Por razones éticas, no menciono su nombre esperando que sea el propio autor quien lo dé a conocer en su oportunidad. Este escrito nació de algunas de mis reflexiones.

Desde sus inicios, la República Dominicana fue construida a partir de profundas convicciones patrióticas, encarnadas en personalidades con poca celebridad social e incluso condenadas en su tiempo. Curiosamente una parte fundamental de nuestro liderazgo transformador ha sido principalmente un liderazgo de anónimos. Estos héroes desconocidos que honran los principios fundacionales de nuestra democracia no necesariamente alcanzaron preeminencia gubernamental ni liderazgo formal en la vida pública.

Desde nuestro origen republicano en febrero del 1844, nuestra historia ha sido el testimonio de “los que no tienen poder” no para alcanzarlo, sino para transformarlo. En efecto, muchos de nuestros grandes héroes no tenían poder político ni económico, pero sí la firmeza de sus principios y convicciones.

Nuestra democracia también ha sido construida desde el anonimato. Hemos tenido muchos Martin Luther King sin reconocimiento público ni premio Nobel de la Paz. Esa es la parte más bella de la historia del pueblo dominicano: grandes patriotas, grandes desconocidos.

Desde Juan Pablo Duarte, reconocido después de muerto en el 1876, hasta Orlando Martínez, aun no totalmente reivindicado; desde las hermanas Mirabal afortunadamente convertidas en mitos libertarios, hasta los “Panfleteros de Santiago”, cuyo coraje apenas se empieza a conocer; desde los jóvenes constitucionalistas en las trincheras del honor de abril del 1965, hasta las movilizaciones ciudadanas de nuestros días; desde los maestros de escuelas apartadas y los profesores universitarios con vocación transformadora, hasta los empleados y funcionarios públicos honestos; todos ellos junto a los dominicanos en el extranjero que mantienen con su trabajo a sus familias en la isla y apoyan con coraje la democracia, todos ellos representan la historia de los “sin poder” que buscaron y buscan la transformación cívica de los valores del poder.

Tenemos muchos héroes desconocidos y por conocer, que sin ellos no hubiese sido posible llegar a los niveles de libertad y democracia que hoy vivimos y no valoramos adecuadamente. Es cierto que nos falta mucho para celebrar nuestra institucionalidad democrática, pero el presente dejó atrás los días de oprobio que vivieron nuestros padres y abuelos. Hoy los retos son otros.

Afirma Viktor Frankl en su obra “El hombre en la búsqueda de sentido”, publicada en Alemania en 1956, que regularmente no podemos cambiar las situaciones externas, pero si podemos elegir como reaccionamos ante ellas. Mientras estemos en este mundo tienes un SENTIDO por el cual vivir... quien tiene un porqué para vivir puede soportar casi cualquier cosa. Y expresaba: “Las fuerzas más allá de tu control pueden quitarte todo lo que posees, excepto una cosa: tu libertad para elegir cómo responder a la situación.” Ante acontecimientos desgarradores, podemos llegar a pensar que ya no esperamos nada de la vida. Pero “es la vida la que espera de nosotros.” Porque “cuando ya no podemos cambiar una situación, tenemos el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.”

Precisamente, nuestros grandes héroes desconocidos de la generación que nos precedió y nos liberó de las atrocidades del trujillismo y el neotrujillismo es esencialmente una historia llena de sentidos. Honrarlos es hacer honor a nuestra historia y el honor nunca se pierde, tan solo lo perdemos de vista... lo ignoramos. El honor no se disipa, no se negocia, no se mitiga ni desvanece. El honor siempre está con nosotros, dormido en algunos casos, esperando que le prestemos atención, para dejar de pretender que no sabemos qué hacer con él. Mientras más bajo caemos más significado tiene y tendrá, mientras más le miras y reconoces más te pertenece y te fortalece.

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