La Mesopotamia: mandatos divinos, codicia imperial (4)

Antes de que los primeros hebreos llegaran a las tierras de Canaán, con Abraham a la cabeza, se escenificaron allí innúmeras guerras fratricidas por el control de ese territorio y de otros ubicados fuera de la zona, pero que formaban y siguen siendo parte de la península Arábiga, donde se encuentran las mayores reservas petroleras del planeta.
Las tribus y civilizaciones antiguas, entre ellas las hicsos, los hititas, hurritas, filisteos, egipcios y cananeos llevaron a cabo campañas bélicas para ocupar esos lugares; otras civilizaciones más lejanas incursionaron allí, pero fue en el año 3,000 a. e. C que se le comienza a denominar Canaán debido a que sus pobladores semitas pertenecía a las tribus cananeas.
Otra tribu cananea muy conocida que habitó la región fue la de los Jebuseos, que fundó una ciudad con su mismo nombre, aunque luego le fue cambiado por Ur-Salem (Jerusalén), que significa “ciudad de la paz”, aunque la expresión parezca un eufemismo.
Abraham es el primer hebreo en dejar Ur de Caldea, su ciudad natal, para cruzar del otro lado del río Eufrates, establecerse en Canaán, la tierra prometida, y allí, bajo la creencia en un solo Dios (Yavé), iniciar una prédica que llevaría a sus descendientes, Isaac, Ismael, Jacob y Moisés a expandirla más allá de sus dominios.
Una vez ubicado en aquel país del mundo antiguo que por indicación divina se le ordenó ocupar, los hebreos pasan a denominarse “Israelitas”, que es el gentilicio que deriva de Israel, nombre adoptado por Jacob por mandato divino.
Asentarse en la región de Canaán no fue una tarea fácil para los primeros hebreos que siguieron al patriarca Abraham. El Antiguo Testamento habla de que ya habían otras tribus afincadas, pero en ese lugar fue donde permanecieron hasta la ocurrencia de una sequía en la zona, que los obligó a emigrar hacia Egipto. Regresaron de los territorios griegos en el año 1,400 a. e. C, aproximadamente, que es cuando emprenden la conquista de la tierra prometida, que una vez en su poder la dividieron en las 12 tribus hebreas.
De acuerdo con las tradiciones verbales y escritas de los hebreos, los doce hijos de Israel (antes Jacob) constituyeron las tribus descendientes de los primeros patriarcas: Rubén, Simeón, Leví, Judá, Dan Neftalí, Gad, Aser, Isacar, Zabulón, José y Benjamín. Ellas conformaron, a su vez, dos reinados, el de Israel y Judá.
Desde aquellos años antes de nuestra Era, la península Arábiga, la más grande del mundo con 3, 237, 500 km² , ha sido un punto convulso del planeta que, a casa paso, allí hay amenazas con desatar una guerra de grandes proporciones. Y fue en ese lugar que se distribuyeron las tribus.
Los países que la componen, Arabia Saudita, Siria, Irak (estas dos naciones exceden la península) Yemen, Qatar, Omán, Kuwait, Jordania, Emiratos Arabes Unidos y Bahrein, han participado en la cadena de guerras sucesivas desde la antigüedad, convirtiendo la zona en un barril de pólvora
Otras naciones cercanas como Irán, Egipto, Israel, El Líbano, Turquía, y Afganistán se han visto involucradas en este conflicto regional que ha trascendido las fronteras de la península, poniendo a prueba no solo la capacidad de diálogo político de los países que ejercen su hegemonía en el mundo, sino su potencial militar, y puesto en evidencia el punto de vista contradictorio que, en materia de política exterior, se advierte en el abordaje de los problemas y sus soluciones.
En términos bíblicos y de otros textos sagrados arribamos a la certeza sobre la existencia de Adán, Noé, Abraham, Isaac, Ismael, Jacob, Moisés y sus descendientes. Posterior a ellos, la Humanidad fue testigo del acontecimiento más trascendental ocurrido en el mundo: el nacimiento de Jesucristo, hecho que provocó un impacto tan extraordinario que fue capaz de dividir la Historia en antes y después.
De origen judío, y señalado como el Mesías que habían anunciado los profetas que le precedieron, Jesús estremeció los simientes de los poderes políticos del imperio romano, sacudió las demás creencias religiosas que se conocían para la época y dio un ejemplo perenne de sacrificio, entrega, perdón y amor tan profundo que impactó hasta aquellos que le acusaron, enjuiciaron y le dieron muerte.
Tras su muerte física, se propagó su mensaje al extremo de que 21 siglos después, 2 mil millones de personas se consideran cristianas, refugiadas en 21 mil denominaciones, que en la medida que se ha ido extendiendo por el planeta, el cristianismo se ha convertido en una expresión religiosa multicultural, sustentado por La Biblia.
Aparte de la religión fundada por Jesús, los islamitas y los propios judíos le reconocen su grandeza espiritual, aunque los musulmanes no le conceden la categoría de deidad que los seguidores de Cristo le profesan, pues para los islamitas ni siquiera Mahoma tiene esa condición, pues al nacido en La Meca (Makka), Arabia Saudí, lo consideran el último de los profetas.
Antes del nacimiento del islam, Arabia y lo que es hoy Yemen estaban poblados de tribus nómadas que se peleaban entre sí. Los beduinos y la idolatría eran un sello distintivo en el desierto arábigo, punto del globo que se convirtió entonces en “un cruce entre civilizaciones”.
Malek Chebel, antropólogo y escritor y experto del tema, en su libro “El islam, historia y modernidad”, ubica esas civilizaciones así: “al norte, los bizantinos; al este, los sasánidas; al oeste, apenas aislada por el tumultuoso canal del mar Rojo, otra tierra cristiana y judeo-cristiana, etíope al sur de la península, copta y faraónica al norte.“ Además de las ‘Gentes del Libro’ (ahl al-Ktab, literalmente, los Adeptos de las religiones del Libro”, o sea, los monoteístas), es decir, judíos y cristianos, expresión frecuentemente reiterada en el Corán; en Arabia y en sus márgenes, no solo había paganos, sino locos y aventureros en busca de fortuna. Cuantiosos bandoleros, que no temían ni a Dios ni al Diablo, causaban estragos en la región y ponían en peligro fortunas enteras, simbolizadas en aquel entonces por la procesión de caravanas que surcaban la península y unían dos mundos: el océano Indico al sur, y el Mediterráneo al norte”.
El nacimiento del fundador del islamismo ocurrido en el año 570 d. e. C, se produce en el contexto descrito por Chebel, en el seno de una familia perteneciente a una tribu muy pobre (Quraysh).
Mahoma fue acogido a la temprana edad de seis años por un tío después de la muerte de su padre, y su existencia y trayectoria espiritual se registra como otro gran suceso histórico, pues termina siendo el profeta de los musulmanes, la tercera religión con más seguidores y la de mayor crecimiento, pues en segundo lugar están los no religiosos, que representan un 20,5 por ciento de la población mundial. Con el tiempo, casi toda la península Arábiga se convirtió al islam, que es una cultura de vida, más que una religión.
Rafael Núñez
Rafael Núñez