La intensa vida de Lipe Collado
Su vida jamás volvería a ser la misma desde aquel día estelar. Nunca jamás. Eran las dos de una tarde bochornosa de abril de 1965, cuando Lipe, de 18 años de edad, estaba tirado en un sillón leyendo el libro El Americano Feo, de William Lederer y Eugene Budick. Ese sábado 24 Pepe Collado, su padre, se mecía lentamente en su mecedora contigua a la ventana, escuchando en la radio Tribuna Democrática y llenando un crucigrama. De repente, la atronadora voz de Peña Gómez retumba a través del micrófono, anunciando un golpe de Estado llevado a cabo por un grupo de militares contra el ilegítimo Triunvirato de dos, y llamando a la movilización popular a favor de estos.
En reacción a este llamado, Lipe Collado se paró de un brinco de ese mueble, y corrió al encuentro de las movilizaciones en la calle, a favor del retorno a la constitucionalidad; pero después nunca pudo detenerse: se entrenó e integró el comando constitucionalista Avanzada A, de San Carlos, y durante más de cuatro meses ¡luchó! a favor del retorno de Juan Bosch a la presidencia de la República y al orden constitucional trastocado, y contra la intervención militar norteamericana.
Ya en los estertores de la Revolución de 1965, Lipe Collado empieza su dilatada carrera periodística de 50 años de ejercicio. Es así como el Chino Ferreras lo hace reportero de guerra del bando Constitucionalista por el periódico Patria. Ese mismo año comienza a trabajar como reportero y redactor en Radio Mil Informando; en 1966, en Noti-Tiempo, de Radio Comercial; en 1967, en Radio Noticias, de Radio HIN, y en Reportero Universal, de Radio Universal; y en 1970, empezó a trabajar como redactor del diario El Sol (de todos estos medios fue fundador). Así, tiempo después, fue contratado como corresponsal de la agencia extranjera de noticias CIMPEC. También fue un ávido articulista desde inicios del ejercicio, cuando diariamente publicaba su tradicional columna Del Diario Vivir, en El Sol. Después, dos veces a la semana, en La Noticia y más adelante, una vez a la semana, en el desaparecido Clave Digital y, hasta su último aliento, en Acento. Asimismo, publicó la columna A Ciencia Cierta, en el periódico Hoy, dos veces a la semana.
Hilvanó a su intenso ejercicio periodístico (llegó a tener hasta siete trabajos a la vez) sus inquietudes por las reivindicaciones de los periodistas, por el ejercicio ético del periodismo y el afianzamiento de la libertad de expresión y difusión del pensamiento. Así, fundó, junto a otros periodistas de avanzada, el primer Sindicato Nacional de Periodistas Profesionales (SNPP), que luego se transformará en el Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), de cuya Comisión Organizadora Lipe fue miembro, y del CDP, vicepresidente en dos ocasiones y tesorero, en una, y de los propulsores de la Ley de Colegiación. También fundó la Unión de Escritores Dominicanos (UED), de la que fue su primer presidente y luego vocal; la Asociación de Corresponsales de Prensa Extranjera, en la que fungió como vicepresidente, entre otras entidades de igual relevancia.
Y ahí no queda la intensa vida del inquieto Lipe Collado: en 1973, a sus 26 años de edad, ingresa al Departamento de Comunicación Social, de la Facultad de Humanidades de la UASD, donde en lo adelante se desempeñó como profesor de todos los niveles de las materias Redacción, Introducción a la Ciencia de la Comunicación, Técnicas de la Entrevista, Administración de Periódico y Técnicas para Escribir Artículos. También fue coordinador de la Cátedra de Comunicación y de Prácticas Integradas de Pasantías de Comunicación. Como en la UASD, Lipe Collado impartió docencia en la Universidad Central del Este (UCE), de la que fue uno de sus fundadores, en el Instituto Dominicano de Periodismo (IDP) y otras instituciones docentes nacionales e internacionales.
Si intensa fue su vida en los ámbitos profesionales y académicos, más lo fue en la carrera de escritor, durante la cual incursionó en los géneros didáctica, ensayo, cuento y novela. Su primera publicación fue en 1970, de su cuento Romualdo, en el suplemento cultural de El Nacional; en 1975, 1976, 1977 y 1978, los libros El Retorno del General, Cuentos de Guerra y Cuentos de Paz, Curso de Periodismo y La Nueva Narrativa Dominicana, respectivamente; en la década de los ochentas, Los Acorralados, Introducción a la Ciencia de la Comunicación, entre otros. Y así siguió esta ardua carrera a la que se dedicó a tiempo completo, hasta publicar treinta y seis obras, que incluyen los best sellers El Tíguere Dominicano (1992), El Foro Público en la Era Trujillo (2000), La Impresionante Vida de un Seductor, Porfirio Rubirosa (2001) Anécdotas y Crueldades de Trujillo (2002) y La Batalla del Hotel Matum (2011). Y hay que decir que Lipe fue pionero como autor dominicano de libros de texto de periodismo y comunicación social, por los cuales sucesivas generaciones de periodistas (y no periodistas) aprendieron de forma didascálica distintas formas de periodismo; así como al auscultar al dominicano en distintos ensayos, entre los que destaca El Tíguere Dominicano.
Ya lo dije, su vida jamás volvería a ser la misma desde que se paró de aquel mueble de su casa, la número 80 de la Delmonte y Tejada, de San Carlos, al escuchar a Peña en Tribuna Democrática. Corrió, corrió y corrió. Vivió intensamente y, algunas veces, a exceso de velocidad. “Incansable como Alka Seltzer en un vaso de agua”, solía decir ante su sorprendente hiperactividad. Hasta que llegó el día, y el poema que viciosamente declamaba, Los Heraldos Negros, llegó a su vida. “Hay golpes en la vida, tan fuertes... ¡Yo no sé! Golpes como del odio de Dios”, escribió el quejumbroso César Vallejo.
Nuevo término de catalogación 20104
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